Filosofía y educación

La vida ética y el desarrollo de la
 persona según Romano Guardini*

por Alfonso López Quintás

La preocupación por las cuestiones éticas atraviesa toda la vida y la obra de Guardini. Desde sus primeros escritos breves para la Asociación juvenil Juventus (en Maguncia) y el Movimiento de juventud (en el castillo de Rothenfels) hasta sus últimas lecciones universitarias en Munich[2], Guardini puso sus mejores dotes al servicio de la formación ética de los jóvenes.

Ese empeño granó en obras tan luminosas y fecundas como las Cartas sobre  la formación de sí mismo (1925), Cartas del lago de Como (1927), El bien, la conciencia y el recogimiento (1929), Voluntad y Verdad. Ejercicios Espirituales (1933), Sobre el sentido de la melancolía (1935), Las etapas de la vida (1953), La aceptación de sí mismo (1953), El encuentro (1956), Virtudes. Meditaciones sobre formas de vida cristiana (1963).

En la madurez de sus 65 años y desde la atalaya de la prestigiosa universidad muniquesa, Guardini se propuso asumir cuanto había pensado y publicado sobre los grandes temas de la Ética y ofrecerlo a los estudiantes de modo sistemático. “Siempre me he sentido estrechamente unido a mis oyentes universitarios. Pero en este curso sobre Ética lo he experimentado con especial viveza pues para mí significa una especie de síntesis de todo mi trabajo” [3] .

Sabemos que Guardini concebía sus obras de modo “concéntrico”, insistiendo sobre los mismos temas desde perspectivas distintas y complementarias. La idea nuclear de esta Ética procede de los años de Bonn (1920-1922), período de gestación de las conferencias sobre El sentido de la Iglesia, y fue desarrollada a lo largo de la fecunda estancia en Berlín (1923-1943). La exposición concreta y pormenorizada fue realizada en clases universitarias dadas en Tubinga (1945-1948) y en Munich (sobre todo, desde 1950 a 1962).

Por sus notas de Diario conocemos el empeño que puso Guardini en esta investigación ética. Constantemente alude a las clases en que iba exponiendo sus resultados: destaca la afluencia de un público numeroso y atento, las dificultades que le planteaba la Segunda Parte de la obra -consagrada al estudio del tema: “Ética y Revelación (el ethos cristiano)”-, la ansiedad que le producía ver que pasaban los años y se agravaban las enfermedades sin que el manuscrito estuviera terminado.

El 10 de Junio de 1953 escribe: “Las clases de ética siguen estando tan frecuentadas como siempre. Estamos en la sexta, y siempre hay más de 650 oyentes, a juzgar por las sillas que hay y la gente que está de pie” [4] .

El 11 de Octubre de 1953 hace esta confesión: “Para toda la Ética, que ya va por el séptimo Semestre, no he abierto un solo libro. No podría hacerlo. Me haría errar el camino y plantearme cuestiones distintas. Ahora intento, como última parte del conjunto, diseñar la ética de la existencia cristiana. La articulación se me aclara cada día más. (…) La moralidad cristiana consiste en ser llamados por Dios y colaborar con Su actividad” [5]

Siete días después anota lo siguiente: “Ayer terminé la configuración -más bien un esbozo, pues son 30 páginas de taquigrafía- de la clase de ética para el semestre de invierno. Si me alcanza el tiempo, trabajo ahora de nuevo todo el conjunto y ordeno mejor los pormenores. Debo procurar que resalte lo ´ético´, o mejor dicho: la tarea a realizar, las exigencias. También me preocupa ver cómo se armoniza con lo anterior la última parte acerca de la moralidad propiamente cristiana” [6] . “Si sale bien esta última parte de mis lecciones de ética, tenemos un esbozo de una auténtica moral cristiana, no deducida de conceptos o mandamientos sino inspirada en el acontecimiento concreto de la salvación” [7] .

El método

El estilo guardiniano de pensar y de expresarse es concreto, holista, contrastado, fenomenológico y existencial.

1. Guardini se mueve en la línea de los autores del período de entreguerras que se consagran al análisis de las realidades concretas, por cuanto es en el plano de la vida concreta y no en el de los conceptos abstractos donde se da la creatividad y la plenitud. “Atengámonos no a los conceptos generales sino a la realidad” [8] . Si queremos comprender a fondo el alcance del ser humano, debemos verlo no cuando se encuentra a solas sino cuando logra crear una relación auténtica de encuentro [9] .

2. Al prestar atención a las realidades concretas, Guardini no pierde de vista el conjunto en el que se hallan engarzadas. Más bien al contrario; lo capta de modo vibrante, pues cada realidad se halla entretejida vitalmente con el todo. “Si alguien dijera: quisiera adelantar en la vida moral, ¿por dónde he de empezar?,  podríamos contestarle: por donde quieras. Puedes empezar por un defecto del que te has dado cuenta en tu vida profesional. Puedes hacerlo en lo tocante a las exigencias de la comunidad, de la familia, de la amistad, dondequiera que hayas notado un fallo. O has percibido dónde te apremia una pasión y tratas de acabar con ella. En el fondo, se trata sólo de que tengas intención honrada y te pongas a ello decididamente por cualquier sitio: entonces lo uno influirá en lo otro. Pues la vida humana es una totalidad: si el hombre se aplica a un punto con decisión, esto despierta su conciencia y acrecienta su fuerza moral también en otros, del mismo modo que un defecto en un aspecto de la vida influye en toda ella” [10] .

3. Para hacer justicia a lo real concreto, inserto en totalidades llenas de sentido, Guardini se esfuerza por captar los aspectos de lo real que parecen oponerse pero, en realidad, se contrastan y complementan. Desde muy joven se preocupó del tema de los contrastes porque la vida espiritual está llena de tensiones internas, que vienen expresadas por diferentes esquemas: libertad-norma, contenido-forma, inmanencia-trascendencia, palabra-silencio, independencia-solidaridad… [11] .

4. En la línea abierta por la Fenomenología de Edmund Husserl y sobre todo por la de Max Scheler, Guardini parte de la contemplación directa de las realidades, tal como se nos “aparecen” cuando accedemos a ellas sin prejuicios. Por eso dice que parte del “fenómeno” [12] , de lo que se nos muestra de modo inmediato. “…Vamos a partir del fenómeno mismo tal como lo encontramos en nosotros y en nuestro alrededor, vamos a partir de la experiencia ética. Por tanto, yo voy a procurar no decir nada que cada uno no pueda comprobar directamente. Y si lo que yo diga es acertado, tendremos que reconocernos a nosotros mismos en ello”. Eso que se nos aparece “no es pura apariencia, sino que es manifestación de algo real. En el fenómeno se pone de manifiesto la esencia del ser en cuestión, de forma que quien ve el fenómeno y lo entiende ve y entiende la esencia del ser correspondiente”. “Con el término fenómeno se quiere decir también que lo que se nos ofrece tiene carácter de imagen (Bild). Lo que a mí se me muestra no es un montón de detalles, sino un tejido en el que cada elemento está condicionado por los demás; cada uno sustenta al otro, cada individuo está dentro de un todo, y el todo, a su vez, se manifiesta en cada individuo. Por eso el primer acto de la captación del fenómeno, que sustenta todos los siguientes (el examen crítico, la comparación, la penetración conceptual), es mirar y ver” [13] .

5. Guardini descubrió tempranamente que las realidades de gran calidad -obras de arte y de literatura, el encuentro humano, los valores, la vida espiritual…-, sólo pueden conocerse cuando se adopta ante ellas una actitud de amor, de reconocimiento y compromiso personal. “Pensamiento existencial quiere decir que el sujeto cognoscente adquiere clara conciencia del sentido del objeto en la medida en que lo toma ´en serio´. Y viceversa, la afirmación que hace le revela su sentido en la medida en que la deja entrar en su vida y permite que determine su mentalidad, su conducta, su acción” [14] .

Por eso Guardini adoptó decididamente una actitud “existencial” y se adhirió a la corriente del “pensamiento existencial”. M. Heidegger, K. Jaspers y G. Marcel destacaron la importancia en la vida humana de una serie de realidades que son superiores a los meros objetos y exigen para ser conocidas que el hombre establezca con ellas una relación de compromiso personal. Esta relación implica un modo de cercanía y otro de distancia. Al estar cerca a cierta distancia se obtiene un modo de presencia o encuentro [15] . “…Yo únicamente soy capaz de comprender algo cuando, respecto al objeto en cuestión, logro establecer una relación y un distanciamiento (…)” [16] . Al vincular la cercanía y la distancia, se crea un campo de juego entre nosotros y la realidad que queremos conocer. Ese campo de juego es un lugar de iluminación: en él se alumbra el sentido de la realidad conocida.  Ello no significa una posición relativista o subjetivista; es una actitud relacional [17] . “Si ´existencia´ significa algo, es ante todo unidad, el hecho de que todo lo que un hombre es y puede y tiene implica una constante interpretación mutua de uno mismo y del mundo en cada instante del encuentro (…)” [18] .

Inspirado en este estilo relacional de pensar, Guardini afirma que la experiencia ética de la que debemos partir para elaborar una Ética es una experiencia real, y ésta “sólo nace de una verdadera vida ética”. “Tiene uno que habérsela tomado en serio. Haber vivido una cantidad suficiente de esfuerzos, luchas, conflictos y superaciones para hablar con cierta autoridad” [19] .

El sentido profundo de la Ética

Guardini sintió siempre una viva preocupación por el hombre  y por la crisis espiritual que está sufriendo. Su fina sensibilidad para distinguir lo noble y lo plebeyo, lo magnánimo y lo ruin, lo justo y lo injusto, lo que construye la persona-lidad humana y lo que la destruye ponía su ánimo en disposición de valorar muy alto los rasgos positivos que presenta la figura del hombre en cada momento y  sentirse abatido al advertir que, en ciertos casos, no se vive una auténtica “vida en el espíritu”.

En la Edad moderna se cultivó ardorosamente la vida “cultural”, pero a menudo ésta consistió en “soñar con el espíritu”, no en vivir una vida espiritual verdadera, como bien destacó un espíritu congenial: Ferdinand Ebner [20] . Al hacer quiebra, en la Primera Guerra Mundial, el ideal que había impulsado esa forma de vida, se atribuyó pricipitadamente al espíritu la culpa de la hecatombe y se pensó que la superación de los conflictos entre los hombres sólo podía provenir de una renuncia a la vida espiritual y un descenso a niveles de realidad infrapersonales, infracreadores, infrarresponsables. De ahí procede la tendencia a situar la vida humana en niveles instintivos, infrarracionales. “El hombre moderno quiere librarse de su persona, porque ésta lo carga de responsabilidad (…). Quiere librarse de su alma porque le causa dolor; por eso sacrifica su mundo privado y se entrega a la vida pública” [21] .

Frente a esta nostalgia por el mundo infrahumano, Guardini subraya incesantemente que el hombre sólo puede desarrollar su personalidad y adquirir plenitud y felicidad por vía de elevación. De ahí que todo su empeño haya radicado en enriquecer la vida humana por todos los medios y otorgarle su sentido cabal. Para lograrlo, se preocupa menos de recordar prohibiciones que de mostrar la fecundidad de lo valioso. En la presentación de su libro sobre las virtudes escribe: “La doctrina moral se ha vuelto excesivamente doctrina de lo prohibido; estas consideraciones quieren hacer justicia a la soberanía viva, la grandeza y belleza del bien. Con demasiada frecuencia se ve la norma ética como algo que se impone desde fuera a un hombre rebelde; aquí el bien ha de entenderse como aquello cuya realización es lo que de veras hace al hombre ser hombre. El joven Glaucón, ante las palabras de su maestro, se sintió poseido de un éxtasis de veneración: este libro lograría su propósito si el lector percibiera que el conocimiento del bien es motivo de alegría” [22] .

Guardini está convencido de que lo decisivo es que el hombre tenga una idea cabal de su realidad personal, de lo que es, de dónde viene y a qué está llamada. “En la Ética trato de interpretar la existencia humana a la luz de la obligación moral que gravita sobre ella y de la dignidad que esa obligación le otorga” [23] .

Analizada dicha obligación hasta el fondo, en sus últimas implicaciones, se descubre que el hombre se realiza plenamente cuando asienta su vida en valores incondicionados: la verdad y el bien. Todavía impresionado por el caos que provocó, durante los terribles “doce años” de mandato nacionalsocialista, la pretensión de dictar al hombre la conducta que ha de seguir, Guardini escribe: “Hemos recibido una amarga lección sobre lo que ocurre cuando la autoridad asume aquello que es cosa de la libertad. Pero su filosofía (la de Platón) ha aclarado para siempre una idea; más allá de la confusión mental que provoca la Sofística ha mostrado que hay algo incondicio-nalmente válido, que puede ser conocido; y, por tanto, existe la verdad; y todo eso válido se ensambla en la soberanía de lo que llamamos ´el bien´, y este bien puede realizarse en la vida del hombre, según las posibilidades de cada caso. Ha mostrado que el bien se identifica con lo divino, pero su realización lleva al hombre al logro de su propia condición humana, al hacer surgir la virtud, que significa vida perfecta, libertad y belleza. Todo esto tiene validez para siempre, incluso para el día de hoy” [24] .

Guardini mostró en todo momento suma preocupación por anclar el pensamiento y la conducta en lo que es incondicionalmente “válido” (gültig). Por eso, aun subrayando enérgicamente la importancia que tiene el ejercicio de la libertad y la iniciativa humanas, destaca incesantemente la necesidad en que se halla el hombre de atenerse a las verdades “objetivas”, entendiendo este término en sentido de “reales”, “independientes del arbitrio humano”, “fecundas para la vida del hombre”. La gran tarea del filósofo auténtico es “mantener lo incondicionado en medio de los condicionamientos de la vida, y conservar lo eternamente válido en medio de lo que fluye y se transforma” [25] .

La seriedad del filósofo es “más necesaria que nunca” cuando el hombre corre riesgo de adoptar el espíritu “positivista” y perder la pasión por distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto; y descuidar la verdad objetiva por creer que sólo es importante el “ser auténticos subjetivamente”. “El filósofo es responsable de que se mantenga la recta ordenación del pensamiento y de la vida. Para ello tiene que hacer  distinciones, clarificar las ambigüedades, mantener la oposición que se da entre las realidades que son inconciliables. Cuando se halle en juego el núcleo de la existencia, ha de adquirir la firmeza que es simultáneamente verdad, fidelidad y valentía. Tener carácter en el filosofar: es ésta una de las cualidades más raras en el clima actual de reblandecimiento de todo lo válido, en el que se forma un espacio vacío propicio a toda forma de violencia” [26] .

Esta voluntad de fundamentar debidamente el pensamiento y la vida, lleva a Guardini a afinar al máximo la sensibilidad para penetrar en el modo de ser de ciertas realidades sutiles -la verdad, el derecho, la belleza…- que “están ahí” como algo “poderoso y fuerte”, pero de modo distinto a las realidades tangibles del mundo sensorial. Para caracterizar más de cerca estas realidades “inobjetivas”, advierte que no son “cosas (Sachen) reales, masa o fuerza, pero sí objetividades (Gegenständlich-keiten) que están presentes al hombre y no pueden ser desplazadas del ámbito de lo dado a éste. No se trata de cosas reales (wirkliche Dinge), sino de ideas (tipos esenciales, normas, valores), no accesibles a la mano (…), pero innegablemente presentes al juicio y a la decisión de la voluntad. Es decir, la cosa es, la idea vale. La cosa, la fuerza, tiene una realidad masiva; la idea tiene fuerza de validez (Gültigkeit)” [27] .

Para Guardini, “lo válido” (das Gültige) no es algo meramente subjetivo, sino que traduce la “necesariedad propia de la esencia metafísica”. Lo “valioso” (das Geltende) no es impuesto por el sujeto, sino descubierto. Esta caracterización necesita ser mucho más precisada, pero fue suficiente para Guardini en su día, porque destaca claramente la necesidad que tiene el hombre de nutrir su vida con realidades de condición y rango  muy distintos [28] .

El afán de otorgar a la ética una base inquebrantable es tan fuerte en Guardini que no se aquieta hasta que logra orientar la vida a la luz de la palabra revelada. La vida del hombre cobra todo su valor y su alcance cuando se la ve como una realidad que procede del Creador y está llamada a elevarse hacia Él. En el 75 “Día de los católicos alemanes”, celebrado en Berlín en 1952, Guardini pronunció una conferencia que condensa -según propio testimonio- todo su pensamiento: Sólo quien conoce a Dios conoce al hombre [29] . El hombre es un ser llamado por Dios a la existencia, y su vida cobra sentido al responder adecuadamente a esa llamada [30] .

De modo coherente con esta condición del hombre, Guardini añadió como Epílogo a sus meditaciones sobre las virtudes un capítulo titulado “La justicia ante Dios”, que pone lo dicho en el libro a una nueva luz. Por eso Guardini recomienda al lector que, una vez que termine de leer el libro, vuelva a reflexionar sobre él desde la perspectiva abierta en el Epílogo.

Este nexo entre ética natural y palabra revelada llevó a Guardini a dividir su gran libro de Ética en dos Partes y consagrarlas a cada uno de esos temas. Consta por su Diario que la Segunda Parte le costó gran esfuerzo, y, de hecho, en alguna medida está a medio gestar. Pero no por ello es menor su poder sugerente. El mismo se preguntó “qué dirán los oyentes cuando intente deducir el deber del sentido genuino de la Revelación” [31] . Pero no se arredra ante el riesgo de ser malentendido, porque está persuadido de que en la Escritura se nos revela el modo de elevar la vida humana a cotas de realización insospechadas a la luz de la mera razón. “Querer sólamente lo que es justo ´también lo hacen los paganos´(Mt. 5, 47). Esto es sólo ´ética´ . Tú has sido llamado por el Dios vivo. A El no le basta la ética, porque ésta no le da lo que le corresponde, y el hombre no llega por ella a ser lo que debe ser. Dios es el Santo. ´El Bien´ es uno de los nombres de Aquél cuya esencia es inefable. El no exige sólo obediencia respecto al ´Bien´, sino que te sientas vinculado a El, el Dios vivo; que te atrevas a ello por amor y con el nuevo tipo de existencia que surge del amor. De esto se trata en el Nuevo Testamento, y sólo cuando se lo consigue, se hace posible la plenitud de lo ´ético´ “ [32] . No se trata sólamente de unos principios de una moral superior, reconocidos universalmente desde los tiempos de Jesús. “En realidad, son una invitación a engendrar una vida nueva”. “En la medida en que el hombre realiza lo que supera toda ética, surge también un nuevo ethos. En él queda cumplido y superado a la vez el Antiguo Testamento” [33] .

En todas sus predicaciones y  escritos, Guardini habló siempre del hombre a la luz de cuanto la Revelación nos enseña sobre su ser más profundo. Y, a juzgar por la reacción del público, pensó en su madurez que “nuestro tiempo, a pesar de todo su escepticismo, anhela una interpretación de la vida cotidiana a partir de lo eterno” [34] .

El sentido de algunos términos decisivos

1. La “Gestalt”: la forma, la figura, la estructura, el conjunto articulado de un ser que aúna en sí la unidad y la multiplicidad, la distinción y la semejanza... El término alemán “Gestalt” se utiliza profusamente en Psicología, Fenomenología y Filosofía en general. Es un término técnico que presenta diversos sentidos. Ningún vocablo español, italiano o francés tiene la amplitud suficiente para indicarlos todos. Según el contexto, habrá que utilizar los términos forma, figura, estructura, totalidad… De ordinario, suele traducirse “Gestalt” por figura, pero este vocablo no expresa en ciertas frases el sentido que presenta aquél. Es, por ello, muy importante que el lector se haga una idea clara de lo que se intenta expresar con el término “Gestalt”. Decimos que estamos ante una “Gestalt” cuando se unen diversos elementos y se obtiene una realidad que tiene una forma interior que le da consistencia y presenta, por ello, una figura externa que permite reconocerla frente a otras realidades.

Erro! Indicador não definido. Un músico lee una partitura para captar una melodía. Esta consta de diversas notas; el músico las percibe todas pero no una a una, aisladas, sino formando parte de un conjunto dotado de sentido. Este conjunto es una “Gestalt”.

Te digo una broma y te ries. La sonrisa está constituida por diversos elementos de tu cara que se configuran de tal modo que expresan el agrado que te produjo mi ocurrencia. La sonrisa no es una cualidad propia de cada una de esos elementos; es la expresión propia del conjunto que forman, de la figura que componen. Por eso dice Saint Exupéry que “los intelectuales desmontan la cara y pierden de vista la sonrisa”; es decir: si queremos descomponer la sonrisa en partes, la diluimos. La sonrisa constituye un conjunto lleno de sentido: una “Gestalt”.

Leamos, a esta luz, el siguiente texto de Guardini, escrito para explicar lo que entiende por “fenómeno”, es decir, lo que se nos presenta en la vida como algo real y dotado de sentido: “Tengo ante mí un árbol, con su figura (“Gestalt”) tal como se estructura (“aufbaut”) en el espacio: raíces, tronco, ramas, hojas, flores, frutos. El conjunto de todo ello (“Das Ganze”) está configurado de tal modo que puedo captar en él un sentido global (“Sinnzusammenhang”) perfectamente comprensible: ese tipo peculiar de vida que se llama ´planta´, a diferencia del animal; ´árbol´, a diferencia de la hierba; ´haya´ a diferencia del abeto, etc. La figura del árbol (“Baumgestalt”) tiene además una forma (“Form”) temporal: puedo conocer el árbol como simiente, como retoño, como árbol joven, como plenamente desarrollado, como decrépito o como muerto. Puedo verlo en invierno, sin hojas, como fosilizado; luego en primavera, en estado de florecimiento; en la plena foliación del verano; en otoño, cuando las bellotas están maduras. Estas fases forman (“bilden”) una figura temporal (“Zeitgestalt”) del árbol y me ponen ante los ojos su desarrollo”. “Con el concepto de fenómeno se indica además que lo que se nos manifiesta tiene carácter de imagen (“Bild”) [35] .

De modo semejante y en un nivel de vida superior, cada una de las etapas de la vida -niñez, adolescencia, juventud, madurez, vejez- constituye para Guardini una forma de vida (“Lebensgestalt”) peculiar, con características y posibilidades propias [36] .

La expresión “Sinngestalt” es traducida literalmente en la Ética por “figura de significado”. Quizá estaría más claro para el lector si se dijera “conjunto de sentido”, o sencillamente “sentido”. En vez de decir: “Capto la evidencia intrínseca de la figura de significado presente en lo existente”, podría escribirse: “Capto la evidencia intrínseca del sentido de cada realidad” [37] .

El concepto de “Gestalt” juega un papel destacado en el pensamiento de Guardini. Indica una realidad concreta, con todo lo que abarca: sus contrastes y sus tensiones, su fecundidad y sus riesgos, su estructura y su flexibilidad interior. Cada “Gestalt” forma un conjunto de sentido, que debe ser distinguido de los otros, pero no escindido, sino más bien ensamblado con ellos, para formar nuevas “Gestalten” o realidades complejas dotadas de un sentido peculiar. Un tema musical es una “Gestalt”, tiene una forma propia, pero está llamado a vincularse activamente con otros para dar lugar a formas (“Gestalten”) nuevas y, en definitiva, a la forma total que constituye la obra entera. Una familia es una “Gestalt”, tiene su vida propia, pero esta vida pide de por sí conectarse activamente con otras “Gestalten” -entidades dotadas de sentido propio-, para formar el conjunto de “Gestalten” o estructuras vitales que llamamos “sociedad”. Tener finura de espíritu para captar el sentido propio de las “Gestalten”, de las formas que surgen por el ensamblamiento de diversas realidades de menor en-vergadura, constituye la quintaesencia de lo que Pascal entendió por “esprit de finesse”.

2. Las “figuras de valor” (Wertfiguren). Para indicar, por ejemplo, que cada etapa de la vida humana presenta una trama de valores propios, Guardini indica que ostenta una “figura axiológica” específica, una “figura de valor” peculiar. En las “figuras de valor” aparecen determinados valores en los que predominan ciertas cualidades y forman, por tanto, grupos característicos. Esos valores determinan las posibilidades morales y las tareas de cada fase de la vida [38] . “Figura de valor” indica una trama de valores mutuamente relacionados. Esta expresión es, pues, afín a la de Gestalt. Guardini mismo afirma que “las formas de vida (“Lebensgestalten”) constituyen también figuras de valor (“Wertfiguren”) en el sentido en el que utilizaremos esta expresión en esta clase” [39] .

3. Guardini alude en algunas ocasiones a “los doce años”. Se refiere al período de mandato nacionalsocialista (1933-1945) que tanta devastación produjo en todo el mundo, sobre todo en Europa.

 

[1] Este artículo es parte del libro La verdadera imagen de Romano Guardini, publicado por Eunsa (Pamplona).

[2] Estas lecciones fueron editadas, póstumamente, en 1993, por Hans Mercker, con la colaboración de Martin Marschall, bajo el título Ethik. Vorlesungen an der Universität München (1950-1962), dos vols., editoriales Grünewald y Schöningh , Maguncia-Paderborn 1993, 21994.  Versión española: Ética lecciones en la universidad de Munich, BAC, Madrid 1999.

[3] Cf. Las etapas de la vida, Ediciones Palabra, Madrid 1997, p. 127; Die Lebensalter. Ihre ethische und pädagogische Bedeutung, M. Grünewald, Maguncia 71996, p. 79..

[4] Wahrheit des Denkens und Wahrheit des Tuns, Schöningh, Paderborn 1985, p. 36.

[5] O. cit., p. 62.

[6] O. cit., págs. 64-65.

[7] O. cit., p. 81.

[8] Sorge um den Menschen, Werkbund, Würzburg, 1962, p. 126. Versión española: Preocupación por el hombre, Cristiandad, Madrid 1965.

[9] Cf. Jean Wahl: Vers le concret, Vrin, París, 1932.

[10] Una ética para nuestro tiempo, Cristiandad, Madrid 1974, p. 33; Tugenden. Meditationen über Gestalten sittlichen Lebens, Grünewald, Maguncia 41987, p. 30.

[11] La teoría del “contraste” da “el ritmo y la medida” a toda la obra de Guardini, como él mismo indica en el trabajo que dedicó a esta decisiva cuestión: Der Gegensatz. Versuche einer Philosophie des Lebendig-Konkreten, Grünewald, Maguncia 1925, 31985, págs. 103-120; El contraste. Ensayo de una filosofía de lo viviente-concreto, BAC, Madrid 1996, págs. 137-150.

[12] Recuérdese que este término procede del griego phainesthai (aparecer).

[13] Cf. Ethik, págs. 289-290; Ética, págs. 218-219. Véase, asimismo: Religion und Offenbarung, Werkbund, Würzburg, 1958, págs. 19 ss; Religión y Revelación, Cristiandad, Madrid 1960, págs. 27 ss.

Es útil confrontar esta teoría de la contemplación de las esencias en los “fenómenos” con la que late en este bello párrafo del joven Xavier Zubiri: “El ejemplo es el instrumento esencial de la educación intelectual (…). El verdadero educador de la inteligencia es el que enseña a sus discípulos a ver el ´sentido´ de los hechos, la ´esencia´ de los acontecimientos. La intuición se tiene o no se tiene, no cabe refutarla ni reforzarla. En estas condiciones, la misión del maestro es colocar al discípulo en ´el punto de vista´ adecuado para que ´vea´ el objeto. La función discursiva será siempre secundaria lo mismo en pedagogía que en lógica. Los objetos del mundo real se ´perciben´ pero no se demuestran” (Cf. “Filosofía del ejemplo”, en Revista de Pedagogía, Madrid 5 (1926) 289, 293.

[14] Cf. La existencia del cristiano, BAC, Madrid 1997, p. 9; Die Existenz des Christen, Schöningh, Paderborn 1977, págs. 8-9.

[15] Sobre la fecundidad del pensamiento “existencial” -indebidamente confundido a veces con el  Existencialismo, denominación aplicable sólamente al pensamiento de J.P. Sartre- pueden verse mis obras Metodología de lo Suprasensible, Editora Nacional, Madrid 1963; El triángulo hermenéutico, Madrid 1975; Cinco grandes tareas de la filosofía actual, Madrid 1977. El “triángulo hermenéutico” está constituido por una forma de inmediatez que se contrasta con una forma de distancia para dar lugar a una forma de presencia.

[16] La existencia del cristiano, p. 7; Die existenz des Christen, p. 7.

[17] La existencia del cristiano, p. 9; Die Existenz des Christen, p. 8.

[18] Cf. Guardini: Stationen und Rückblicke, Werkbund, Würzburg 1965, p. 21.

[19] Cf. Ethik, p. 290; Ética, p. 218.

[20] Véase su obra básica: La palabra y las realidades espirituales, Caparrós, Madrid 1993, págs, 31, 64; Das Wort und die geistigen Realitäten (1921), Kösel, Munich 1963, págs. 31, 74. Una amplia exposición del pensamiento dialógico de Ebner se halla en mi obra El poder del diálogo y del encuentro, BAC, Madrid 1997.

[21] Wahrheit des Denkens…, p. 128.

[22] Cf. Una ética para nuestro tiempo, p. 12; Tugenden. Meditationen über Gestalten sittlichen Lebens, p. 10. Se refiere Guardini al diálogo sostenido por Glaucón y su maestro Sócrates en la República (509 b). Al manifestar Sócrates que, en el bien, la verdad suprema se identifica con lo divino, Glaucón exclamó entusiasmado: “¡Estás hablando de algo insuperablemente bello!”.

[23] Cf. Las etapas…, págs. 127-128; Die Lebensalter…, p. 79. En esta misma línea, Xavier Zubiri escribe: “En el fondo de toda moral lo importante no es el sistema de deberes que la sociedad determina; lo que importa es la idea que se tenga del hombre” (Cf. Sobre el hombre, Alianza Editorial, Madrid 1986, p. 425). Sobre el pensamiento ético de Zubiri, puede verse mi estudio “Fundamentación zubiriana de la ética”, en La cultura y el sentido de la vida, PPC, Madrid 1993, págs.129-154.

[24] Cf. Una ética para nuestro tiempo, p. 11; Tugenden, p. 9.

[25] Las etapas…, p. 131; Die Lebensalter…, p. 83.

[26] Las etapas…, p. 132; Die Lebensalter…, p. 84.

[27] Auf dem Wege. Versuche, M. Grünewald, Maguncia 1923, p. 69.

[28] El análisis de estos tipos de realidad es el tema de mis obras más amplias: Metodología de lo Suprasensible, Editora Nacional, Madrid 1963; El triángulo hermenéutico. Introducción a una teoría de los ámbitos, Madrid 1971; Cinco grandes tareas de la filosofía actual, Madrid 1977; Estética de la creatividad,  Rialp, Madrid 31998; Inteligencia creativa, BAC, Madrid 1999.

[29] Cf. Nur wer Gott kennt kennt den Menschen, Werkbund, Würzburg 1952. Reedición en 1965, con el título Den Menschen erkennt nur wer von Gott weiss, Grünewald-Schöningh, Maguncia-Paderborn. Edición española: Quien sabe de Dios conoce al hombre, PPC, Madrid 1995, publicada conjuntamente con El fin de la modernidad.

[30] Cf. Mundo y persona, Encuentro, Madrid 2000, págs. 123-124; (Welt und Person, Werkbund, Würzburg 1954, págs. 110-113). La existencia del cristiano, p. 179; (Die Existenz des Christen, p. 180).

[31] Cf. Wahrheit des Denkens…, p. 69.

[32] Cf. Der Herr. Betrachtungen über die Person und das Leben Jesu, Werkbund, Würzburg 1951, p. 92; El Señor, Rialp, Madrid 1963, p.148.

[33] Cf. Der Herr, págs. 92-93; El Señor, p. 149.

[34] Cf. Una ética para nuestro tiempo, p. 11; Tugenden, p. 9.

[35] Cf. Ethik, págs. 290-291; Ética, p. 225. Las cursivas y los paréntesis  son míos.

[36] Cf. Las etapas…, págs. 30-31; Die Lebensalter…, págs. 11-12.

[37] Cf. Ethik, p. 136; Ética, p. 114.

[38] Cf. Las etapas…, p. 31; Die Lebensalter…, p. 12.

[39] Se refiere a una clase de los cursos de Ética que están recogidos en el libro titulado Ética.

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