Filosofía y educación

Romano Guardini, un interprete de la verdad

Guardini

UN INTERPRETE DE LA VERDAD*

Guardini: la espera de Dios y su legado

por Robert Anthony Krieg **

¿Cuál era el dinamismo que unificaba todo el pensamiento de Guardini? ¿Qué es lo que mantenía unida a la amplia gama de intereses de este autor? Guardini logró la integración de su pensamiento por su consagración a buscar la sabiduría judeo-cristiana y a llevar esta verdad al diálogo con el pensamiento del siglo XX. Para poder vislumbrar este impulso unificador de la vida y del pensamiento de Guardini, se pasará revista a sus últimos escritos autobiográficos y luego se recordará la impresión que su personalidad hizo en sus contemporáneos. Así, el ensayo tiene dos partes. La primera muestra cómo, a medida que se acercaba al fin de su vida, se volvía a plantear cuestiones sobre Dios y sobre la vida humana. La segunda describe cómo su búsqueda de la sabiduría influyó en los católicos de los Estados Unidos de Norteamérica y en Alemania.

¿Cuál era el dinamismo que unificaba todo el pensamiento de Guardini? ¿Qué es lo que mantenía unida a la amplia gama de intereses de este autor? Guardini logró la integración de su pensamiento por su consagración a buscar la sabiduría judeo-cristiana y a llevar esta verdad al diálogo con el pensamiento del siglo XX. Él mismo señaló con precisión este dinamismo cuando, en 1944, observó que “lo que yo quería desde el principio -al inicio sólo por instinto, después de manera cada vez más deliberada- era llevar la verdad a la luz”. [1] Diez años más tarde volvió sobre el mismo punto: “La verdad tiene un poder brillante y sereno. En mi trabajo pastoral tuve un solo objetivo: ayudar por medio de la verdad.” [2] (Hoy en día está afirmación está vaciada en una placa de bronce en memoria de Guardini que se encuentra en la iglesia St. Ludwig de Munich.) Por esta época escribió también: “Tengo la sensación de que no he presentado nada especializado, ningún pensamiento específico y ningún método propio. Lo que hice fue dar una interpretación coherente de la realidad cristiano-católica”. [3] En otras palabras, Romano Guardini se vio a sí mismo como un intérprete de la verdad sobre Dios y sobre nuestra existencia personal. [4]

Para poder vislumbrar este impulso unificador de la vida y del pensamiento de Guardini, se pasará revista a sus últimos escritos autobiográficos y luego se recordará la impresión que su personalidad hizo en sus contemporáneos. Así, el capítulo tiene dos partes. La primera muestra cómo, a medida que se acercaba al fin de su vida, se volvía a plantear cuestiones sobre Dios y sobre la vida humana. La segunda describe cómo su búsqueda de la sabiduría influyó en los católicos de los Estados Unidos de Norteamérica y en Alemania.

Esperando a Dios

Los últimos años de Guardini

Cuando Romano Guardini cumplió los ochenta años, el 17 de febrero de 1965, hubo unaAkademische Feier, en la Universidad de Munich, una “celebración académica”, en honor de su profesor emérito. Karl Rahner, el sucesor de Guardini en su cátedra de la Universidad, tuvo a su cargo el discurso principal, y luego el mismo Guardini pronunció un breve mensaje. [5] (Las dos alocuciones serán estudiadas más abajo.) Los anfitriones de la celebración obsequiaron también al octogenario un Festschrift, tituladoInterpretation der Welt (Interpretación del mundo). Este libro, que consta de 750 páginas, contiene cuarenta y cuatro ensayos escritos por los más conspicuos autores como Hans Urs von Balthasar, Jean Daniélou, Friedrich Heiler, Gabriel Marcel, Josef Pieper, Karl Rahner, Paul Ricoeur y Michael Schmaus. La carta de la dedicatoria que está al comienzo del Festschrift explica el título del libro. Dirigida a Guardini, dice, en parte, lo siguiente:

Usted nos ha hablado como un intérprete de la verdad -no sólo de la verdad de la palabra de Dios, sino también del mundo que se revela en la palabra. Y así, usted nos ha buscado en donde estábamos, con nuestras opiniones e ideas, como hijos de este “mundo, hijos e hijas de esta época. Sin embargo, esta interpretación no nos dejó quedarnos en donde estábamos: posee un sentido anagógico. Ella ha descubierto los indicios de nuestro parentesco con Dios en nuestra participación en el mundo y el elemento eterno en nuestra participación de la época en que vivimos. [6]

Esta Akademische Feier fue un homenaje muy apropiado para este “intérprete” de la palabra de Dios y del mundo. Y de manera sorprendente, a lo largo de sus últimos años, Guardini continuó su obra por medio de sus libros Die Existenz des Christen (1976) yEthik (1993). Además, la celebración académica fue la culminación de muchas otras celebraciones con las que fue honrado Romano Guardini desde el comienzo de la década de 1950. Estos honores incluyeron el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes, en 1952, la Gran Medalla al Mérito de la República Federal de Alemania, en 1959, y el Premio Erasmo de la Comunidad Europea, en 1962. Y con ocasión de su octogésimo cumpleaños, Paulo VI invitó al teólogo para formar parte del colegio de los cardenales. [7] Este autor, que había recibido poco aprecio en los círculos académicos y eclesiásticos durante sus años en Berlín, era honrado ahora, una y otra vez, durante su profesorado en Munich.

Guardini recibía de buena gana estos honores. El 22 de febrero de 1954 escribió en su diario: “¡Me escribe Kunisch que la Facultad de Filosofía de Berlín habría decidido conferirme el doctorado ad honorem! Los honores llegan, la vida sigue”. [8] Pero, al mismo tiempo que se alegraba por el reconocimiento de los profesores y de los dirigentes eclesiásticos, Guardini pasaba por momentos difíciles a causa de sus enfermedades, la depresión, y un intenso cuestionamiento religioso.

Entre las dolencias de Guardini estaba una neuralgia del trigémino que le ocasionaba súbitos y agudos accesos de dolor en su rostro y en su cabeza. También empeoraba el asma de la que sufría desde su juventud. Con frecuencia tenía dificultades para respirar, y en alguna ocasión los ataques de asma fueron tan violentos que temió morir por sofocamiento. Durante estos años perdió también mucho de su capacidad auditiva y se quedó casi ciego del ojo izquierdo. Y además, después de la Akademische Feiersufrió un ataque al corazón, por lo que tuvo que ser hospitalizado de fines de julio hasta principios de diciembre de 1965. [9]

Como se deja ver en su diario, estas dolencias deprimían mucho a Guardini. El 4 de diciembre de 1953 expresa su preocupación porque pronto va a necesitar un aparato para poder oír. Tres semanas más tarde, en Navidad, escribió: “La depresión que siempre llega por Navidad, tampoco faltaba esta vez”. En enero de 1954, dice que “como resultado del cambio de clima, el asma ha vuelto y parece que también alguna forma de influenza”. Su frustración se deja ver en un apunte fragmentario del 6 de enero de 1960: “Lagunas muy grandes (en el diario) … Neuralgia, hospital, operación…” Cuatro años más tarde escribe: “Del 1 de mayo de 1961 hasta el día de hoy, 11 de enero de 1965, una laguna muy grande… Muchos obstáculos relacionados con la salud. Ahora he llegado a los setenta y nueve años y comienzo a escribir de nuevo”. [10] Pocos meses después, el diario termina.

Mientras sufría estas dolencias físicas y estos accesos de depresión, Guardini seguía meditando problemas existenciales que le llegaban muy de cerca. En su diario escribe notas sobre el sufrimiento y sobre la muerte al leer a Goethe, Nietzsche y Sartre, y apunta sus preocupaciones por la sociedad alemana que cada vez se torna más tecnológica. Y vuelve de nuevo a sus pensamientos sobre Dios. El 16 de septiembre de 1959, escribió: “Lo que para un cristiano decide todo, absolutamente todo -el pensamiento, la acción, el ser es si la realidad de Dios se experimenta, si Él existe como lo real, como lo único real en última instancia”. En 1961 reflexiona sobre “la fe que es puesta a prueba”. [11] Y luego, el 3 de mayo de 1964, observa: “Quid Deus sit, nemo scire potest” (“Nadie es capaz de comprender lo que es Dios“). Éste es un axioma básico de la teología. Toda la teología y toda su formulación están en esta proposición. “Dios es la única realidad de la cual hemos de saber a partir de nuestra existencia.” [12]

Guardini no se cansó nunca de pensar sobre la existencia personal con relación a Dios. Incluso durante los últimos meses de su vida siguió preguntando acerca del sufrimiento y de la muerte. En el verano de 1968, el periodista Walter Dirks visitó a su antiguo maestro y amigo, ahora postrado en cama y muy próximo a la muerte. Dirks describió más tarde la escena que tuvo lugar durante su visita de despedida:

Haber oído lo que el anciano en su lecho me confiaba fue una experiencia inolvidable. Me dijo que el día del juicio no solamente sería interrogado, sino que él también, a su vez, le haría preguntas a Dios. Y me dijo que esperaba que un ángel no le negaría la respuesta verdadera a la pregunta que ningún libro, ni siquiera la Biblia, ningún dogma, ni enseñanza del magisterio, ninguna “teodicea”, o teología, ni siquiera su propia teología, le habían podido responder: ¿Por qué, Dios, estos terribles rodeos en el camino de la salvación? ¿Por qué el sufrimiento de los inocentes? ¿Por qué el pecado? [13]

Este recuerdo de Dirks muestra que Guardini buscaba el sentido de la vida incluso cuando estaba ya frente a la muerte. Su propio sufrimiento, y el conocimiento que tenía de los sufrimientos de otros, por ejemplo, bajo el Tercer Reich, habían dado origen a preguntas para las que no había encontrado una adecuada respuesta. Suspiraba por el momento en que podría preguntar a Dios sobre “los terribles rodeos en el camino de la salvación”, “el sufrimiento de los inocentes” y “el pecado”.

Pero, desde luego, los últimos meses de su vida no fueron la primera vez que Guardini se preguntaba acerca del sufrimiento. A principios de la década de 1950 había tratado sobre estos problemas en algunas de sus obras. En 1963, en Tugenden, observa que algunas preguntas sólo podrán tener respuesta en un “encuentro vivo” con Dios después de la muerte. [14] Y también en otros tres textos habló de la perspectiva de un diálogo con Dios, cara a cara. Cada uno de estos textos merece una breve revisión.

La cuestión de Dios

Al llegar a los setenta años, 1955

En la década de 1960, el tópico de la “muerte de Dios” era ampliamente discutido entre los autores. Había aparecido previamente en los escritos de Hegel, Feuerbach y Nietzsche, y más tarde, en los principios de 1900, en las obras de Sigmund Freud y Albert Camus. Luego, a mitad de 1900, el tema volvió a surgir como resultado de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, Hiroshima, y la secularización de la sociedad occidental. Entre los libros sobre este tema se cuentan obras como Was ist Säkularisierung(1960) de Martin Stallmann, The Death of God (1961) de Gabriel Vahanian, The Secular City(1965) de Harvey Cox, Radical Theology and the Death of God (1966) de Thomas Altizer y William Hamiltony Zur Theologie der Welt (1968) de Johannes Metz. Estas obras tratan sobre la experiencia de gente que habla de la ausencia de Dios en sus vidas. [15] En medio de esta discusión, Guardini se debatía con sus propios cuestionamientos sobre Dios.

Al cumplir los setenta años, Guardini trató el tema de la ausencia de Dios en un ensayo sobre el papel de la filosofía en las diferentes etapas de la vida. En proposiciones que son implícitamente autobiográficas, el teólogo describe a un anciano que está sentado en su departamento y que mira a su alrededor como si visitara el cuarto de un extraño. Escribe:

A veces, por las tardes, él está en su estudio, rodeado de sus libros que han sido leídos y releídos cientos de veces. Allí están los muebles, los cuadros en la pared, las pequeñas estatuas sobre la mesa. Y de repente, todas estas cosas pierden su familiaridad, se tornan extrañas, lejanas y opresivas. Y entonces piensa: ¡Qué extraño que tú estés sentado en este cuarto esta tarde, que tú seas tú y que continúes haciendo lo que te pide cada día! ¡Qué extraño que simplemente estés allí! ¿Qué hay detrás de todo esto? [16]

Guardini compara esta situación con una pintura que hace surgir la sensación de la ambigüedad de la vida. En un momento como éste “todo se envuelve en el aura de un enigma”. O como lo dice el anciano pensador:

Ahora la existencia tiene el aspecto de la vida en calma de Cézanne. Allí está una mesa. Sobre la mesa, un plato. Sobre el plato, algunas manzanas. Ninguna otra cosa. Todo está allí, claro y evidente. No hay nada que preguntar y nada que contestar. Y sin embargo, el misterio está en todas partes. En estas cosas hay algo más que lo que ven los ojos: más que la simple individualidad de cada una de las cosas (p. 78).

El texto transcrito ofrece una visión conmovedora de los pensamientos solitarios del anciano autor. Indican que, en sus últimos años, Guardini sintió la ausencia de Dios, y finalmente se puso en manos de lo desconocido. En palabras suyas: “Este es el momento en que se tiene la obligación de perseverar en el sentido de lo absoluto, cuando el significado preciso de las cosas parece desvanecerse” (p. 78).

Guardini estaba consciente de que el telón de fondo de todo su malestar era la proximidad inminente de la muerte. A medida que se acerca la muerte, dice, se puede advertir cuál es para uno el significado de la vida: “Hay una gran diferencia entre el enfrentar la muerte, hacerla a un lado, o parlotear sin término”. A su juicio, los cristianos no deben dar la espalda a la muerte, sino integrarla en su sentido de la vida. Y en realidad, hasta pueden lograr una madurez espiritual en la que se acepta la muerte “como expiación por los pecados de la vida”. En todo caso, “nuestra actitud frente a la muerte influye en nuestra comprensión de la existencia. En realidad, una cosa es tan decisiva como la otra.” (p. 79).

A los setenta años, Guardini se preguntaba por el sentido de la vida. A despecho de todos sus logros, de los honores, y de su fe cristiana, todavía buscaba a Dios. Este tema aparece de nuevo en las cartas aJosef Weiger, y en su alocución en la Akademische Feier.

Theologische Briefe, 1963-66.

Cuando Guardini tenía setenta y ocho años, comenzó a escribir unas cartas a Josef Weiger, de Mooshausen, sobre la relación entre Dios y la creación. (A Josef Weiger había dirigido también las cartas de Briefe vom Comersee, (1927), de 1923 a 1925). Estas “cartas teológicas” le dieron la oportunidad de ordenar sus impresiones, mientras luchaba con su salud que decaía a ojos vistas. Tres años más tarde, él y Weiger se pusieron de acuerdo en que las diez cartas que había enviado a Weiger aparecerían después en la forma de un libro, al que habría de añadir un prólogo, un epílogo y una oración titulada “Oración en la hora del sufrimiento”. En 1976, las cartas se publicaron como Theologische Briefe an einen Freund.

Aunque Guardini no propone ideas totalmente nuevas en Theologische Briefe, transmite, con todo, tres cosas que son dignas de un comentario. [17] En primer lugar, en su carta número ocho (septiembre de 1964), reconoce que ya no comprende la nueva cultura de Alemania, por ejemplo, el dibujo animado de Mickey Mouse que le parece grotesco. [18] No debe sorprender, por lo tanto, que en la novena y en la décima de las cartas exprese su pesimismo sobre las corrientes en la sociedad y su incomodidad con la Iglesia posterior al Vaticano II. En otras palabras, estas cartas dejan ver la ausencia de la tensión creativa, de la coincidencia de los opuestos (Gegensatz), que habían sido la característica del pensamiento de Guardini en sus años de adulto (y como la carta al Tercer Congreso Litúrgico fue escrita durante este periodo, se puede sospechar que este pesimismo tuvo su influjo también en esta carta).

En segundo lugar, en la carta número nueve, Guardini indica que se está apartando de una teología cristo-céntrica y se está acercando a una de corte más bien teo-céntrico. Escribe: “Se está dando un nuevo tono a la teología, un tono que no cambia nada de manera substancial, pero que podría hacer que todo se viera en una luz diferente” (p. 59). Esta afirmación es sorprendente, porque sugiere que luego de sesenta años de pensar de una determinada manera, el teólogo está explorando un marco teológico diferente.

En tercer lugar, a lo largo de todas las cartas, Guardini plantea cuestiones sobre Dios. Sus referencias a Nietzsche y a Freud dejan ver que emprendió esta investigación en parte como respuesta al debate sobre la muerte-de-Dios. [19] Pero también había algo más que lo motivaba. Como le dice a Weiger, su salud que se deterioraba estaba dirigiendo sus pensamientos a la relación de Dios con el mundo. Afirma: “En sí mismo, Dios es completo y perfecto. ¿Qué significa, entonces, para Dios, crear una realidad finita que, a lo que podemos decir, alcanza su culminación en los seres humanos? (p. 8). Piensa, como respuesta, que “el absoluto” eligió libremente establecer y mantener una unión viva con la realidad contingente, porque Dios es amor. Esta respuesta, lo admite, es la que uno esperaría de un cristiano. Pero, yendo más allá de la idea convencional, explora la idea de que Dios haya tomado a la realidad finita dentro de la vida infinita de Dios. Dios ha creado al mundo y se ha mantenido activo dentro de él, no con una especie de despego, sino dirigiendo a toda la creación hacia el absoluto. Guardini escribe:

Dios se hizo hombre. Dios no solamente se preocupa del ser humano, sino que también se hizo hombre. Esto significa que, en Jesucristo, Dios “se hizo” finito. Después de la muerte de Jesús, Dios no se desprendió… del elemento humano, sino que siguió siendo un ser humano. Esto es, después de la muerte de Jesús, la humanidad de Jesús “se sentó a la derecha del Padre” (p. 12).

Esta idea, añade Guardini, significa que la Iglesia necesita una nueva teología de la historia. La neo-escolástica no toma la historia de una manera suficientemente seria, porque sostiene que la historia es accidental en el drama de la salvación, como si la actividad de Dios en favor de la familia humana se realizara fuera del tiempo y del espacio. Pero esta manera de ver las cosas le quita su valor a la encarnación. Concediendo su crédito al jesuita y antropólogo Pierre Teilhard de Chardin (m. 1950) por sus nuevas ideas sobre la historia, Guardini observa que “la encarnación no se debe entender como un evento aislado, sino que ha de ser comprendida como la expresión última de algo que ya estaba dado desde la primera sugerencia de la creación y que se hace efectivo en toda la relación de Dios con la creación” (p. 22).

Estas reflexiones llevan al problema del mal, sobre el que Guardini ofrece tres consideraciones. Primera: Dios no quiere el mal, quiere más bien la libertad de la criatura, de modo que ella pueda elegir entrar en una relación de amor con Dios. El creador deja espacio para la posibilidad de que algunos seres creados reivindiquen para sí mismos un status absoluto, de manera completamente equivocada. Segunda: Dios previo esta posibilidad, y pese a ello, eligió tener paciencia con el mal. Dios ha afirmado la creación, y lucha con el mal, incluso frente a la rebeldía de la creación en contra de su hacedor y sostenedor (pp. 11-12). Tercera: al hablar de Dios y del mal, se debe reconocer la diferencia entre la concepción cristiana y la concepción “romántica”, y de alguna manera “gnóstica”, de escritores como Goethe y C.G. Jung, que piensan que el bien y el mal son esenciales para la vida. Este dualismo es contrario a la tradición judeo-cristiana que afirma que el mal es la ausencia de realidad (pp. 50-52).

Si Dios entra en el corazón de la existencia finita, ¿cómo es que hoy muchas personas hablan de la ausencia de Dios en sus vidas? ¿Por qué han aceptado el ateísmo de Nietzsche y de Freud? De acuerdo con Guardini, la crisis de fe de la modernidad no es el resultado de la retirada de Dios de nosotros, sino de la aceptación de un tipo mezquino de racionalidad por la cual vivimos en un mundo artificial y hemos perdido contacto con el mundo “natural”. En realidad, nos sentimos como Prometeo: “Los seres humanos han querido existir de manera absoluta, sin ser absolutos” (p. 37). Si Dios está ausente de la Edad Moderna, no es Dios la fuente de la dificultad. Lo somos nosotros mismos.

Estos pensamientos llevan a Guardini a meditar sobre la vida después de la muerte. Sostiene que se ha de abandonar la idea del juicio final como condenación, y abrazar la idea del juicio final como plenitud, como el momento en que Dios lleva a su término lo que el Espíritu Santo comenzó en nuestras vidas desde la concepción. Además, al llevar a su pleno cumplimiento nuestra relación “yo-tú”, entraremos en el diálogo con Dios. [20] En las cartas a Weiger, Guardini menciona lo que había dicho a Dirks, de que en nuestro encuentro con Dios “no se trata solamente de que Dios pregunte y el ser humano conteste, sin poderse evadir, sino también de que los seres humanos puedan preguntar… En realidad, Dios espera que los seres humanos hagan preguntas a Dios” (p. 30).

¿Cómo se puede tener la experiencia de Dios en nuestra época? Los cristianos pueden intentar tres acercamientos. Primero: han de asumir su responsabilidad respecto del mundo, como lo hace el mismo Dios, y al hacerlo se darán cuenta de su proximidad a la intención y a las acciones de Dios en la historia (pp. 32-34). Segundo: han de buscar siempre la verdad, sabiendo que esta conducta va en contra del “liberalismo escéptico” de hoy. Y en este esfuerzo pueden inspirarse en la narración de la pasión en el evangelio de Juan, donde Jesús mantiene en alto la verdad frente al interrogatorio de Pilatos (p 57). Tercero: se han de abandonar en las manos de Dios, incluso si Dios parece estar ausente. Al no sentir la presencia de Dios (la revelación natural), han de purificar su fe confiando solamente en la revelación histórica, especialmente en la manifestación de Dios en Jesucristo (pp. 62-64).

Guardini concluye el libro con la carta número diez que se titula “Confianza” (Vertrauen) en la que reflexiona sobre la fe ciega. Aunque no tengamos la sensación de la presencia de Dios en nuestra vida, hemos de abandonarnos en la oscuridad, donde paradójicamente podremos encontrarnos con Dios. Y construyendo a partir de esta idea, Guardini redacta su “Oración en la hora del sufrimiento” (Gebet in der währenden Stunde), que tiene que ver con la confianza que se ha de poner en Dios que parece estar ausente (pp. 65-66). En uno de sus pasos la oración dice: “Dios viviente, nosotros creemos en ti. Danos la fuerza de perseverar cuando todas las cosas pierdan su sentido”. Y luego añade: “En tu amor solamente hemos de confiar (Vertrauen)” (p. 65). Estas líneas tienen fuerza por sí mismas, pero tienen todavía más validez, si se piensa que Guardini alude a ellas en el epitafio que pidió se escribiera en la placa de bronce de su tumba: “Romano Guardini. Nacido en Verona, 17 de febrero de 1885. Muerto en Munich, 1 de octubre de 1968. Con fe en Jesucristo y en su Iglesia. Con confianza (Vertrauen) en su juicio benigno.” [21]

Al llegar a los ochenta años, 1965

En la Universidad de Munich, durante la Akademische Feier para festejar su octogésimo cumpleaños, Guardini pronunció una corta alocución titulada “Wahrheit und Ironie” (“Verdad e ironía”). Luego de dar las gracias a sus colegas, estudiantes y amigos, dijo que a medida que se acercaba su cumpleaños se había preguntado a sí mismo: “¿Qué es lo que realmente te queda como fruto duradero de una vida tan larga?” [22] Y como respuesta había pensado que la utilidad, a fin de cuentas, de toda su vida, había sido la búsqueda y el parcial alcance de la verdad. Pero que había visto, también, que la investigación que había emprendido se caracteriza por la ironía, porque los que se consagran a ella se hacen conscientes de su “insuficiencia” frente a la tarea que se han echado sobre los hombros. Alcanzan “un conocimiento de la verdad, sí, pero al mismo tiempo de la inconmensurabilidad de sus capacidades con relación a ella; un conocimiento de la verdadera insuficiencia, que no parte de un escepticismo, sino de una confianza mucho más grande” (p. 41). En otras palabras, los buscadores de la verdad insisten en que no han logrado alcanzar su meta y en que simplemente deben confiar (Vertrauen) en que la verdad existe.

Al desarrollar este tema, Guardini alaba a Platón por oponerse a los sofistas, quienes -como los escépticos del día de hoy- discutían varios puntos de vista sobre cualquier tópico, a la vez que creían que no existía una verdad objetiva a la que sus ideas debieran referirse. Platón debe haber tenido “una arrolladora experiencia de la verdad”, porque su dedicación a ella es evidente en el Simposio, en elFedón, en el libro sexto de la República y en laCarta Séptima. Estas obras también comunican la conciencia que Platón tenía sobre la ironía de la búsqueda. En el Simposio, Sócrates dice que no se ve a sí mismo como un maestro de la verdad. En el libro VI de la República, Glaucón se pone en ridículo, cuando luego del discurso de Sócrates, “de manera muy cómica” le dice a su maestro que “la hipérbole no puede ir más allá” (509c). [23] Sócrates, en cambio, sabe que es mucho más lo que se puede decir. Comentando este paso del diálogo socrático, Guardini anota que Sócrates, y todos los buscadores de la verdad, están conscientes, de manera irónica, de lo lejos que están de la verdad, y que por lo tanto, no están muy lejos de parecerse a los sofistas. En palabras de Guardini:

Y la ironía del conocimiento reside en que los conocedores reconocen lo que está más allá de su capacidad de aprehensión. Como lo diría un augustiniano de la Edad Media, San Buenaventura, “la verdad” no es una simplificación racionalista, es un “excessivum“, y por ello la situación de los investigadores es la siguiente: ellos reconocen que hay realmente una verdad absoluta, pero que no la pueden alcanzar de manera completa por medio de sus poderes intelectuales limitados, porque ellos mismos no son absolutos (pp. 40-41).

En la conclusión, Guardini exhorta a sus oyentes a buscar la verdad, a buscar a Dios, pero sabiendo que se darán cuenta, cada vez más, de su “insuficiencia” ante la verdad y ante lo que “lo que está por encima de ellos”. El octogenario terminó afirmando:

En el espíritu de Platón, sería bueno decir, creo yo, que los seres humanos traicionan su nobleza cuando se entienden a sí mismos por medio de lo que está debajo de ellos. Al contrario, viven de manera mucho más digna, cuando viven a partir de lo que está encima de ellos -y también cuando no son capaces de comprenderlo y se adelantan “de manera muy cómica”, como el joven Glaucón en la República (p. 41).

“Wahrheit und Ironie” fue la última aparición pública de Guardini. Fue una cosa muy apropiada el que se despidiera de la arena pública exhortando a todos a buscar la verdad. Y dado su interminable cuestionamiento, fue también una cosa muy apropiada el que admitiera, de manera implícita, que se sentía lejos de la verdad, y que había elegido simplemente “confiar ” en Dios.

La recepción de las obras de Romano Guardini

Una influencia mundial

La identidad de una persona es más que la percepción que ella tiene de sí misma, sus palabras, sus acciones y sus relaciones interpersonales. La identidad personal incluye también la influencia que alguien ejerce sobre los demás, algunos de los cuales quizá nunca ha conocido. Hablando de este punto, Edward Schillebeeckx ha observado: “Una persona resulta ininteligible si se prescinde… del influjo que la misma persona ejerce en la historia posterior… En otras palabras, una persona humana constituye el centro personal de una serie de relaciones interactivas con el pasado, el futuro y el presente.” [24] Y aunque esta observación es válida respecto de todos los seres humanos, es especialmente pertinente en el caso de los autores cuyas obras han afectado las vidas de muchas personas. Por esto, si se ha de alcanzar una visión adecuada de la vida y de la obra de Guardini, se debe tener una idea del impacto que tuvo en los demás.

No debe causar mucho asombro el hecho de que los Papas recientes hayan leído libros y artículos de Guardini. Eugenio Pacelli, que en 1939 fue elegido Papa, con el nombre de Pío XII, muy probablemente leyó las obras de Guardini durante sus años de nuncio en Alemania (1917-1930). Como Papa le dio a Guardini el título de Prelado Doméstico de Su Santidad. En 1953, monseñor Giovanni Battista Montini, que en ese tiempo era el pro-secretario de Estado del Vaticano, y más tarde llegó a ser Paulo VI (1963-1978), invitó a Guardini a visitar el Vaticano, pero el teólogo no pudo hacer el viaje. [25] Montini apreciaba los libros y los artículos de Guardini, y en 1965 invitó al autor, que entonces tenía ochenta años, a unirse al colegio de los cardenales. [26] Juan Pablo II (1978- ) conoce las obras de Guardini, porque también él se ha consagrado a la fenomenología y a la obra de Max Scheler en sus investigaciones académicas sobre el carácter de la existencia personal. [27] Y además, durante su visita a Alemania, en noviembre de 1980, dejó ver su alto aprecio por Guardini al enumerarlo en la lista de los más conspicuos teólogos de habla alemana en la historia reciente. Dirigiéndose a una asamblea formada por profesores de teología en Altötting, el pontífice dijo:

Los saludo calurosamente y a través de ustedes saludo a todos los teólogos. Ustedes pertenecen a una gran tradición. Basta pensar en Alberto Magno, Nicolás de Cusa, Möhler y Scheeben, Guardini y Przywara. Nombro a estos teólogos prominentes como representantes de muchos otros que en el pasado, y también en el presente, han enriquecido a la Iglesia y la enriquecen todavía hoy, y no nada más a la Iglesia en el mundo de habla alemana, sino también a la teología y a la vida de la Iglesia universal. [28]

Además de ganar el respeto de por lo menos tres Papas, las obras de Guardini, Der Herren especial, han llegado a decenas de miles de católicos en muchos países. Este impacto es evidente por el hecho de que muchos autores fuera de Alemania han hecho análisis de la obra de Guardini. [29] Y puesto que aquí no se puede hacer una revisión de la influencia mundial de Guardini, se pasará revista a la recepción que sus obras tuvieron en los Estados Unidos de Norteamérica y en la obra de tres autores de habla alemana.

Preparando a los católicos norteamericano para el Vaticano II

En los Estados Unidos de Norteamérica, antes de 1950, se leyeron pocos libros de Guardini. Se conoció de manera especial The Spirit of the Liturgy, de 1935. Pero de 1950 hasta fines de 1960, fueron muchos los textos de Guardini que circularon en Canadá y en los Estados Unidos. Durante este periodo, por lo menos treinta y cuatro de sus libros aparecieron en inglés, junto con pasajes selectos de sus obras, y por lo menos nueve artículos suyos, en Cross Currents y en Philosophy Today. Y además, después de la Segunda Guerra Mundial, y antes del Concilio Vaticano II, America, Catholic World,Commonweal y Jubileepublicaron artículos sobre él. Después del Vaticano II, el interés de Norteamérica por el pensamiento de Guardini decayó y sus libros se agotaron. Muy pocas revistas de habla inglesa mencionaron la muerte de Guardini el 1 de octubre de 1968. [30] Sin embargo, en los últimos años los norteamericanos han vuelto a manifestar un renovado interés por sus obras. Algunos de sus libros se han vuelto a editar, y en 1994 apareció Lettters from Lake Como. [31] En 1995 se publicó el primer libro en lengua inglesa sobre Guardini, y en 1997 apareció una antología de sus obras en inglés. [32]

Es demasiado pronto para explicar el interés actual que los norteamericanos tienen por las obras de Guardini. Algunos lectores parecen volver a ellas porque piensan que algo está faltando en los libros de espiritualidad que se publican en nuestro tiempo. [33] Sin embargo, en la medida en que algunas personas usen los libros de Guardini para promover una visión de la Iglesia que fuera anterior a la del Vaticano II, esto iría en contra de la intención de Guardini y en contra del papel que estos textos jugaron en el periodo anterior al Concilio Vaticano II. [34]

Una lista de los católicos norteamericanos que recibieron la influencia de las obras de Guardini, podría parecer un “Quién es quién en el catolicismo”. Al comienzo de la década de 1920, el monje benedictinoVirgil Michel (1888-1938), de St. John’s Abbey, Collegeville, leyó Vom Geist der Liturgie y dedicó el resto de su vida tan creativa, pero, por desgracia, corta, a la renovación del culto en Norteamérica. [35] Más tarde, George Shuster (1894-1977), educador, escritor y estadista, mencionó a Guardini enCommonweal, en 1930, y describió su libro Der Gegensatz como “uno de los libros católicos realmente importantes”. [36] Al comenzar la década de 1950, Dorothy Day (1897-1980), periodista y activista social, se refería frecuentemente a los libros de Guardini en sus columnas en el periódico The Catholic Worker, y lo citó también en su autobiografía, The Long Loneliness (1952). [37] En 1958, Joseph B. Gremillion (1919-1994), el párroco sureño y gran dirigente católico que luchó por la justicia social, publicó su atractiva entrevista con Guardini, en Munich, con la que dio a los, católicos de habla inglesa una de sus primeras imágenes de Guardini. [38] La poetisa Anne Sexton (1928-1974), por recomendación de un monje católico, leyó un par de libros de Guardini y aprovechó algunas de sus ideas en su libro The Awful Rowing Toward God (1975). [39] La teóloga Monika Hellwig escribió que ella y sus contemporáneas, en Holanda, recibieron la influencia de los escritos de Guardini desde principios de la década de 1930, y también, que en la Catholic University of America, a mediados de la década de 1950, los estudiantes tenían prohibido leer el libro The Lord de Guardini, “porque el traductor, o el editor, habían elegido una traducción de las citas bíblicas que no era la que estaba autorizada”. [40] En los años recientes, el teólogo Avery Bulles ha continuado inspirándose en Guardini en sus investigaciones, por ejemplo en The Assurance of Things Hoped For. [41] Además del impacto ejercido sobre las personas citadas, Guardini tocó a otros dos: Thomas Merton y Flannery O’Connor.

Parece que Thomas Merton (1915-1968) comenzó a leer los libros de Guardini hacia la mitad de la década de 1950. (Es digno de notarse que Guardini mismo ya había descubierto los escritos del trapense.) [42] En su diario y en sus cartas, Merton escribió en términos encendidos sobre libros como The Lord’s Prayer(1958) y Prayer in Practice(1963), llamando la atención especialmente hacia los pensamientos de Guardini sobre la divina providencia. [43] En 1959, en una carta al poeta Czeslaw Milosz, escribió “entre los católicos, Bouyer está escribiendo algunas cosas buenas, y también, por supuesto, están De Lubac,Danielou, etc. Y allí está también Guardini, que es espléndido”. [44] En su libro Conjetures of a Guilty Bystander (1966), Merton atribuye a Guardini -probablemente refiriéndose a The End of the Modern World(1956)— la idea de que los cristianos han de trabajar como la levadura en medio de una sociedad secular, transformándola desde dentro. En palabras de Merton: “Guardini habla de la situación real de los cristianos en el mundo de hoy: llamados por algo que no existe todavía, llamados a ayudar para que exista por y a través del actual descoyuntamiento de la vida cristiana.” [45] Y finalmente, un año antes de su muerte prematura, el monje estaba encantado con Pascal of Our Time (1966) de Guardini. En enero de 1967, estaba tan emocionado con este libro, que al leerlo tenía que caminar hacia delante y hacia atrás en su ermita. [46] Dos meses después, en su “carta circular” a los amigos, escribió:

En efecto, estaba leyendo el pequeño y excelente libro de Romano Guardini sobre Pascal. Analiza allí al demonio de la “combatividad” en Pascal -un demonio que no es una prerrogativa de los jansenistas. A veces uno se pregunta si no una cierta combatividad sea endémica en el catolicismo: la “compulsión a tener siempre la razón”, y a demostrar que el adversario está equivocado. [47]

Un año más tarde, Merton asistió a una reunión monástica interreligiosa y allí murió trágicamente. Y como participaba en ella para aprender de las religiones no cristianas lo referente a la oración y a la meditación, uno podría preguntarse si Pascal for Our Time, de Guardini, fue una de las fuentes de inspiración del monje, para ir más allá de la “combatividad” propia del catolicismo.

La escritora Flannery O’Connor (1925-1964), aunque más joven que Thomas Merton, parece haber leído antes que el trapense las obras de Guardini, y también con un ojo más crítico. [48] The Lord vino a dar a sus manos en 1954, poco después de su aparición en inglés, y a partir de este libro resolvió “leer todo lo que yo pueda de Romano Guardini”. [49] En sus cartas, y en sus reseñas de libros en The Georgian Catholic, alabó The Lord,The Rosary of Our Lady (1955), Meditations Befare Mass (1955), Jesús Christ(1959), The Conversión of Augustine (1960), Freedom, Grace and Destiny (1961) y Prayer in Practice. Apreciaba no sólo las ideas de Guardini sino también su falta de “afectación” —”el gran pecado de los católicos”— que ella encontraba en la mayor parte de los libros de los clérigos. [50] También apreciaba la claridad de su prosa, y especialmente “la total ausencia de los clichés de la mojigatería”. [51] También le dio el crédito a las reflexiones de Guardini sobre el príncipe Mischkin de Dostoyevski, en El Idiota, al dar forma y figura al muchacho del maestro de la escuela en su libro The Violent Bear It Away (7960). [52] Pero no es de sorprender el hecho de que en sus cartas mencione más frecuentemente The Lord, del que dijo: “Según mi opinión no hay nada como este libro en ninguna parte; ciertamente, no lo hay en este país”. [53] Sin embargo, O’Connor no tuvo reparos en señalar las limitaciones que encontraba en los textos del teólogo alemán. En 1958, comentó que Guardini, en su eclesiología, tenía que ir más allá de su visión idealizada de la Iglesia e “incluir a la organización corrupta”. [54] Y además, advirtió que en su cristología no tenía el cuidado de apoyarse en los resultados de los estudios histórico-críticos de la Biblia, y que, por consecuencia, él confiaba casi exclusivamente en su propia “intuición espiritual”. [55] Con todo, siempre enumeró a Guardini entre los pensadores contemporáneos que formaron su pensamiento. En 1957, cuando se le preguntó cómo desarrollar una comprensión propia del catolicismo, respondió:

De todas maneras, descubrir a la Iglesia es cosa que uno tiene que hacer por sí mismo. Los novelistas católicos franceses fueron para mí una gran ayuda: Bloy, Bernanos, Mauriac. En filosofía, Wilson, Maritain y Gabriel Marcel —un existencialista. Por un momento me parecía que todos eran franceses, pero luego descubrí a los alemanes: Max Picard, Romano Guardini yKarl Adam. [56]

Declaraciones como las de Merton y de O’Connor demuestran que las obras de Guardini trajeron a muchos del nuevo mundo dos cosas: por un lado, intuiciones religiosas nuevas, y por otro, el entusiasmo por repensar las doctrinas fundamentales de la fe cristiana. Como Flannery O’Connor lo señaló en 1956, mientras los católicos norteamericanos aprendían de Fulton J. Sheen (m. 1979), los católicos europeos estaban estudiando las obras de Guardini, y la diferencia que hay entre las dos teologías manifiesta “que Europa nos gana por muchos puntos”. [57] Por esta razón, en la medida en que los católicos de Canadá y de los Estados Unidos se prepararon en teología para el Concilio Vaticano II, algo del crédito de esta renovación inicial debe ser dado a Romano Guardini y a sus editores y traductores en la América del Norte.

Formando el pensamiento de los católicos de habla alemana

Al principio de octubre de 1968, Der Spiegel publicó el siguiente obituario:

Romano Guardini. El teólogo germano-italiano, sacerdote, autor de libros sobre filosofía de la religión, tuvo éxito con su apacible revolución en la década de 1920. Corno mentor de la versión católica del movimiento juvenil, “Quickborn”, este innovador espiritual desafió a la Iglesia oficial —que se había endurecido frente al modernismo— no sólo con su articulación de nuevas ideas (por ejemplo, Vom Geist der Liturgie, 1918), sino también con la puesta en práctica de estas nuevas ideas en las formas cargadas de tradición de la liturgia, una puesta en práctica que se llevó a cabo especialmente en Burg Rothenfels am Main. En cientos de textos, Guardini, como profesor en Berlín, Tubinga y Munich persistió con una gran fortaleza humilde que quería que las cosas de la tierra llegaran a ser como deben serlo. Toda la vida un conservador en política, este prelado papal, que tenía un espíritu vivaz, vio que el desafío de Europa estaba en la “crítica del poder”, de modo que este poder no fuera la expresión de una realidad metafísica (demoníaca). El espectacular celo reformista i del Concilio Vaticano II, que (de acuerdo con Rahner) era impensable sin la vida y la obra de Guardini, causó cierta incomodidad en el mismo Guardini. Vivió siempre de acuerdo con la máxima “Un gentleman es alguien que jamás causa un alboroto público”. El martes pasado, por la tarde, Guardini murió en Munich de un derrame cerebral. [58]

Este texto revela muy bien la complejidad de la personalidad y del pensamiento de Romano Guardini -una complejidad, o gama de polaridades, que significa que él no cabe en las categorías con las que se tiende a clasificar a los pensadores religiosos. En cierto sentido, él fue un liberal que llevó a cabo cambios radicales en la liturgia; pero en otro sentido, era un conservador que quería recuperar las formas antiguas, y que luego del Vaticano II estaba temeroso porque le parecía ver que las innovaciones eclesiales y litúrgicas se estaban haciendo sin la guía del pasado. Y además, en política era “conservador”, porque no tenía confianza en la democracia, y con todo, fue crítico del autoritarismo, tanto en el Estado como en la Iglesia. Por su visión equilibrada, Guardini se ganó el respeto de liberales y de conservadores, por igual. Y quizá, también, se ganó su admiración porque reconocieron su entrega “en humildad” a la búsqueda de la verdad. En todo caso, no se le entiende bien si se le representa como paladín de una bandería eclesiástica. [59]

Con el texto de este obituario como punto de referencia, uno se puede volver a las versiones que de Romano Guardini nos han dado Karl Rahner, Hans Urs von Balthasar y Joseph Ratzinger. Cada de estos teólogos nos ha dado una imagen diferente de Guardini.

En la alocución principal de la Akademische Feier en honor a Romano Guardini, Karl Rahner describió al octogenario como un humanista cristiano que ayudó a los católicos “a salir del ghetto intelectual y cultural y a dirigirse a la época contemporánea”. De acuerdo con el teólogo jesuita, la preocupación principal de Guardini había sido la de no entrar en la política eclesiástica, sino la de entender “el misterio inefable que llamamos Dios”, y también la realidad del ser humano “en sus cualidades últimas e inefables”. En su esfuerzo por arrojar algo de luz sobre “lo eterno en el hombre”, Guardini cumplió, por lo menos, cinco funciones en la vida de la Iglesia. La primera: fue un dirigente del movimiento litúrgico que renovó el culto con relación al Cristo viviente. La segunda: fue un teólogo cuyas investigaciones no partieron de las cuestiones escolásticas convencionales, sino “del punto de vista de los seres humanos y de los problemas urgentes de su existencia personal”. Tercero: fue un exegeta bíblico, en el sentido amplio del término. Auque Guardini no usó los instrumentos críticos de la investigación académica, profundizó en la Biblia “al servicio de la palabra divina”. Cuarto: fue un fenomenólogo de la religión que investigó cuestiones fundamentales sobre la existencia, la libertad y la comunidad, y “nos abrió así los problemas eternos de la antropología (filosófica).” Quinto: Guardini fue un intérprete de escritores y poetas que fueron “maestros de vida” y “creadores magistrales de textos”. Por su consagración a estas tareas, enseñó a los católicos cómo “vivir en medio de un mundo pluralista, sin hacerse relativistas”, y también cómo “hablar el mensaje de los evangelios de modo que no fuera a priori incomprensible para los que están fuera de la Iglesia”. [60]

Un año después de la muerte de Guardini, Hans Urs von Balthasar (1905-1988) habló en la Katholische Akademie in Bayern, de Munich, sobre la vida y la obra del profesor cuyas clases habían cautivado al joven Balthasar en la década de 1920, en la Universidad de Berlín. [61] Según Balthasar, Guardini fue un “reformador” del catolicismo, que quería renovar a la Iglesia por medio de un retorno a su “fuente” o a su “manantial”: a la auto-revelación de Dios en Jesucristo. Luego de su conversión en 1905, Guardini comprendió que por fidelidad a la revelación, la Iglesia tenía que estar “en” el mundo, sin ser “del” mundo. Se dio cuenta de que en todas las épocas la Iglesia “no es moderna”, y de que es más bien como una “ofensa” para el espíritu de la modernidad. [62] En particular, pensaba que su “tarea” era la de concentrar su atención sobre el mundo, tal como es visto a la luz de la palabra de Dios. Y así, escribió no solamente sobre la revelación misma, sino sobre el pensamiento de San Buenaventura Dostoyevski, San Agustín, Pascal, Dante, Hölderlin, Sócrates y Rilke. Además, trató de ser un reflejo de la “Luz pura” de Jesucristo, en textos como Der Herr, Die menschliche Wirklichkeit des Herrn y Die Kirche des Herrn. Guardini vio también que tenía que ser un testigo resuelto de palabra de Dios en medio de la fascinación de la modernidad por el poder de la tecnología, el totalitarismo y el ateísmo. [63] Con un juego sobre el significado del apellido italiano de Guardini, Balthasar compara al teólogo con el guardián que comisionado para la defensa de la verdad se enfrenta con la pregunta: “Guardián, ¿Qué hay de la noche? Siempre sintió que esta pregunta estaba dirigida a él… Fue responsabilidad suya no abandonar nunca lo que es normativo (para la fe), en su forma y en su contenido.” [64]

El cardenal Joseph Ratzinger (1927-) ha escrito también sobre la vida y la obra de Romano Guardini. En 1985, durante la celebración del centenario del nacimiento de Guardini, en la Katholische Akademie in Bayern, el prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, del Vaticano, hizo el retrato de Guardini como un teólogo que se dio cuenta de que se está viviendo el fin de la Época Moderna. Desde su conversión, en 1905, Guardini puso su corazón y su mente en Jesucristo, tal como es proclamado en la Iglesia. Al mismo tiempo, en el nivel de la filosofía, Guardini se percató de la insuficiencia de la filosofía kantiana. Usando la fenomenología de Max Scheler, se esforzó por tener oídos atentos a la auto-comunicación de Dios, especialmente tal como se le conoce en el culto y en la oración de la Iglesia. No fue accidental el hecho de que su obra principal haya sidoVom Geist der Liturgie. En la década de 1920 estaba lleno de optimismo y pensaba que una nueva manera de pensar iba a predominar muy pronto entre los alemanes. Sin embargo, esta visión tan positiva cambió gradualmente. Para 1950, vio —como es manifiesto en Das Ende der Neuzeit— que en la sociedad prevalecía todavía el escepticismo. Perturbado por la influencia de las ideas contemporáneas en la vida de la Iglesia, Guardini escribió su carta, invitadora a la sobriedad, al Congreso Litúrgico Alemán de 1964, sobre la dificultad de las acciones litúrgicas para los hombres y mujeres del siglo XX. Así, sesenta años después de su conversión, estaba todavía en pie para poner en alto la verdad y salvaguardar a uno de sus loci: el culto de la Iglesia. [65]

Esta breve revisión de las representaciones de Guardini hechas por Rahner, Balthasar y Ratzinger arroja luz tanto sobre las semejanzas como sobre las diferencias de sus respectivas maneras de ver al teólogo. Los tres ponen de relieve su consagración a la verdad sobre Dios y sobre la existencia personal. Rahner reitera lo de su atención constante a “lo eterno en el hombre”. Balthasar subraya su concentración deliberada, clara, en la revelación. Y Ratzinger acentúa su orientación a la sabiduría que él encuentra en el catolicismo. Pero los tres autores difieren entre sí en lo que respecta a la relación de Guardini con la Iglesia y con la sociedad. Rahner subraya su función crítica dentro de la Iglesia anterior al Vaticano II. Por el contrario, Balthasar y Ratzinger hacen hincapié en que Guardini jugó un papel profetice en la sociedad. Según Balthasar, él insistió en que la existencia personal auténtica sólo se da por la relación con el Dios de Jesucristo; y según Ratzinger, él reconoció que la Iglesia es la protectora de la verdad sobre Dios y sobre la vida humana. [66]

¿Qué se ha de pensar de las disparidades de estas tres imágenes de Guardini? Las diferencias que hay en las descripciones que se hacen de él, se explican, en parte, porque la vida y la obra del mismo Guardini fueron un entramado de opuestos, y por esta razón no se le puede abarcar solamente con una descripción. Como lo dijo Der Spiegel, Guardini fue una personalidad muy compleja. Y fue un crítico leal, tanto de la Iglesia como de la cultura de nuestro tiempo. Pero la disparidad de estas imágenes proviene, también, de que cada uno de estos teólogos ha querido echar algo de luz en el rico pensamiento de Guardini sobre uno de los temas que es central en su propia teología: Rahner acentuó la universalidad de la gracia; Balthasar, la unicidad de la palabra de Dios en Jesucristo; y Ratzinger, la importancia de hacer teología con fidelidad al magisterio de la Iglesia.

A nuestro juicio, la presentación que hace Rahner de la vida y de la obra de Guardini es más fiel al teólogo y a su contexto histórico que la de Balthasar y la de Ratzinger. Según Rahner, el periodo en que Guardini produjo su obra más creativa fue el de los años en Berlín. De 1923 a 1943, Guardini estudió la obra de San Agustín y la de Rilke, reflexionó sobre la persona de Jesucristo y exploró los tópicos de la existencia personal, de la libertad y de la gracia. Y también, durante este periodo condujo al movimiento litúrgico fuera de los monasterios y lo llevó a las parroquias por medio de sus escritos y por la dirección de Quickborn. Y finalmente, como señala Rahner, la obra de Guardini en Berlín y en Burg Rothenfels no sólo fue valiosa por sí misma, sino también porque condujo a la Iglesia católica a un diálogo constructivo con las ideas contemporáneas. Por el contrario, Balthasar y Ratzinger separan a las obras de Guardini del contexto político, social y eclesial anterior al año de 1950, en el que tuvo que luchar para ser respetado. Y como resultado, le conceden muy poca importancia a las fricciones que tuvo con las autoridades eclesiásticas. [67]

Pero las consideraciones de Rahner, Balthasar y Ratzinger comparten una misma inadvertencia. Aunque no dejan.de señalar que Guardini prefirió no usar los métodos histórico-críticos en su interpretación de la Escritura, se les pasa señalar que esta omisión debilitaba a la teología de Guardini y a su consagración a la verdad. Heinrich Kahlefeld (m. 1980) se opuso a Guardini en este punto y lo hizo con toda razón. [68] La falla de Guardini es especialmente notoria después de que Pío XII publicó la Divino Afflante Spiritu(1943), en la que confirmó el papel de la investigación crítica para determinar el sentido literal de un texto bíblico. Rahner, Balthasar y Ratzinger están, por supuesto, en lo correcto al decir que Guardini quería descubrir el sentido pleno de la Escritura. Pero a la luz de la Divino Afflante Spiritu, de la Constitución dogmática sobre la divina revelación, y de las más recientes instrucciones de la Pontificia Comisión Bíblica, estos teólogos debieron decir claramente que, después de 1943, Guardini estuvo equivocado al no tomar en cuenta las enseñanzas de la Iglesia en su interpretación de la Escritura. Como se dijo más arriba, Flannery O’Connor, que no tuvo una educación teológica formal, advirtió esta deficiencia en los escritos cristológicos del teólogo, sin que esto menguara sus alabanzas por su obra. Siguiendo este ejemplo, hemos de señalar esta imperfección en la interpretación bíblica de Guardini, sin dejar de respetarlo por sus grandes logros.

Y para concluir, se ha de notar que Guardini influyó no nada más en Rahner, Balthasar y Ratzinger, sino también en muchos otros autores de habla alemana. [69] Después de haber estudiado en la Universidad de Friburgo por los mismos años, Martin Heidegger y Guardini intercambiaron correspondencia y leyeron recíprocamente sus escritos. En los años de la posguerra se encontraron en Munich. [70] TambiénMartin Buber y Guardini trabajaron juntos a principios de la década de 1920. [71] En 1952, Guardini mandó a Buber su discurso “Verantwortung” sobre la responsabilidad moral de los alemanes frente a los judíos. Y en su respuesta, Buber, que había huido hacia Palestina en 1938, le escribió a Guardini: “Al leer (su discurso) advertí que algo había cambiado para mí. Ya me era posible volver a hablar públicamente en Alemania”. [72] Más tarde, Buber dio cursos públicos y visitó a Guardini en la ciudad de Munich. Además, la filósofa judía Hannah Arendt recibió un impacto profundo en los cursos de Guardini, en Berlín, en la década de 1920, y movida por su libro sobre San Agustín, escribió posteriormente su tesis sobre el obispo de Hipona, bajo la dirección de Karl Jaspers. [73] También Otto von Simson (m. 1993), historiador del arte y dirigente cívico, fue alumno de Guardini en Berlín, enseñó en la Universidad de Chicago durante el Tercer Reich, y en 1957 volvió a Berlín donde fue dirigente en la Universidad Libre de Berlín y en la Guardini-Stiftung (la fundación Guardini). [74]

Durante los tres semestres que Guardini enseñó en la Universidad de Tubinga hizo una impresión duradera en el pensar del joven redentorista Bernard Häring, que escribió una ética teológica de la virtud no muy diferente de la de Guardini. [75] Por otra parte, el teólogo Michael Schmaus (m. 1995) fue el primer autor católico que citó la obra de Guardini en un manual de teología, e hizo feliz a Guardini al dedicarle el primer volumen de su Katholische Dogmatik. [76] Y es digno de notarse que la obra de Guardini es citada todavía hoy por Walter Kasper, antes profesor de la Universidad de Tubinga y ahora obispo de la diócesis de Rottenburg-Stuttgart. [77] Esta lista podría alargarse. [78] Para concluir, se debe mencionar que las ideas de Guardini han sido bien recibidas también por autores protestantes como Paul Fechter, Gerhard von Rad y Helmut Thielicke. [79]

Esta revisión del impacto de Guardini sobre los autores de habla alemana muestra que este teólogo ha significado una diferencia digna de advertirse en el pensamiento católico alemán. [80] Aunque no fue apreciado del todo en calidad de teólogo, por no haber querido seguir el método neo-escolástico, Guardini enseñó a teólogos y no teólogos cómo entender de nuevo la fe cristiana y cómo llevarla al diálogo con el pensamiento contemporáneo. En este sentido, Walter Dirks ha escrito: “Los especialistas de la academia tuvieron y tienen… sus dudas respecto de él y no le otorgan un respeto muy grande. Sin embargo, la conciencia católica en Alemania tendría un aspecto muy diferente si este hombre se hubiera quedado en la tierra que lo vio nacer.” [81]

El legado de Guardini en la actualidad

Como se ha visto, la pasión por la verdad sobre Dios y sobre la existencia personal y su importancia fueron el principio unificador de la vida y del pensamiento de Guardini. Lo hicieron salir del ghettointelectual y cultural en que se hallaba el catolicismo y lo llevaron a un intercambio con algunos de los mejores pensadores del siglo XX. Además, esto mismo fue causa de su ruptura con la neo-escolástica y de su adopción de un método inductivo en teología, que estaba basado en su teoría de los opuestos. Y también, su sed de conocimientos dirigió a Guardini hacia la reformulación de las doctrinas cristianas sobre la revelación, la Iglesia, la liturgia y Jesucristo.

Por medio de este diálogo con el mundo, de su método experiencial, y de sus ideas seminales, Guardini contribuyó a la fermentación espiritual e intelectual que tuvo lugar en el catolicismo en las décadas anteriores al Vaticano II. El hecho de que él mismo haya sido sorprendido por el espíritu de renovación del Concilio, y se haya sentido inseguro con sus resultados, es una prueba de que no se había propuesto hacer un concilio de reformas. Más bien, su empeño había sido siempre el de redescubrir la riqueza de la tradición judeo-cristiana, comunicarla a los hombres de su tiempo, y dejar que su obra diera frutos según la voluntad de Dios.

¿Cuál es el legado de Guardini en la Iglesia después del Vaticano II? En último término es el de su consagración a la búsqueda de la verdad sobre Dios y sobre la vida humana, y a la comunicación efectiva de ella entre las personas. Con relación a este empeño, hay todavía algunas cosas en particular que podría enseñar hoy. Uno de estos valores es su consagración completa a saber más y más sobre la tradición judeo-cristiana. Otro es su uso de los opuestos en el discurso teológico. Y hay un tercer valor que tiene que ver con el carácter del culto; Vom Geist der Liturgie es uno de los libros clásicos de la teología. Y finalmente, las obras de Guardini nos pueden inspirar todavía con su visión inclusiva, o verdaderamente católica. Como el mismo Guardini dijo en 1944, lo que él quiso a lo largo de toda su vida fue “llevar a una buena relación lo incondicional de la fe cristiana y la visión imparcial de la realidad y la cultura de nuestros días”. [82]

Uno de los desafíos más grandes que enfrenta la Iglesia después del Vaticano II es que la comunidad cristiana se ha de mantener fiel a una doble responsabilidad: a la riqueza de la tradición judeo-cristiana y al mundo de la época presente. Es muy frecuente ver que se tiende a reducir este doble compromiso —fidelidad al pasado y fidelidad al presente— y todo se presenta como una actitud disyuntiva —o esto o aquello— que en realidad divide a la Iglesia. No cabe duda de que es difícil reconciliar la continuidad con las enseñanzas del pasado y el diálogo con la época contemporánea. No hace mucho tiempo que Walter Kasper llamó la atención sobre estos desafíos cuando lanzaba las siguientes interrogaciones: “¿Cómo puede salir la teología del dilema de la identidad o de la relevancia en el que se encuentra metida? ¿Cómo puede escapar a la lógica férrea que le exige preservar su relevancia, pero a costa de su identidad, o guardar su identidad a costa de su relevancia, y al precio de su retorno al ghetto? [83] El mismo Kasper da una respuesta que pudo haber sido suscrita por Guardini: la Iglesia debe mantener la polaridad (Gegensatz), sin dejar que esta tensión creativa “degenere en una ‘contradicción’ (Widerspruch) que ya no se pueda volver a integrar” en la vida de la misma Iglesia. [84]

El primer legado de Romano Guardini a la Iglesia después del Vaticano II es, por lo tanto, este espíritu para discernir y controlar la tensión entre identidad y relevancia, entre fe y cultura, de modo que llegue a ser un dinamismo creativo para bien de la Iglesia y de la sociedad. Guardini, durante su vida, recuperó la sabiduría del pasado para beneficio del presente, y aprendió de la experiencia presente para entender las intuiciones de la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia. Cuando cumplió setenta años, dijo que la fe cristiana debe llevar a cabo “un encuentro metódico entre la fe y el mundo” en el que “la fe ha de hablar y dar las respuestas” y “el mundo ha de plantear las preguntas y recibir la iluminación de la fe”. [85] Diez años más tarde, al cumplir los ochenta años, Guardini reiteró su idea al decir: “con la base en la fe cristiana se ha de abrir una visión del mundo, un vislumbre de lo que es su esencia, una apreciación de sus valores, cosa que de otro modo no es posible”. Al mismo tiempo, la cultura de la época ha de enriquecer nuestra comprensión de la fe cristiana, porque “a partir del mundo y de sus problemas se plantean problemas a la revelación que hacen que sus contenidos hablen, ya que de otra forma permanecen en silencio. En este encuentro, siempre nuevo y cambiante, se logra una iluminación rica en frutos para la existencia cristiana”. [86]

Guardini también dejó dicho cuál ha de ser, en nuestro tiempo, el diálogo rico en frutos entre la fe y la cultura. Desde 1935, en Vom Leben des Glauben observó que “luego del uso exuberante de símbolos, imágenes y formas que se hizo en el pasado, ahora surge un estilo de fe que anhela la simplificación, el retorno a las fuentes, la concisión.” [87] Y en coherencia con esta visión, él mismo escribió con una osada simplicidad y exhortó al uso de formas de sobria expresión en la liturgia y en la dirección de la Iglesia. Sostuvo siempre que si la teología se basa en la vida de la Iglesia y en la vida de todos los días, será comprendida por los contemporáneos. En 1960, cuando tenía setenta y cinco años de edad, Guardini escribió: “Se debe escribir una teología que fluya a partir de las realidades básicas de la Escritura, del contenido doctrinal fundamental de la Iglesia, y de la esencia de la vida humana, y en un lenguaje que sea compartido por los teólogos y por los fieles de hoy”. [88] Y aquí está, una vez más, el compromiso de Guardini con la sabiduría de la tradición judeo-cristiana y con su relevancia para la vida moderna.

Para concluir, uno debe sentirse animado por la idea de Guardini respecto del poder de la verdad. Advirtiendo que se vive en una tensión creativa entre fe y cultura, Guardini hizo hincapié en que la palabra de Dios tiene la fuerza para hacer que ella sea conocida. Esta convicción lo mantuvo en pie durante los años difíciles, especialmente en la época del Tercer Reich. Y siguiendo el ejemplo de Guardini, uno no debe desanimar cuando la sabiduría parece ser rechazada por la sociedad, o por la Iglesia. Como lo dice el mismo Guardini en la “Oración para la hora del sufrimiento”, se debe hacer, en todo caso, un acto de confianza, y tener por seguro que la luz de Dios ha de brillar en medio de lo que parece completa oscuridad. En 1945, cuándo comenzaba el año duodécimo bajo la tiranía de los nazis, Guardini afirmó así su convicción:

La verdad es un poder, pero sólo cuando no se le exigen efectos inmediatos, sino que se tiene paciencia y se toma en consideración que el camino va a ser largo. Y mejor todavía, si uno, en general, no piensa en los efectos, sino que piensa solamente en presentar la verdad por sí misma, por su santa y divina grandeza… Como ya se ha dicho, se tiene que tener paciencia. Y no hay que tener objetivos específicos. De alguna manera, la falta de una programación concreta es el poder más grande de todos. A veces, especialmente en los últimos años, yo he tenido la sensación de que la verdad estaba allí, frente a mí, como una realidad que está en la habitación. [89]

Un ejemplo concreto de estas afirmaciones de Guardini fueron su propio liderazgo pastoral y sus libros. Guardini no se propuso hacer en la Iglesia la “gentil revolución” de la que habla Der Spiegel. Lo que siempre quiso hacer fue recuperar la sabiduría de la Iglesia y ponerla a la luz de la época que le tocó vivir. Y al buscar alcanzar este objetivo, pudo enseñar a miles de jóvenes católicos cómo entender su fe cristiana y las ideas de la época presente. Y sin que se diera cuenta, condujo a los católicos a un Concilio ecuménico cuyos resultados, por un lado, le dieron una gran satisfacción, y por otro, le llenaron de preocupaciones. El legado de Guardini para el día de hoy es una inspiración para descubrir y para comunicar —con palabras y con obras— la verdad sobre Dios y la verdad sobre la vida humana, y para confiar en que esta verdad dará sus frutos, en el momento en que Dios lo quiera.

* Tomado de Robert A. Krieg, Romano Guardini. Un precursor. Traducción de José Benigno Zilli, Biblioteca Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz, México, 2003.

** Robert A. Krieg es profesor de Teología en la Universidad de Notre Dame. Es autor de Kart Adam (Notre Dame Press, 1992) y de Store-Shaped Christology

Notas

[1] Berichte, 109.

[2] Wahrheit, 85.

[3] Ibid., 47.

[4] Esta imagen de Guardini ha sido corroborada por otras opiniones respecto de él. Eva Maria Faber sostiene que “el deseo más profundo de Guardini era la iluminación recíproca de la fe y del mundo en el servicio de la verdad y del sentido de la existencia personal”; ver E. M. Faber, “Guardini”, en LThK3 4: 1087-88. El libro de Amo Schilson tiene el título de “Conservador con la vista hacia el futuro”; ver Schilson, Konservativ mit Blick nach vorn. Alfons Knoll eligió también un título que transmite la doble consagración de Guardini: “Fe y Cultura”; ver Knoll, Glaube und Kultur. Hanna Barbara Gerl hizo la observación de que el punto central de la vida y del pensamiento de Guardini era su búsqueda de Dios; Gerl,Anfechtung, 9. Según Hans Mercker, “la intención más profunda” de Guardini era “un intento de proponer una nueva concepción de la teología con el atuendo de una “cosmovisión cristiana que toma en serio al mundo como un hecho teológico genuino radicado en lo más íntimo de la vida de Dios”; ver Mercker, Christliche Weltanschauung, 77. A juicio de Ingeborg Klimmer, Guardini era un ” maestro socrático” que fue llamado para “despertar la verdad en otros” y “la verdad que determinaba y sostenía su propia vida personal”; ver I. Klimmer, “Vorbemerkung”, en RGL, 10. Finalmente, Hans Urs von Balthasar ha dado a su libro sobre Guardini el subtítulo “reforma a partir de la fuente”; ver Balthasar, Romano Guardini: Reform aus dem Ursprung.

[5] Ver Thomas F. O’Meara, “Romano Guardini’s Akademische Feier in 1964“, en RoGu, 98-103.

[6] Helmut Kuhn, Heinrich Kahlefeld, y Karl Forster, eds., Interpretation der Welt(Würzburg: Echter, 1965), 9. Al cumplir los cincuenta años Guardini recibió unFestschrift: Schmidthüs, ed., Christliche Verwirklichung. Sus treinta y nueve ensayos incluyen contribuciones de Josef Bernhart, Antón Bruckner, Ildefons Herwegen, Jacques Maritain, Hermann Platz, Vera Sussmanny Josef Weiger.

[7] Para una parte de la carta, ver Edmund Szydzik, “Romano Guardini (1885-1968)”, en Knauft, ed., Miterbauer des Bistums Berlin, 77-9-1, 77; Gerl, Romano Guardini, 60.

8] Wahrheit, 84.

[9] Ver Gerl, Romano Guardini, 360-63.

[10] Wahrheit, 74, 77, 82, 124, 132. Según el obispo Ernat Tewes, Guardini sintió cada vez más la carga del sufrimiento ñaico en loe años de la posguerra; ver E. Tewes, “Romano Guardini”.

[11] “Der angefochtene Glaube” (1961), en RGL, 86-96.

[12] Wahrheit, 120,134.

[13] Citado en Karl Rahner, “Why Does God Allow Us To SufferT’ en Ídem, Theological Investigations, 19: Faith and Ministry, trad. Edward Quinn (New York: Crossroad, 1983), 194-208, 207-8. Walter Dirks hizo pública esta conversación poco después de la muerte de Guardini; ver W. Dirks, “Ein angefochtener sehr treuer Christ”, Die Zeit(October 13, 1968).

[14] The Virtues, 40.

[15] Ver Félix-Alejandro Pastor, “Secularization”, y Solange Lefebvie’s en DicFTh, 971-75, 976-86.

[16] “The Stages of Life and Philosophy” (1955), trad. de Edwin G. Kaiser) Philosophy Today I (1957): 75-79, 78; verFaith and the Modern Man, trad. Charlotte E. Forsyth (New York: Pantheon Books, 1952 (1944). Si no se dice otra cosa, las afirmaciones de Guardini sobre las fases de la vida humana están tomadas de “The Stages of Life and Philosophy.”

[17] Ver Knoll, Glaube una Kultur, 493; Mercker, Christliche Weltanschauung.

[18] Briefe, 55; ver “Mickymaus & Co.” (1962), en Sorge um Welt, I, pp. 235-37. Si no se dice otra cosa, las afirmaciones de Guardini en estas cartas están Briefe.

[19] Ver ibid., 13, 17, 26, 44, 56.

[20] Ver Freedom, Grace and Destiny, 219. Un fresco del Juicio final llena la pared del santuario en la iglesia de St. Ludwig donde Guardini predicó a lo largo de quince años. Ver Hanna Barbara Gerl, “Romano Guardini (1885-1968)”, en Helmut Hempfer y Peter Pfister, eds., St. Ludwig in München (Weissenhorn: Anton H. Konrad, 1995), Frank Büttner, “Unzeitgemässe Gröβ”, Das Munster (1993): 293-304.

[21] Ver Mercker, Christliche Weltanschauung, 42. El texto original reza: “Con fe en Jesucristo y en su Iglesia. Con confianza en su juicio benigno”. En el cementerio de la iglesia de St. Laurence los oratorianos que están sepultados junto a Guardini son: Philipp Dessauer (1898-1966), Joseph Jammers (1906-1987), Heinrich Kahlefeld (1903-1980), Franz Schreibmayr (1907-1985), Klemen Tilmann (1904-1984), y Jan Wiggers (1907-1961).

[22] “Wahrheit and Ironie”, en Karl Forster, ed., Akademische Feier zum 80. Geburtstag von Romano Guardini(Würzburg: Echter, 1965), 36-41, 37. El discurso aparece también en Stationen und Rückblicke (Würzburg: Werkbund, 1965), 41-50. Si no se dice lo contrario, las afirmaciones de Guardini en este discurso están citadas de Akademische Feier. La melancolía de los últimos años de Guardini pudo haber tenido su influencia en este discurso; ver Schlette, “Romano Guardini-Versuch einer Würdigiíng”, 281-83.

[23] Plato, Republic, trad. Paul Shorey, en Edith Hamilton and Huntington Cairns, eds.,The Collected Dialogues of Plato (Princeton: Princeton University Press, 1971), 744. (Platón, Diálogos, Porrúa, México, 1979, p. 512).

[24] Edward Schillebeeckx, Jesus, trad. Hubert Hoskins (Nueva York: Seabury, 1979), 44. (Jesús. La historia de un viviente, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1981, p. 37).

[25] Ver Wahrheit, 59, 39.

[26] Peter Hebblethwaite, Paul VI (New York: Paulist Press, 1993), 182.

[27] Ver Wüliams, The Mind of John Paul II, 115-40.

[28] Juan Pablo II, “Ansprache bei der Begegnung mit Theologieprofessoren im Kapuzinerkloster St. Konrad in Altótting am 18. November 1980”, en Sekretariat der Deutschen Bischofskonferenz, ed., Predigten und Ansprachen von Papst Johannes Paul II bei seinem Pastoralbesuch in Deutschland, 3a. ed. rev. (Bonn: Sekretariat der Deutschen Bischofskonferenz, 1981), 169.

[29] Ver M. Farrugia, “Romano Guardini”, en DicFTh, 403-6; A. Babolin, Romano Guardini: Filosofo dell Alteritá, 2 vols. (Bologna: Zanichelli, 1968,1969); H. Engelmann and F. Ferrier, Romano Guardini: Le Dieu vivant et l’Existence chrétienne (París: Editions Fleurus, 1966); A. López Quintas, Romano Guardini y la dialéctica de lo viviente(Madrid: Talleres Gráficos de Ediciones Castilla, 1966).

[30] Obituarios en inglés aparecieron en el New York Times (October 2,1968): 39; The Tablet 222 (October 12, 1968): 1021; Time 92 (October 11, 1968): 102. Entre los anteriores artículos sobre Guardini se cuentan: “Faith is the Center”, Time 75 (March 14,1960): 51; “Candid Monsignor”, Newsweek 45 (January 10,1955): 50. Ver Robert A. Krieg, “North American Catholic’s Reception of Romano Guardini’s Writings”, en RoGu, 43-59.

[31] Sophia Institute Press ha vuelto a imprimir Meditations Before Mass; Prayer in Practice, bajo el nuevo título deThe Art of Praying; y The Rosary of Our Lady. Regnery ha vuelto a imprimir The Lord.

[32] Ver RoGu, cuyos colaboradores son L. Cunningham, K. Hughes, R. Krieg, H. Kuehn, R. Kuehn, G. Mueller Nelson, T. O’Meara, A. Schilson, y A. Wimmer. La antología es: Heinz R. Kuehn, ed., The Essential Guardini (Chicago: Liturgy Training Publications, 1997). Muy pronto también se tendrá en inglés el libro de Hans Urs von Balthasar, Romano Guardini, trad. Albert Wimmer (San Francisco: Ignatius Press, [1970]).

[33] Ver Massimo Borghesi, “Reflection: A New Beginning”, 30 Days 12 (1992): 62-68; Roland Hill, “Spiritual Liberator”, The Catholic World Report 1 (June 1992): 52-55.

[34] Walter J. Ong, S.J., por otra parte, apeló a The End of the Modern World en su propuesta para que los católicos participen más plenamente en la cultura americana; W. Ong, Frontiers in American Catholicism (New York: Macmillan, 1957), 9. Ver Krieg, “North American Catholic’s Reception of Romano Guardini’s Writings.”

[35] Ver Erigid Merriman O’Shea, Searching for Christ (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1994), 78.

[36] George N. Shuster, “The Several Humanists”, Commonweal 40 (April 2,1930): 613-15. Ver Thomas E. Blantz,George Shuster (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1993), 64, 89, 90, 202.

[37] Ver Dorothy Day, The Long Loneliness (New York: Curtis Books, 1952), 98; William D. Miller, Dorothy Day (San Francisco: Harper and Row, 1982), 198, 234, 413.

[38] Ver Joseph B. Gremillion, “Interview with Romano Guardini”, America 100(November 15, 1958): 194-95.

[39] Ver Linda Gray Sexton y Lois Ames, eds., Anne Sexton (Boston: Houghton Mifflin, 1975), 125.

[40] Monika K. Hellwig, “A Catholic Scholar’s Journey through the Twentieth Century”, en James L. Heft, ed., Faith and the Intellectual Life (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1996), 71-85, 81.

[41] Ver Avery Dulles, The Assurance of Things Hoped For (New York: Oxford University Press, 1994), 130-32, 134, 137, 142, 247; Ídem, The Craft of Theology (New York: Crossroad, 1995), 120; ídem, Revelation Theology, 145-46.

[42] En 1954, impresionado por The Sign of Jonah (1953), de Merton, Guardini revisó su visión anterior sobre el espíritu americano que había sido negativa; ver Wahrheit, 98. Guardini también tuvo la intuición de que Merton podría haber escrito “un libro verdaderamente grande para nuestro tiempo” si hubiera dejado de escribir por unos pocos años; ver Gremillion, “Interview with Romano Guardini”, 194.

[43] Ver Thomas Merton, A Search for Solitude, ed. Lawrence S. Cunninghm ( San Francisco: HarperCollins, 1996), 246, 248.

[44] Thomas Merton, The Courage for Truth, ed. Christine M. Bochen (Newer Parrar, Straus, y Giroux, 1933), 56.

[45] Thomas Merton, Conjectures of a Guilty Bystander (Garden City: Doubleday, 1966), 284-85.

[46] Ver John Howard Griffin, Follow the Ecstasy (Fort Worth, Texas: JHG Editions, 1983), 135-36.

[47] Thomas Merton, The Road to Joy, ed. Robert E. Daggy (New York: Parrar, Straus, y Giroux, 1989), 97.

[48] Ver Rose Bowen, “Christology in the Works of Flannery O’Connor”, Horizons 14(1987): 7-23.

[49] Flannery O’Connor, The Habit of Being: Letters of Flannery O’Connor, ed. Sally Fitzgerald (New York: Parrar, Straus, and Giroux, 1979), 74.

[50] Ibid., 131,150.

[51] Flannery O’Connor, The Presence of Grace and Other Book Reviews, compilación de Leo J. Zuber, ed. Cárter W. Martin (Athens, Ga.: University of Georgia Press, 1983), 16.

[52] Ver O’Connor, The Habit of Being, 191. En el otoño de 1956 O’Connor leyó el escrito de Guardini “Dostoyevsky’s Idiot: A Symbol of Christ” (1939), trad. Francis X. Quinn,Cross Currents 6 (1956): 359-82.

[53] O’Connor, The Habit of Being, 99. 64 Md., 304.

[55] O’Connor, Presence of Grace, 55.

[56] O’Connor, The Habit of Being, 230-31.

[57] Ibid., 169.

[58] Der Spiegel 22 (October 7,1968): 224.

[59] Ver Schilson, “Romano Guardini und die Theologie der Gegenwart”; Gerl,Anfechtung.

[60] Karl Rahner, “Festvortrag”, en Forster, ed., Akademische Feier, 17-35. Reimpreso K. Rahner, “Ansprache zum 80. Geburtstag von Romano Guardini”, en idem, Gnade ais Freiheit (Freiburg: Herder, 1968), 253-65. Una versión abreviada, en Karl Rahner, “Thinker and Christian”, en idem, Opportunities for Faith, trad. Edward Quinn (New York: Seabury, 1975), 127-31. Ver Karl Rahner, I Remember, 73-75.

[61] Ver Elio Guerriero, Hans Urs von Balthasar (Milán: Paoline,1991); Eicher,Offenbarung, 292. Guardini y Balthasar se mantuvieron en contacto toda la vida; verWahrheit, 59,115. Es interesante observar que mientras Guardini declinó la invitación de Paulo VI, Balthasar aceptó la invitación de Juan Pablo II, pero murió antes de recibir la púrpura.

[62] Balthasar, Romano Guardini, 21.

[63] Ibid., 108.

[64] Ibid., 11,108.

[65] Ratzinger, “Von der Liturgie zur Christologie.”

[66] Ver Joseph Ratzinger, A New Song for the Lord, trad. Martha M. Matesich (New York: Crossroad, 1996 [1995] ), 25, 42-44, 49, 73,117-18; idem, “Guardini on Christ in Our Century”; idem, “God and Freedom: Jesús, the Way, the Truth and the Life”, Origins 19(February 8, 1990): 591-96; esp. 595; idem, “The Church and the Theologian”, Origins 15(May 8,1986): 761-70; esp. 763, 766; Aidan Nichols, The Theology of Joseph Ratzinger(Edinburgh: T. & T. Clark, 1988), 29, 114, 137, 215, 288-89. (Joseph Ratzinger, edizione italiana a cura di Jacques Serváis, Prefazione di Joseph Ratzinger, Edizioni San Paolo, 1996).

[67] Sobre la tendencia ahistórica del pensamiento de Ratzinger, ver Robert A. Krieg, “Cardinal Ratzinger, Max Scheler and Christology”, ITQ 47 (1981): 205-19.

[68] Ver Gerl, Romano Guardini, 335-36.

[69] Sobre la influencia de Guardini, ver Gunda Boning, “Theologie des Existenz: Zum 25. Todestag Romano Guardinis am 1. Oktober 1993”, Münchener Theologische Zeitschrift 44 (1993): 359-63; Winfried Bóhm, “Über das geistige Erbe Romano Guardinis”, en Josef Schreiner y Klaus Wittstadt, eds., Communio Sanctorum (Würzburg: Echter,1988), 610-23; Heinz Robert Schlette, “Guardini-Literatur im Jubiláumsjahr”, Theologische Revue 81 (1985): 441-50; Hans Maier, “Romano Guardini: Erinnerungen am 10. Todestag”, zur debatte: Themen der Katholischen Akademie in Bayern 8 (November-December, 1978): 1-3.

[70] Ver Wahrheit, 49-50, 71, 77, 81, 86,111-12; Gerl, Romano Guardini, 64, 87,134,144 331, 359 360; Hugo Ott, “Um die Nachfolge Martin Heideggers nach 1945”, en Annemarie GethmannSiefert, ed., Philosophie und Poesie, 2 (Stuttgart: Frommann-Holzboog, 1988), 37-59.

[71] Ver Wahrheit, 50,108; Gerl, Romano Guardini, 80,122,132-34, 254, 298, 348, 354.

[72] Ver Friedman, Martin Buber’s Life and Work: The Later Years, 1945-1965, 111, 118, 397. El 17 de junio de 1953, Buber recibió el Premio de la Paz de la Asociación de los Libreros Alemanes en la iglesia St. Paul de Frankfurt y estuvo acompañado por Guardini, que había recibido este premio el año anterior; ver Gerl, Romano Guardini, 354. En 1963 Guardini hizo un donativo para el bosque Martin Buber Forest en el Kibutz israelita de Hazorea; ver Nahum N. Glatzer y Paul Mendes-Flohr, eds., The Letters of Martin Buber, trad. Richard, Clara Winston y Harry Zahn (New York: Schocken Books, 1991), 657.

[73] Ver Friedrich Georg Friedmann, Hannah Arendt (Munich: Piper, 1985), 16; Elisabeth Young-Bruehl, Hannah Arendt (New Haven: Yale University Press, 1982), 34, 36,45, 283.

[74] Ver Der Spiegel 47 (May 31, 1993): 260.

[75] Ver Bernard Häring, My Witness for the Church, trad. Leonard Swidler (New York: Paulist Press, 1992), 27.

[76] Ver Berichte, 116; Wahrheit, 58.

[77] Ver Kasper, Theology and Church, 45-46, 55, 129-32,149; idem, The God of Jesus Christ, trad. Matthew J. O’Connell (New York: Crossroad, 1984), 53, 347 (El Dios de Jesucristo, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1994); idem,Jesus the Christ, 33, 188.

[78] Según Avery Dulles (The Assurance of Things Hoped For, 134), Jean Daniélou “construyó conscientemente sobre la obra de Guardini”. Guardini es citado con frecuencia en HanFTh. Además, tiene un capítulo en Fritz März, Klassiker christlicher Erziehung (Munich: Kósel, 1988), 373-420. Y también es descrito como uno de los “padres de la Iglesia contemporánea” por Thomas Kampermann, Das Geheimnis des Alten Testaments(Munich: Hueber, 1962). Ver Joseph Bernhart, Leben and Werk in Selbstzeugnissen, ed. Lorenz Wachinger (Weissenhorn: Antón H. Konrad, 1981), 11, 37, 39, 42, 45, 47, 78, 214, 253, 286, 289, 298, 355, 379.

[79] Ver Paul Fechter, An der Wende der Zeit (Gütersloh: E. Bertelsmann, (1949), 159- 67; Gerhard von Rad, Reden und Denkworte, 9 (Heidelberg, 1969), 147-52; Hems Thielicke,Notes from a Wayfarer, trad. David R. Law (New York: Paragon House, 19,95), 207-9, 330-31; Pöhlmann, Gottes Denker, 169-90.

[80] Ver Conferencia del Episcopado Alemán, The Church’s Confession of Faith, trad. Stephen Wentworth Arndt, ed. Mark Jordán (San Francisco: Ignatius Press), 1987 [1985J], 28.

[81] Dirks, “Romano Guardini”, 249.

[82] Berichte, 86.

[83] Kasper, Theology and Church, 5; ver idem, Jesus the Christ, 15.

[84] Kasper, Theology and Church, 7.

[85] ‘”Europa”, 20-21.

[86] “Wahrheit and Ironie”, 43.

[87] The Life of Faith, 89.

[88] Wahrheit, 125- Cf. La afirmación de Karl Rahner: “La teología consiste en una reflexión consciente sobre el mensaje del evangelio en una situación muy específica en términos de la historia del espíritu humano”; ver Karl Rahner, “Ecumenical Theology in the Future” (1971), en idem, Theological Investigations, 14, trad. D. Bourke (New York: Seabury, 1976), 254-69, 256.

[89] Berichte, 109-10. Sobre el contexto de esta afirmación, ver Heinz R. Kuehn, “Fires in the Night”, en RoGu, 1-14.

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