Filosofía y educación

Falsedades acerca de la Iglesia católica

Falsedades acerca de la Iglesia católica – Al fin y al cabo la manipulación genética no es tan mala…

Eleuterio, el 26.03.15 a las 12:01 AM

-Vamos a ver si encontramos algo de luz.

-Eso, eso, veamos…

Falsedades y mentiras contra la Iglesia católica

Es bien cierto que a la Iglesia católica y, por extensión, a los católicos, se le tiene, se nos tiene, por parte de muchos, una manía ciertamente enfermiza.

Si creen que exagero les pongo lo que suele decirse de la religión católica, de la fe católica y, en fin, de la Iglesia católica. Aquí traigo esto para que vean hasta qué punto puede llegar la preocupación por un tema que es, ciertamente, falso.

Se suele decir que:

La fe católica está manipulada por la jerarquía.

 

La fe católica no va con los tiempos.

 

La fe católica ve poco sus propios defectos.

 

La fe católica pretende adoctrinar al mundo.

 

La fe católica está alejada de la realidad.

 

La fe católica defiende siempre a los poderosos.

 

La fe católica quiere imponer sus principios.

 

La fe católica no sabe cómo van los tiempos.

 

La fe católica está anquilosada.

 

La Iglesia católica acumula riquezas inmensas.

 

La Iglesia católica busca el poder aunque sea de forma escondida.

 

La Iglesia católica no acepta cambios en sus doctrinas.

 

La Iglesia católica es gobernada por una jerarquía carca.

 

La Iglesia católica no comprende la política actual.

 

La Iglesia católica esconde sus propios defectos.

 

La Iglesia católica no actúa contra determinados delitos que ocurren en su seno.

 

La Iglesia católica tiene muchos privilegios (sociales, económicos, educativos…)

Y a esto, se podían añadir muchas cosas, muchas acusaciones que están en mente de cualquiera.

 

¿Qué les parece a ustedes?

Al fin y al cabo la manipulación genética no es tan mala…

El ser humano, desde que Dios insuflara su espíritu a un ser ya existente y viniera a ser, eso, humano, ha conseguido mucho del uso de su inteligencia. Gracias a tal don del Creador podemos decir que, muchos siglos después de aquello podemos llevar una existencia de donde, por ejemplo, se han erradicado muchas enfermedades. Y eso, no podemos negarlo, es muy buena cosa.

Sin embargo, como suele decirse, no todo el monte es orégano o, también, no es oro todo lo que reluce. Y es que el ser humano también es muy perverso y pretende dárselas de Dios, imitar al Creador dentro de sus ínfimas posibilidades de hacer eso.

El caso de la manipulación genética es uno que lo es preocupante y que pone a la Iglesia católica en el disparadero y a los pies de los caballos. Y la pone en uno y bajo otros porque no puede permitir que se crea que si actúa no diciendo nada está, digamos, otorgando un sí a una aberración (por desviación) de tal calibre.

La Iglesia católica tiene más que claro qué responder a un reto tan importante como es el del respeto a la vida humana y, al respecto de la misma, lo que supone la manipulación del llamado material genético.

 

Instrucción Donum Vitae, de 22 de febrero de 1987 (1): explicitación del qué al respecto:

“El Magisterio de la Iglesia no interviene en nombre de una particular competencia en el ámbito de las ciencias experimentales. Al contrario, después de haber considerado los datos adquiridos por la investigación y la técnica, desea proponer, en virtud de la propia misión evangélica y de su deber apostólico, la doctrina moral conforme a la dignidad de la persona y a su vocación integral, exponiendo los criterios para la valoración moral de las aplicaciones de la investigación científica y de la técnica a la vida humana, en particular en sus inicios. Estos criterios son el respeto, la defensa y la promoción del hombre, su “derecho primario y fundamental” a la vida  y su dignidad de persona, dotada de alma espiritual, de responsabilidad moral  y llamada a la comunión beatífica con Dios.

La intervención de la Iglesia, en este campo como en otros, se inspira en el amor que debe al hombre, al que ayuda a reconocer y a respetar sus derechos y sus deberes. Ese amor se alimenta del manantial de la caridad de Cristo: a través de la contemplación del misterio del Verbo encarnado, la Iglesia conoce también el “misterio del hombre” ; anunciando el evangelio de salvación, revela al hombre su propia dignidad y le invita a descubrir plenamente la verdad sobre sí mismo. La Iglesia propone la ley divina para promover la verdad y la liberación.

Porque es bueno, Dios da a los hombres —para indicar el camino de la vida— sus mandamientos y la gracia para observarlos; y también porque es bueno, Dios ofrece siempre a todos —para ayudarles a perseverar en el mismo camino— su perdón. Cristo se compadece de nuestras fragilidades: El es nuestro creador y nuestro redentor. Que su Espíritu abra los ánimos al don de la paz divina y a la inteligencia de sus preceptos.”

Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, de 22 de febrero de 2004. Capitulo Décimo, apartado IV “Una responsabilidad común”, subapartado b (“El uso de las biotecnologías”):

“472 En los últimos años se ha impuesto con fuerza la cuestión del uso de las nuevas biotecnologías con finalidades ligadas a la agricultura, la zootecnia, la medicina y la protección del medio ambiente. Las nuevas posibilidades que ofrecen las actuales técnicas biológicas y biogenéticas suscitan, por una parte, esperanzas y entusiasmos y, por otra, alarma y hostilidad. /…/

 473 La visión cristiana de la creación conlleva un juicio positivo sobre la licitud de las intervenciones del hombre en la naturaleza, sin excluir los demás seres vivos, y, al mismo tiempo, comporta una enérgica llamada al sentido de la responsabilidad. /…/

 474 /…/. En cualquier caso, no se debe caer en el error de creer que la sola difusión de los beneficios vinculados a las nuevas biotecnologías pueda resolver todos los apremiantes problemas de pobreza y subdesarrollo que subyugan aún a tantos países del mundo.

475 /…/ Es indispensable favorecer también la maduración de una necesaria autonomía científica y tecnológica por parte de esos mismos pueblos, promoviendo el intercambio de conocimientos científicos y tecnológicos y la transferencia de tecnologías hacia los países en vías de desarrollo.

476 La solidaridad implica también una llamada a la responsabilidad que tienen los países en vías de desarrollo y, particularmente sus autoridades políticas, en la promoción de una política comercial favorable a sus pueblos y del intercambio de tecnologías que puedan mejorar sus condiciones de alimentación y salud. /…/

 477 Los científicos y los técnicos que operan en el sector de las biotecnologías deben trabajar con inteligencia y perseverancia en la búsqueda de las mejores soluciones para los graves y urgentes problemas de la alimentación y de la salud. No han de olvidar que sus actividades atañen a materiales, vivos o inanimados, que son parte del patrimonio de la humanidad, destinado también a las generaciones futuras; para los creyentes, se trata de un don recibido del Creador, confiado a la inteligencia y la libertad humanas, que son también éstas un don del Altísimo. Los científicos han de saber empeñar sus energías y capacidades en una investigación apasionada, guiada por una conciencia limpia y honesta.

478 Los empresarios y los responsables de los entes públicos que se ocupan de la investigación, la producción y el comercio de los productos derivados de las nuevas biotecnologías deben tener en cuenta no sólo el legítimo beneficio, sino también el bien común. /…/

479 Los políticos, los legisladores y los administradores públicos tienen la responsabilidad de valorar las potencialidades, las ventajas y los eventuales riesgos vinculados al uso de las biotecnologías. Es inaceptable que sus decisiones, a nivel nacional o internacional, estén dictadas por presiones procedentes de intereses particulares. /…/

480 Los responsables de la información tienen también una tarea importante en este ámbito, que han de ejercer con prudencia y objetividad. La sociedad espera de ellos una información completa y objetiva, que ayude a los ciudadanos a formarse una opinión correcta sobre los productos biotecnológicos, porque se trata de algo que les concierne en primera persona, en cuanto posibles consumidores. Se debe evitar, por tanto, caer en la tentación de una información superficial, alimentada por fáciles entusiasmos o por alarmismos injustificados.”

Carta Encíclica Evangelium vitae, de san Juan Pablo II (21) de la que este año se cumple su veinte aniversario:

 “En la búsqueda de las raíces más profundas de la lucha entre la ‘cultura de la vida‘ y la ‘cultura de la muerte‘, no basta detenerse en la idea perversa de libertad anteriormente señalada. Es necesario llegar al centro del drama vivido por el hombre contemporáneo: el eclipse del sentido de Dios y del hombre, característico del contexto social y cultural dominado por el secularismo, que con sus tentáculos penetrantes no deja de poner a prueba, a veces, a las mismas comunidades cristianas. Quien se deja contagiar por esta atmósfera, entra fácilmente en el torbellino de un terrible círculo vicioso: perdiendo el sentido de Dios, se tiende a perder también el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida. A su vez, la violación sistemática de la ley moral, especialmente en el grave campo del respeto de la vida humana y su dignidad, produce una especie de progresiva ofuscación de la capacidad de percibir la presencia vivificante y salvadora de Dios”.

Instrucción Dignitas Personae, de 8 de septiembre de 2008 (Sobre algunas cuestiones de bioética) (27)

“Una consideración específica merece la hipótesis según la cual la ingeniería genética podría tener finalidades aplicativas distintas del objetivo terapéutico. Algunos han imaginado que es posible utilizar las técnicas de ingeniería genética para realizar manipulaciones con el presunto fin de mejorar y potenciar la dotación genética. En algunas de estas propuestas se manifiesta una cierta insatisfacción o hasta rechazo del valor del ser humano como criatura y persona finita. Dejando de lado las dificultades técnicas, con los riesgos reales y potenciales anejos a su realización, tales manipulaciones favorecen una mentalidad eugenésica e introducen indirectamente un estigma social en los que no poseen dotes particulares, mientras enfatizan otras cualidades que son apreciadas por determinadas culturas y sociedades, sin constituir de por sí lo que es específicamente humano. Esto contrasta con la verdad fundamental de la igualdad de todos los seres humanos, que se traduce en el principio de justicia, y cuya violación, a la larga, atenta contra la convivencia pacífica entre los hombres. Además, habría que preguntarse quién podría establecer que ciertas modificaciones son positivas y otras negativas, o cuáles deberían ser los límites de las peticiones individuales de una presunta mejora, puesto que no sería materialmente posible satisfacer los deseos de todos. Cada respuesta posible sería el resultado de criterios arbitrarios y discutibles. Todo esto lleva a concluir que la perspectiva de una manipulación genética con fines de mejoras individuales acabaría, tarde o temprano, por dañar el bien común, favoreciendo que la voluntad de algunos prevalezca sobre la libertad de otros. Finalmente hay que notar que en el intento de crear un nuevo tipo de hombre se advierte fácilmente una cuestión ideológica: el hombre pretende sustituirse al Creador.

Al declarar este tipo de intervención como éticamente negativa, en cuanto implica un injusto dominio del hombre sobre el hombre, la Iglesia llama también la atención sobre la necesidad de volver a una perspectiva centrada en el cuidado de la persona y de educar para que la vida humana sea siempre acogida, en el cuadro de su concreta finitud histórica”

Sobre este documento, esencial en este tema, debemos decir algo más.

La Congregación para la Doctrina de la Fe aprobó la tal instrucción cuyo tema es, en esencia, la bioética.

Al contrario de lo que muchas veces se dice, con tal documento, la Iglesia católica ha dado un sí, grande, a la vida humana. Y decimos al contrario de lo que muchas veces se dice porque otras tantas veces se le achaca a la Esposa de Cristo ser retrógrada en este tipo de materias y se utilizan las mismas para zaherir a quien no hace otra cosa que defender lo bueno y mejor.

Algo fundamental ha hecho que el citado organismo vaticano haya decidido referirse a un tema del que ya conocemos la Instrucción Donum vitae, de la que se han cumplido veinte años de su publicación: “Las nuevas tecnologías biomédicas introducidas en este ámbito delicado de la vida del ser humano y de la familia”. Por tanto, ha necesitado la Iglesia entrar en tales tecnologías porque están afectando, muy gravemente, a la propia dignidad de la persona.

Así, se han trazado los límites que no se han de sobrepasar para que no puede decirse, de determinada investigación, que la dignidad de la persona no ha sido atendida o, simplemente, se ha olvidado.

En cada una de las partes (3) puede apreciarse que la dignidad de la persona ha sido, digamos, bien definida.

1ª parte: antropología, teología y ética

 

Como es lógico, y conveniente para la humanidad misma, las ciencias de la medicina han avanzado mucho en los últimos decenios. Sin embargo, como dice el dicho, no es oro todo lo que reluce.

Por eso, bien dice DP que “Son en cambio negativos, y por tanto no se pueden aprobar cuando implican la supresión del ser humano, se valen de medios que lesionan la dignidad de la persona o se adoptan para finalidades contrarias al bien integral del hombre” (DP 4)

Por lo tanto en cuanto la dignidad de la persona se vea atacada y, sobre todo, cuando lo que hace posible que tal valor pueda ser tenido como tal (o sea, la misma vida humana) se ve imposibilitado, ningún avance lo será sino, en todo caso, grave retroceso para la humanidad.

Y todo esto porque existe el denominado “criterio ético fundamental” (“expresado”, como dice DP, en la Instrucción Donum vitae): “El fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde la constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado, que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida” (1)

2ª parte: problemas relativos a la procreación

Manipulación genética

 

La procreación se ha visto afectada por los avances médicos a los que antes hemos hecho referencia. A veces suele sostenerse que, ante problemas de infertilidad, cualquier actuación es positiva siempre que se obtenga el resultado deseado.

Sin embargo, muy bien dice DP que se han de respetar “tres bienes fundamentales: a) el derecho a la vida y a la integridad física de cada ser humano desde la concepción hasta la muerte natural;  b) la unidad del matrimonio, que implica el respeto recíproco del derecho de los cónyuges a convertirse en padre y madre solamente el uno a través del otro; (2) c) los valores específicamente humanos de la sexualidad, que ‘exigen que la procreación de una persona humana sea querida como el fruto del acto conyugal específico del amor entre los esposos’” (3).

 

Por lo tanto, no todo es admisible ni se puede entender como loable.

Y así podemos seguir con el resto de técnicas médicas: fecundación in vitro, inyección intracitoplasmática de espermatozoides, el congelamiento de embriones o de óvulos, la reducción embrionaria, el diagnóstico preimplantatorio, etc.

Y es que, como sucede muchas veces, no todo lo posible es admisible.

3ª parte: manipulación del embrión o del patrimonio genético humano

 

Como colofón a todo lo dicho y, sobre todo, de los avances médicos, se ha abierto la posibilidad (teórica, al menos) de, ejerciendo manipulación sobre material genético humano, poder curar determinadas enfermedades.

Sin embargo, la bondad del fin buscado (bueno, en sí mismo) no puede alcanzarse con la utilización de unos medios inadecuados porque aquí viene en aplicación el principio según el cual “el fin no justifica los medios”; a lo que añadimos, “nunca”.

Por tanto, bien sea la clonación humana, el uso terapéutico de las células troncales, la hibridación, el mismo uso de “material biológico” humano que tenga un origen poco lícito… ha de tener una valoración moral negativa porque, al fin y al cabo, ejercer sobre la dignidad de la persona una influencia básicamente oscura y tratar, amparándose en algo bueno, de capitidisminuir  tal característica propia del ser humano, no puede admitirse.

Dice la Conclusión de la Instrucción Dignitas Personae que “A veces se ha oído la acusación de que la enseñanza moral de la Iglesia contiene demasiadas prohibiciones”.

Sin embargo, lo que pueda parecer negativa concepción del avance médico al que se refiere no es, sino, una necesaria constatación de la flagrante violación de la dignidad de la persona.

Y así podríamos seguir un rato largo pues no se puede decir que la Iglesia católica no sepa y entienda que la manipulación genética es, sencillamente, un sin Dios evidente.

El caso es que hay una palabra que en este tema de la manipulación genética no se suele tener en cuenta y que el texto aquí traído del Papa polaco menciona explícitamente: dignidad de la persona. Y es que sobre ella recae todo el ser del que lo es humano. Y violentarla no es más que la manifestación de una soberbia humana que está más que fuera de lugar.

En realidad, no es que la manipulación genética pueda ser considerada como realidad negativa sino que, en efecto, en muchas de sus manifestaciones es una auténtica necedad humana.

 

Notas

(1) Instrucción Donum vitæ, I, 1: AAS 80 (1988), 79

(2) Instrucción Donum vitæ, II, A, 1: AAS 80 (1988), 87

(3) Ibíd., II, B, 4: l.c., 92.

Copiado de: http://infocatolica.com/blog/meradefensa.php/1503261201-falsedades-acerca-de-la-igles#more28044

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