Filosofía y educación

Romano Guardini: Fe cristiana y literatura (II)*

Un “diálogo” con Rainer Maria Rilke:

Rainer Maria Rilkes Deutung des Daseins (1953) *

por *Robert Anthony Krieg**

En este ensayo, se sigue examinando las aportaciones de Romano Guardini en su diálogo con la literatura. En concreto, el autor se aproximará a la hermenéutica que Guardini emprendió en sus acercamientos a las Elegías del Duino del poeta alemán Rainer Maria Rilke. ¿Cuál era el objetivo y cuál el método de Guardini en Rainer Maria Rilkes Deutung des Daseins? Se propuso las dos metas que Max Scheler le había recomendado en 1923: por una parte, un análisis literario de Las elegías de Duino, y por otra, una evaluación sobre la verdad de los poemas, determinada a la luz de la fe cristiana. Estos propósitos tuvieron repercusiones, por un lado, en la crítica literaria (que se analiza en este artículo al mencionar las reacciones de autores de la talla de Albert Soergel, Curt Hohoff, Hans Georg Gadamer etc.), y por otro, en la nueva comprensión de las relaciones entre la Iglesia y el mundo que aparece en la Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II.

A lo largo de sesenta años, aproximadamente, Guardini publicó numerosos estudios sobre obras literarias. Entre los más antiguos de estos textos se encuentran sus reflexiones sobre la poesía de Miguel Ángel, que apareció en 1907, y su traducción, con estudio introductorio, del diario espiritual de Lucie Christine (m. 1908), una mística franciscana, que fue publicado en 1912. Con todo, la mayor parte de sus interpretaciones literarias brotaron a partir de conferencias en Berlín, Tubinga y Munich y también de discusiones habidas en Burg Rothenfels. Estudió las novelas de Dostoyevski en Der Mensch und der Glaube (El hombre y la fe, 1933), y de nuevo en Religiöse Gestalten in Dostojewskijs Werk (Figuras religiosas en la obra de Dostoyevski, 1939). En el libro Christliches Bewusstsein (1935) analizó los escritos de Pascal para entender una moderna reconciliación cristiana entre fe y razón. Las obras más grandes de Guardini sobre Dante son Der Engel in Dantes Göttlicher Komodie (El ángel en la Divina Comedia de Dante, 1937) y Landschaft der Ewigkeit (Paisaje de eternidad, 1957). Uno de los libros que más le gustaban fue su estudio sobre el pensamiento del poeta y filósofo Friedrich Hölderlin titulado Hölderlin: Weltbild und Frömmigkeit (Hölderlin: visión del mundo y piedad, 1939). Del interés de Guardini por comparar a Jesús de Nazaret con los más grandes filósofos y dirigentes religiosos de la humanidad, salió Der Tod des Sokrates (1947). Luego de publicar algunos ensayos sobre el libro Las elegías de Duino de Rainer Maria Rilke, examinó los diez poemas en Rainer Maria Rilkes Deutung des Daseins (1953). Los últimos estudios literarios de Guardini son Gegenwart und Geheimnis(Presencia y misterio, 1957) que trata sobre la poesía de Eduard MorikeSprache, Dichtung, Deutung(Lenguaje, poesía, interpretación, 1962), que es una colección de ensayos sobre obras de Rilke, Shakespeare y Wilhelm Raabe.

Dado que ya hay presentaciones generales sobre los estudios literarios de Guardini, aquí solamente se va a tratar Rainer Maria Rilke Deutung des Daseins, como un ejemplo de su hermenéutica literaria. [1] Se comienza con una revisión del origen, objetivo y método del libro y luego se examina el comentario que hace Guardini sobre la Primera elegía.

Rainer Maria Rilkes Deutung des Daseins fue el fruto de casi cincuenta años de lectura, reflexión y discusión. [2] Muchos jóvenes alemanes leían la poesía y las narraciones de Rainer Maria Rilke (1875-1926) durante los principios del siglo XX, y es muy probable que Guardini haya discutido estas obras en Burg Rothenfels. [3] En la década de 1930 estudió Las elegías de Duino (1923) en la Universidad de Berlín, y en 1938 escribió un ensayo sobre el primero de estos diez poemas. [4] Más tarde trató sobre las obras de Rilke en sus cursos en las universidades de Tubinga y Munich y publicó ensayos sobre el segundo, el octavo y el noveno de los poemas. [5] Pero se resistió a dar a la publicación el manuscrito de los diez poemas, hasta que tuvo la seguridad de haber sido justo en su interpretación. Y aún entonces admitía que en la obra de Rilke hay mucho más de lo que había captado, porque “no hay una interpretación de estas expresiones proféticas que pueda pretender ser la auténtica y definitiva”. [6] Y finalmente, Guardini mostró su alto aprecio por la obra de Rilke al dedicar Rainer Maria Rilkes Deutung des Daseins a su madre, con ocasión de su cumpleaños número novena y uno. [7] El compromiso personal de Guardini con esta obra se deja ver en un apunte de su diario, del 20 de agosto de 1953:

Acabo de hacer un paquete con las pruebas de imprenta del libro sobre Rilke… Estoy contento. El trabajo sobre las Elegías comenzó en Berlín a mitad de la década de 1930, primero como ejercicio para un seminario. Después, continuó en el primer año de la guerra, según creo, como conferencias a un círculo privado del que formaba parte la entonces condesa Hatzfeld a la que casé y que tuvo un destino trágico… Mis interpretaciones de tres de las Elegías (números 2, 8 y 9) aparecieron enSchriften zur geistigen Überlieferung, a través de Grassi. Ahora el texto está completo. Me pregunto si el resultado compensa el enorme trabajo que le he consagrado. Sin embargo, por lo que veo, es la primera confrontación crítica y filosófica con Rilke, y había que hacerla, porque su objetivo es entender (el poema) y esto es importante para la guía de nuestro tiempo. [8]

Mientras esperaba la publicación del libro, Guardini seguía leyendo la poesía de Rilke. [9] Y luego, cuando recibió el libro, hizo algo que era muy propio de su temperamento: se puso a cuestionar si había sido justo conLos elegías de Duino. El apunte de su diario, del 27 de noviembre de 1953, dice: “Hoy han llegado los primeros ejemplares del libro sobre Rilke. He pensado tanto y he escrito tantas veces las frases, que me parecen completamente sosas. He invertido mucho trabajo (en este libro) y ahora no sé si todos estos esfuerzos hayan valido la pena”. [10]

¿Cuál era el objetivo y cuál el método de Guardini en Rainer Maria Rilkes Deutung des Daseins? Se propuso las dos metas que Scheler le había recomendado en 1923: por una parte, un análisis literario de Las elegías de Duino, y por otra, una evaluación sobre la verdad de los poemas, determinada a la luz de la fe cristiana. Esto de ir más allá de la significación de las elegías hasta llegar a una apreciación de su validez, es algo exigido por el mismo Rilke, quien algunas veces afirmó que estos poemas tenían una inspiración religiosa. En palabras de Guardini: “Rilke, por tanto, pide de su lector más que una mera apreciación de la belleza de sus versos, o la comprensión de grandes pensamientos”. [11] Al escribir Las elegías de Duino (1923), y al escribir sus Sonetos a Orfeo (1922), Rilke se veía a sí mismo como el “portador” o el “profeta” de un mensaje que le era dictado por algo o por alguien distinto de él. Y como consecuencia de todo esto, tenía pretensiones explícitas no sólo sobre su propia experiencia de la realidad, su “verdad subjetiva”, sino también sobre la realidad en sí misma, la “verdad objetiva”. Por esta razón se debe hacer una evaluación no sólo del valor estético de estos poemas, sino también de su significado y de su verdad. En otras palabras: “La cuestión que se ha de responder aquí no es si el mensaje de Rilke merece respeto, sino si su impresionante versión sobre la vida y la muerte y sobre las relaciones de la humanidad y de las personas corresponden realmente a la verdad”. [12]

Guardini tenía conciencia de que su evaluación de Las elegías de Duino iba a ser objeto de controversias. En el libro anota que algunos autores han criticado sus estudios anteriores, porque en ellos sopesaba la verdad de las obras de la literatura. Refiriéndose a él mismo, afirma: “El autor ha provocado algunas críticas cada vez que deja el sendero de la apreciación histórica y estética y entra a una evaluación filosófica de las obras de poesía, en otras palabras, cada vez que se plantea la cuestión de su verdad objetiva”. [13] Con todo, este tipo de críticas no detuvo la marcha de Guardini, porque estaba convencido de que “a pesar del espíritu relativista de nuestro tiempo”, una crítica literaria que sea responsable tiene que incluir un tratamiento de la verdad de la obra literaria, especialmente en el caso de un texto como Las elegías de Duino que reivindica abiertamente una concepción sobre la naturaleza de la realidad.

¿Cómo hace Guardini el examen de Las elegías de Duino? Con un procedimiento parecido al del “new criticism” de Rene Wellek (m. 1995), se consagra primariamente al significado de los poemas tal como es transmitido por el sentido de las palabras. Esto es, examina el uso que Rilke hace de las palabras, las frases, los patrones de expresión y las imágenes en las Elegías de Duino. También compara el uso de las palabras y de las imágenes de Los elegías de Duino con el uso del lenguaje y de las imágenes del mismo Rilke en otros de sus escritos. Y además del estudio de estos factores que son internos al poema, Guardini aduce algunos factores de tipo externo. Anota todo lo que Rilke dice en sus cartas acerca de la génesis de Los elegías de Duino y acerca de sus intenciones. Y al mismo tiempo, sin ahondar en la psique del poeta, estudia cómo los poemas recibieron la influencia de las experiencias de la vida de Rilke, como la soledad de su niñez. Además, hace algunas asociaciones con las obras literarias de otros autores que tratan problemas, temas y motivos similares a los de Rilke. Por ejemplo, dado que las elegías hablan de los ángeles, Guardini trae a colación los rasgos de los ángeles en Dante y en Hölderlin. En suma, para hacer luz sobre el significado de Los elegías de Duino, miró primeramente al texto en sí mismo y luego, en segundo lugar, estudió sus antecedentes.

Guardini emprendió su evaluación de la verdad de Las elegías de Duino desde su concepción del catolicismo. En particular, trabajó sobre la base de tres presupuestos. Primero: está convencido de que la fe cristiana testimonia la verdad de Dios y la de la vida humana. Como se ha visto en sus obras sobre la revelación, sostiene que la fe en Jesucristo ofrece el punto de vista desde el cual uno puede ver la realidad tal como Dios mismo la ve. Segundo: supone que hay una oposición, pero no una contradicción, entre la revelación natural y la revelación histórica. [14] Alguien como Rilke, o como Hölderlin, que no esté dentro de la Iglesia, puede tener una experiencia religiosa, pero probablemente no es una persona de la que se pueda decir que ha alcanzado la correcta perspectiva sobre nuestras vidas en relación con Dios. Tercero: a juicio de Guardini, hay un espectro limitado de interpretaciones de las doctrinas principales de la fe cristiana. Por ejemplo, algunas afirmaciones acerca de Dios, o acerca de los ángeles, pueden ser verdaderas en cuanto comunican la experiencia de alguien, pero serían objetivamente erradas si no se ajustan a las enseñanzas de la Iglesia.

Una interpretación de la Primera elegía

Rainer Maria Rilke comenzó a escribir Las elegías de Duino en 1912, mientras residía en el castillo de Duino, no lejos de Trieste. Cuando dejó Duino, a mediados de 1912, llevaba en sus manos los borradores de la primera y de la segunda elegía y fragmentos de la tercera y de la décima. En los años siguientes trabajó algunas veces sobre las elegías, pero de 1911 a 1922 tuvo poca oportunidad de revisarlas. En febrero de 1922, en Chateau Muzot en el Valais suizo, consagró toda su atención a este proyecto y durante el lapso de unas pocas semanas se sintió inspirado para completar los ocho poemas que aún no estaban terminados. Como cada uno de los diez poemas es sumamente complejo, habrá que contentarse con parafrasear la Primera elegía de Rilke y luego resumir la interpretación que Guardini hace de ella. [15]

La Primera elegía habla de la soledad y del dolor de reconocer el carácter fugaz de la vida humana. Se abre con la pregunta: “¿Quién, si yo gritara, me escucharía en los órdenes celestes?” (v. I). [16] La respuesta pone en claro que no debemos buscar comunión con un ángel, porque no podemos soportar su poderosa presencia. En efecto, “todo ángel es terrible” (v. 7). Pero, si no podemos tener comunicación con un ángel, ¿a quién nos podemos dirigir? ¿A quién habremos de volvernos, especialmente al descubrir también que estamos desconectados de todos los seres humanos? Tenemos que vivir como “el héroe (que) se mantiene sin cesar, a tal punto que su propia muerte sólo es un pretexto para su nacer definitivo” (vv. 41-42). Nuestra situación es similar a la del “amante abandonado”. Hay que pensar en la joven Gaspara Stampa, de Milán, en el siglo XVI, que abandonada por el conde Collaltino di Collalto buscó su consuelo en la religión, en la poesía y en nuevos amantes. ¿No estamos como ella? “¿No es ya hora de que amando nos libremos de la persona amada, reprimiéndonos trémulamente como la flecha se afirma en la cuerda del arco para ser en el salto más de lo que fue?” (w. 50-52).

En esta situación, tenemos que “escuchar como sólo los santos escucharon, los santos a quienes la inmensa llamada levantó de la tierra” (vv. 54-55). Escuchar, en particular, a “los que murieron jóvenes” (v.61). Por supuesto, la muerte misma no es la respuesta, porque en la muerte sentiremos que “ciertamente es extraño no habitar ya la tierra” (w. 69-70). Con todo, podemos aprender de la muerte que tenemos que madurar hasta el punto en que “va perdiéndose la arraigada costumbre de lo terreno, como se pierde hasta el apego que nos une a los tiernos pechos de una madre” (w. 87-88). De acuerdo con la leyenda, el dios de la primavera, Linos, abandonó toda esperanza de plenitud en el amor, se vio abrumado por la tristeza y más tarde encontró su consuelo en la música. “¿Es vana la leyenda?” (v. 91). No, porque es posible que en “el vacío” sintamos “su vibración… la misma que aún nos arrebata, consuela y reconforta” (w. 94-95).

Los temas de la Primera elegía

Como lo advierte Guardini, la Primera elegía consta de siete unidades. En la primera unidad (vv. 1-7), Rilke expresa su deseo de entrar en comunión con los ángeles, pero en la segunda unidad (w. 8-25) concluye que debe abandonar este deseo de intimidad y vivir en un ascetismo que habrá de llevar su vida “interior” a la unión con el mundo “exterior”. En la tercera parte (vv. 26-35), el poeta declara que el mundo exterior, el cosmos, quiere llegar a su realización de alguna manera a través del “mundo interior” de cada persona. La cuarta unidad (w. 36-53) presenta la visión pesimista del poeta sobre el amor: una persona verdaderamente no puede “dar a”, y “recibir de” otra persona, pero en nombre del amor, se ha de renunciar al anhelo de la reciprocidad en el amor. La parte quinta (w. 54-68) pinta como “santos” a aquellos que “escucharon” la llamada del mundo y dejaron que su yo interior se volviera una sola cosa con él. En la sexta unidad, (vv. 69-85), Rilke afirma que los que viven deben seguir el ejemplo de los muertos, renunciando a todo apego a las otras personas y hasta a su propia identidad como individuos: “desprenderse hasta del propio nombre, como quien lanza, lejos de sí, un juguete roto” (v. 75). En la séptima y última unidad (w. 86-95), el poeta concluye que alcanzamos una verdadera existencia personal cuando renunciamos a nuestro deseo de sentido y de amor.

En su análisis literario, Guardini pone de relieve los temas claves de la Primera elegía al estudiar el significado de cada una de las frases y versos en las siete unidades del poema. Algunas veces evalúa las ideas de Rilke a la luz de la fe cristiana. De acuerdo con Guardini hay tres temas que emergen en el primer poema de Rilke: la imposibilidad del amor, la pérdida de la fe en Dios, y la renuncia como el acto fundamental de la existencia personal. Se pasará revista del análisis que hace Guardini de estos tres temas y luego se estudiará la evaluación que hace de ellos.

Primero. La Primera elegía declara que el amor mutuo es imposible en la vida humana; que las relaciones “yo-tú” han de fracasar siempre. Como anota Guardini, para Rilke “no existe una cosa como el amor, que capacite a un ser humano para que pueda encontrar un hogar espiritual en otro, como tampoco puede uno establecer su hogar en un país cualquiera”. [17] Una expresión de esta convicción aparece en la segunda unidad del poema: “¿A quién podremos recurrir?… Tal vez, quién sabe, pudiera socorrernos ese árbol que en la solitaria ladera contemplamos diariamente” (w. 9,13-15). Y como no podemos hallar intimidad con otro, quizá nos sentimos más cercanos al árbol que vemos cada mañana a través de la ventana de la cocina. Otra expresión de esta concepción negativa del amor surge en la cuarta unidad del poema: cuando anhelamos la comunión con los demás, debemos “cantar a los grandes amantes” que fueron abandonados. Podremos hallar que “las abandonadas que tú encuentras… (son) más amorosas que las correspondidas satisfechas” (v. 38). La gente que ha conocido el fracaso en el amor, conoce la verdad de la vida. “Para Rilke, el verdadero amante -dice Guardini- no es el que ha hallado la plenitud, sino el que permanece insatisfecho y a pesar de todo sigue amando” (p. 31). Un caso ejemplar es el de Gaspara Stampa, que supo sobrellevar su tristeza escribiendo poemas.

En este punto Guardini trae a colación que en su texto Cuadernos de Malte Laurids Brigge (1910), Rilke trata la parábola del hijo pródigo (Le 15,11-32). A juicio de Rilke, esta parábola es “la leyenda de un hombre que no quería ser amado”. [18] El hijo menor renuncia a la clase de amor que busca controlar al amante y huye de casa para poder amar de una manera que vive “en un inefable temor por la libertad de la otra persona”. El hijo se mantiene desconectado de aquellos a quienes ama. Rilke afirma: “Lentamente (el hijo) aprendió a dejar que los rayos de su emoción brillaran sobre el objeto amado, en lugar de consumirse la emoción en ella misma”. Como resultado, el hijo se dirigió hacia “aquella profunda indiferencia del corazón” que lo llevó a trascender el objeto de su amor y a abrazar al universo entero. Guardini escribe que para Rilke “los verdaderos amantes no se ven el uno al otro como ‘objetos’ de amor. (Más bien) cada uno de ellos es para el otro la ocasión de un acto libre de amor que lo lleva a la ‘Apertura”‘ (p. 34).

El escepticismo de Rilke respecto del amor lleva al segundo tema: la pérdida de la fe en Dios. Puesto que somos incapaces de realizar nuestro deseo de cuidar unos de otros, permanecemos en el aislamiento. ¿Cómo nos la arreglaremos en esta situación? ¿Podremos encontrar consuelo en Dios o en los ángeles? Las elegías de Duino no hace mención de Dios tal como se le conoce en la tradición judeo-cristiana, pero habla de los ángeles. Sin embargo, de acuerdo con el primer poema, un ángel no es un ser verdaderamente trascendente. Posee la plenitud de la existencia finita y por esta razón es demasiado “terrible” para nosotros (v. 7). Nos llena de temor, porque está mucho más vivo que nosotros. O en palabras de Guardini, según Rilke “el ángel se presenta al hombre como el límite superior de la experiencia y nos hace saber lo que una criatura terrenal no es” (p. 21). En todo caso, como no podemos recibir consuelo de un ángel, nos sentimos todavía más solitarios. Por eso, el primer poema dice: “me reprimo y sepulto en mi pecho el oscuro sollozo de mi grito de reclamo” (v. 8). Este verso, observa Guardini, se refiere al anhelo primitivo que en épocas anteriores produjo “el acto religioso de la oración”. Pero éste no es el caso hoy en día: “En vez de eso, el lenguaje de las devociones ha sido reemplazado —nota el teólogo— por palabras que pertenecen a la vida sobre la tierra y que describen el grito que una criatura dirige a la otra”. Para la gente del siglo XX, Dios está muerto, y por eso podríamos dirigir nuestras invocaciones religiosas a seres poderosos, pero finitos, los “ángeles”, que, sin embargo, no nos puedan ayudar. Según Guardini, nuestra conciencia de la ausencia de Dios significa que “la soledad se ha hecho aún más profunda”.

La pérdida del sentido de la trascendencia divina en Rilke se hace clara en la visión que tiene de los santos. De acuerdo con el poeta, “los santos escucharon, los santos a quienes la inmensa llamada levantó de la tierra” (w. 55-56). Guardini señala que Rilke acentúa el acto de escuchar tanto en los Sonetos a Orfeo, como en Las elegías de Duino. Por ejemplo, en la Primera elegía, Rilke alaba a las mujeres y a los hombres santos por escuchar “la voz de Dios” (v. 59). Pero no está pensando en “Dios” o en los “santos” de una manera tradicional. Para el poeta, “Dios” es una fuerza que se encuentra dentro del cosmos y que es capaz de levantar a la gente del suelo, literalmente; y los “santos” son personas que están tan atentas a esta fuerza misteriosa que se pierden a sí mismos (v. 68).

Y en este punto surge el tercero de los temas. Si las relaciones “yo-tú” son imposibles, y si Dios no existe, entonces estamos solos en el cosmos. ¿Cómo hemos de vivir? Tenemos que aceptar que la vida no tiene sentido y que el amor no puede darse realmente. De acuerdo con Rüke, tenemos que vivir “sin dar, sin atribuir significados de futura realidad humana ni a las rosas ni a esas cosas que son ofrecimientos sin fin” (w. 71-72). O con la reformulación que hace Guardini: “Acepta que tus brazos se queden vacíos. Acepta su vacuidad y ajústala al espacio cósmico”. Si admitimos nuestra soledad y la aceptamos, podríamos, de manera paradójica, dar un sentido a nuestras vidas y al mundo. Citando una vez más a Guardini: “En otras palabras, dejando que tu corazón acepte la vaciedad, vas a dotar al espacio exterior con ‘fervor’ o profundidad espiritual” (p. 25). A medida que renunciamos a nuestro deseo de intimidad, podemos alcanzar una profundidad espiritual que le da sentido tanto a nuestra vida como al mundo. Con nuestro nuevo ascetismo reconciliamos nuestro mundo interior con el exterior, y efectivamente le damos al universo lo que Guardini, parafraseando a Rilke, llama “una esencia divina”.

De acuerdo con la Primera elegía, la vida nos pide el vaciamiento de nosotros mismos, y el amor nos invita a la unión con el cosmos. Cuando nos damos cuenta de qué es lo que nos pide la vida, nos enfrentamos a la pregunta del poeta: “¿No es ya hora de que amando nos libremos de la persona amada, reprimiéndonos trémulamente como la flecha se afirma en la cuerda del arco para ser en el salto más de lo que fue?” (vv. 50-53). Según el análisis de Guardini, el primer poema de Rilke nos exhorta a despojarnos de nuestros seres queridos y de nosotros mismos, para que, como la flecha, podamos ser lanzados a lo desconocido.

La verdad de la Primera elegía

Según Guardini, una vez que se han entendido los temas de la Primera elegía, se debe decidir acerca de su verdad. Desde luego, el poema expresa con exactitud las dolorosas experiencias de la propia vida de Rilke, especialmente su difícil infancia, pero también expresa, con palabras, lo que muchas personas sufren hoy en día. Sin embargo, no se debe confundir la cuestión de la veracidad de la elegía con el problema de su verdad. Guardini deja en claro que valora los diez poemas como una expresión fiel del dilema de nuestro siglo XX, pero que no puede comulgar con las reivindicaciones ontológi-cas implícitas en la obra.

A juicio de Guardini, las concepciones sobre el amor, la fe religiosa, y la auto-negación, que están en Las elegías de Duino, brotan de dos fuentes: su infancia desgraciada y su carencia de fe cristiana. En sus primeros años Rilke, fue desatendido por sus padres y separado de su padre. Y luego, ya de adulto, el poeta mismo fracasó en sus relaciones interpersonales. En abril de 1901 se casó con Clara Westhoff, pero en 1902 dejó a Clara y a su hija recién nacida. A la luz de esta historia familiar, Guardini concluye que los comentarios negativos de Rilke sobre el amor emanan de su propia incapacidad “para establecer relaciones personales firmes” (p. 36). Además, una segunda fuente de la idea del poema sobre la vaciedad de la vida era la gran necesidad experimentada por el poeta de creer en Dios, y a la vez su incapacidad para hacerlo. Dadas las preguntas que Rilke hace, y dada su atención constante a las dimensiones más profundas de la vida, se debe reconocer, dice Guardini, que la vida de Rilke estuvo siempre “radicada en un impulso que es fundamentalmente religioso” (p. 33). Sin embargo, por razones que están más allá de la comprensión del hombre, Rilke no pudo jamás hacer un acto de fe cristiana. El poeta percibió con toda razón que la vida humana está destinada a la comunión con una realidad verdaderamente trascendente, y sin embargo no pudo superar su convicción de que el discurso sobre Dios no es más que una proyección humana hacia lo desconocido.

Según el juicio de Guardini, la experiencia de sus relaciones ‘yo-tú’ manifiesta una verdad subjetiva, pero es objetivamente errónea. El teólogo afirma: “La concepción que Rilke tiene del amor es fundamentalmente falsa. Amar significa amar a alguien” (p. 33). La tradición judeo-cristiana certifica que el ser humano madura hasta llegar a una existencia personal completa cuando él, o ella, entra en relaciones caracterizadas por un amor mutuo y comprometido. Y este tipo de unión no solamente es posible, sino que es necesaria para nuestras vidas. Guardini declara: “Porque una vida donde no existe la relación “yo-tú”… no es verdadera consigo misma. Se crea una vaciedad interior que se manifiesta en relación con todo lo demás: las cosas, el destino y… Dios” (p. 37).

Guardini insiste también en que la idea de Rilke sobre Dios y sobre los santos es errónea. Rilke ha hecho a un lado de manera deliberada el rico lenguaje de la tradición judeo-cristiana y lo ha reemplazado con “términos seculares” que no pueden expresar el significado y la verdad de la fe cristiana. El discurso no-religioso de Rilke no es capaz de comunicar la absoluta trascendencia de Dios y la realidad de la revelación. En palabras del teólogo:

No se necesita una prueba especial para demostrar que el Dios del que habla Rilke no es el Dios al que escucharon los “santos”. A ellos se dirigió el Dios viviente de la revelación. Estaban en relación directa con ÉL en la oración, y se consumían en su servicio por el fuego del amor y del sacrificio. Al Dios de Rilke lo habrían rechazado con toda su alma. (p. 42)

Luego de mostrar su desacuerdo con las ideas teológicas de Rilke, Guardini pasa a discutir la aseveración del poeta de que se debe renunciar a la búsqueda de significado. La Primera elegía declara: “Con lenta y paulatina remisión va perdiéndose la arraigada costumbre de lo terreno, como se pierde hasta el apego que nos une a los tiernos pechos de una madre” (vv. 87-88). Parafraseando estos versos, Guardini escribe: “La rueda ha dado la vuelta completa. La repetida negación —no-poseer, no ser capaz de entrar en relación, no poder usar las cosas— que corre a través de la Elegía es, en realidad (para Rilke), parte del misterio del devenir” (p. 50). Pero en la concepción de la tradición judeo-cristiana los actos de auto-vaciamiento que son hechos con plena salud no lo llevan a uno a algún tipo de simbiosis con el cosmos, sino a la unión con el Dios vivo por medio de Jesucristo.

La valoración que hace Guardini de la Primera elegía de Rilke es bastante matizada. Por una parte, Guardini muestra una gran empatia con la soledad de Rilke y manifiesta respeto a su veracidad. Afirma: “Estos poemas expresan las experiencias y las ideas del que es quizá el más sensitivo y perspicaz de los poetas alemanes de nuestro tiempo” (p. 9). Pero, por otra parte, Guardini afirma también que estos versos tan hermosos y profundos están lejos de expresar lo que los cristianos saben sobre Dios y sobre la vida humana basados en su fe en Jesucristo y en su participación en la Iglesia.

La recepción de las interpretaciones literarias de Guardini

Cuando Romano Guardini era estudiante en la universidad, su interés por la literatura profana lo colocó entre los católicos progresistas. En la Literaturstreit estuvo de acuerdo con Muth en el reconocimiento de la sabiduría y de la belleza de obras como las de Dostoyevski, Hölderlin y Rilke. Pero entre los críticos literarios Guardini fue visto como un conservador, porque llevaba su fe cristiana al diálogo con las pretensiones religiosas implícitas en las obras literarias. [19] Para ver al teólogo dentro del mundo de la literatura, se pasará revista brevemente a los juicios que sobre su obra dieron Albert SoergelCurt HohoffHans Georg Gadamer,Martin B. GreenHermann Kunisch. [20]

Observando que el sentido y la verdad de la existencia personal se expresan mejor en la literatura que en la filosofía y en la teología, Soergel y Hohoff señalan a Romano Guardini como un autor que percibió los aspectos religiosos de las obras literarias y que se esforzó por iluminarlos. De hecho, lo alaban por haber estudiado la interrelación de verdad existencial y expresión estética. Afirman: “Mente y corazón, pensamiento y amor se hacen una sola cosa en la literatura.

Este punto de contacto “existencia!” entre las esferas que son inseparables en la vida fue trabajado con éxito por Guardini”. A juicio de ellos, él vio que “es importante un compromiso porfiado con la literatura” porque las creaciones de grandes escritores como Dante, Dostoyevski, Hölderlin, Kierkegaard y Rilke “son testimonios de una realidad que se ha intuido”. Según Soergel y Hohoff, a Guardini le hizo mucho bien poseer una “mentalidad litúrgica”, que lo capacitaba para entender que tanto en la literatura como en los ritos el significado es una función de la forma. [21]

El filósofo de la hermenéutica, Hans Georg Gadamer, se refirió en numerosas ocasiones a las interpretaciones literarias de Guardini. [22] En su libro Verdad y Método (1960), Gadamer critica los estudios literarios de Guardini porque, a su juicio, violan el principio hermenéutico según el cual uno debe interpretar un texto literario de acuerdo a sus términos y no de acuerdo a sus propias convicciones religiosas y filosóficas. A juicio de Gadamer, los valores de un intérprete, aunque quizá válidos en sí mismos, no son aplicables a la interpretación literaria. Refiriéndose de manera explícita a la obra de Guardini, Gadamer escribe: “Y por lo mismo es rodar en vacío querer examinar si Hölderlin o Rilke creían realmente en sus dioses o en sus ángeles”. [23]

Esta crítica que se encuentra en Verdad y Método se deriva del ensayo de Gadamer “Rainer Maria Rilkes Deutung des Daseins: Zu dem Buch von Romano Guardini” (1955). Gadamer sostiene aquí que Guardini ha ofrecido intuiciones muy valiosas sobre el significado de Las elegías de Duino, pero que ha traspasado las fronteras de la crítica literaria al tratar de dar un juicio sobre la verdad de estos poemas. Gadamer expresa su objeción al tipo de hermenéutica hecha por Guardini preguntando retóricamente: “¿Qué cosa es esta crítica de un poeta que tiene que ver, no con la poesía, sino con la verdad?” [24] Respecto del tema del significado, dice Gadamer, no cabe duda de que Guardini nos ha ayudado a entender los poemas de Rilke, porque nos aporta “explicaciones muy inteligentes” de “pasos concretos” de las Elegías. Pero, desde luego, como es frecuente en los casos de crítica literaria, algunos de sus comentarios no dan en el blanco. Estas deficiencias son notables especialmente en el cuarto, quinto y décimo de los poemas, donde Guardini no captó “la unidad de la intención poética” de cada elegía (pp. 272,280).

Pero la obra de Guardini es problemática por razón de principio en lo que respecta al asunto de la verdad. A juicio de Gadamer, el teólogo está en lo correcto al inquirir sobre la veracidad de los poemas de Rilke, pero yerra al intentar evaluar si su concepción de la existencia personal es verdadera, o falsa, una evaluación que se tiene que hacer con criterios que son ajenos a las Elegías mismas. Gadamer da tres razones para apoyar su juicio desfavorable. Primera: como el género de estos poemas es el de una lamentación, o elegía, no es apropiado esperar que traten aspectos de la existencia personal que no encajan dentro de este género (por ejemplo, las cosas buenas que nos da la vida). Segunda: Rilke no tuvo la experiencia de Dios en su vida, y por lo tanto no se le puede culpar de que guarde silencio sobre algo que no le era familiar. Tercero: la validez de una obra literaria es siempre “la verdad del relativismo estético” y no la corrección que se pueda establecer con un sistema muy amplio de tipo filosófico o religioso. Por ello, criticar Las elegías de Duino por su “relativismo estético” es no comprender la clase de verdad que expresa la poesía. “La tarea del intérprete… es la de hallar el status de la verdad expresada y al mismo tiempo la de señalar sus límites por medio de instancias opuestas”. De acuerdo con Gadamer, “la verdad del arte exhibe las limitaciones del intérprete, porque toda crítica de poesía… es al mismo tiempo autocrítica de la interpretación” (p. 177).

En la conclusión, Gadamer agradece a Guardini por haber suscitado la cuestión de la verdad en la literatura e indica que el teólogo debió continuar su búsqueda de la verdad, pero apoyado en los criterios de las mismas Elegías. Gadamer acepta que Guardini está en lo correcto cuando dice que las pretensiones existenciales de Rilke no son cristianas. De hecho, el pensamiento de Rilke tiene muchas semejanzas con el de Hegel, porque Rilke como Hegel nos apremia a decir un sí a la vida, pero este sí no tiene su base en la fe cristiana de la resurrección (pp. 280-281). Pero, de acuerdo con Gadamer, una evaluación filosófica o teológica de este tipo debe ser siempre marginal respecto de la tarea primaria de análisis estético por parte del intérprete de la literatura.

En contraste con Gadamer, el crítico literario británico Martin B. Green ha hecho una evaluación positiva de los estudios literarios de Guardini.[25] Refiriéndose de manera específica a Rainer Maria Rilkes Deutung des Daseins, Green juzga que “Guardini es inobjetable” cuando observa que Las elegías de Duino de Rilke está pidiendo al lector un asentimiento religioso y estético al mismo tiempo (p. 186). Y por esta razón está en lo correcto cuando pone en cuestión la validez de las pretensiones existenciales de Las elegías de Duino. Y además, no es el único que hace una evaluación de la verdad de estos poemas, porque la estudiosa inglesa E. M. Butler ha hecho lo mismo en su Rainer Maria Rilke (1941). Y la verdad, “tiene incluso un tono más incisivo” sobre el asunto. Pero Green observa que el desacuerdo de Guardini y de Butler con las pretensiones existenciales de Rilke no mengua el respeto que sienten por la perfección literaria de Las elegías de Duino. En realidad, “es evidente que los dos, Guardini y Butler, aprecian con entusiasmo la poesía y reconocen la capacidad del poeta, pero hallan que un asentimiento total resulta imposible” (p. 187).

Green advierte, además, sobre la percepción de Guardini de que Las elegías de Duino comunica un “sentimiento deleznable de la personalidad humana”. Y de acuerdo con Green, habría que hacer la misma observación respecto de las obras de YeatsPasternak y “todos los representantes del arte moderno” que expresan un “extremado individualismo” (p.188). Es digno de notarse, dice Green, que Guardini subrayó la visión empobrecida de la existencia humana en las obras de Rilke, y que podamos confirmar retrospectivamente que Guardini estaba en lo correcto. El énfasis de Rilke en la persona autónoma y aislada contribuyó a la formación del ambiente en el que Hitler realizó la más completa denigración de la persona humana. En palabras de Green: “Guardini está diciendo que el humanismo, que debía ser nuestra defensa instintiva frente a todas las tentaciones totalitarias, está siendo traicionado donde habría de ser más fuerte, por el tipo de individualismo de Rilke”.

En la conclusión, Green reconoce que estudió la interpretación literaria de Rilke hecha por Guardini porque es un ejemplo excelente de cómo los lectores de hoy pueden llevar su fe cristiana a un diálogo con las bellas artes. Green escribe: “El libro de Guardini es de especial interés para mí porque es el acercamiento de un humanista católico a un poeta moderno de los más representativos”. Al poner en relación su fe con su interpretación literaria de Las elegías de Duino, Guardini se parece al barón Friedrich von Hügel (m. 1925) que llevó su fe cristiana a una “confrontación” con las obras de William Butler Yeats (m. 1935). Ambos, Guardini y von Hügel, juzgaron que debían incorporar sus creencias religiosas a sus estudios literarios y realizaron esta síntesis de una manera muy ponderada. A diferencia de muchos cristianos conservadores, se negaron a participar en una “andanada ideológica” contra la literatura moderna. Más bien, cada uno a su manera, Guardini y von Hügel, se dedicaron al estudio de obras específicas y pusieron de manifiesto los méritos y las deficiencias de cada una de ellas. Al mantener esta dedicación, “Guardini puede concentrar su fuego en el problema estético propiamente dicho, y sobre todo, puede dar a este problema su más profundo rango de significación”. A juicio de Green, por lo tanto, Guardini está dedicado a una verdadera “crítica literaria humanística” cuando clarifica en qué momento el estilo de. Rilke “abrió nuevas posibilidades de expresión, pero también tuvo efectos destructivos” (p. 188).

El crítico literario alemán Hermann Kunisch expresó de dos maneras su aprecio por las interpretaciones de Guardini sobre la literatura profana. Primero: Kunisch comenta el tipo de crítica literaria de Guardini. En su ensayo de 1985 titulado “Interpretatio christiana” (“Interpretación cristiana”), Kunisch observa que la obra de Guardini tiene puntos de semejanza y de diferencia con la de Goethe. Ambos están consagrados a una forma de realismo literario. Es decir, intentan describir la vida de cada día de tal modo que se pueda hacer luz en sus partes más profundas. Sin embargo, Guardini difiere deliberadamente de Goethe, y fue su crítico, porque él lleva la fe cristiana a la percepción que se tiene del mundo. Kunisch escribe:

Junto con el mero observar, el tomar en serio las cosas, es algo que para Guardini está conectado con la capacidad de diferenciación, la discretio: sapientis est ordinare (Tomás de Aquino). Esto significa que se trazan las fronteras por medio de la fe cristiana que descansa en la aceptación de la revelación: interpretatio christiana. Los críticos liberales ven (este acercamiento) con sospechas, como si necesariamente significara “estrechez de miras”. [26]

Pero Kunisch añade que Guardini no descalifica de manera automática a los grandes creadores literarios como Goethe, o como Rilke, por el hecho de que no introdujeron explícitamente la fe cristiana en sus obras. Al contrario, como en el caso de la obra de Rilke, él habló de sus numerosos “intentos” de entender una gran obra literaria en sus propios términos, y dejó abierta la posibilidad de que hubiera entendido mal la obra de un autor al que reputaba como un creador extraordinariamente dotado. Ajuicio de Kunisch, Guardini insistió con toda razón en las “precauciones” cada vez que uno se consagra a la “interpretatio christiana”. [27]

La segunda manera como Kunisch ha mostrado su estima por la obra del teólogo, es mediante su estudio constante de las obras de Guardini y la adopción de su método. En su libro Rainer Maria Rilke: Dasein und Dichtung (1975) Kunisch se esfuerza por entender los textos de Rilke y por evaluar su verdad a la luz de su concepción de la fe católica. [28] De acuerdo con Guardini piensa que el dios de Eilke no es el Dios de la tradición judeo-cristiana. Y advierte, también, que tiene que hacer esta evaluación porque un crítico literario cristiano tiene la responsabilidad de hacer ver los puntos de acuerdo y desacuerdo entre las concepciones de un escritor como Rilke y la fe de los cristianos. [29]

No se trata aquí de discernir quién tiene la razón entre estas diferentes apreciaciones de las interpretaciones literarias de Guardini. Basta haber comprobado que los críticos literarios han tomado en serio sus obras. Aunque autores como Gadamer han disentido de algunos aspectos del análisis de Guardini y de su acercamiento a los textos, han tenido tal respeto por sus estudios que han cuidado de explicar cuándo y por qué tenían una opinión diferente de la suya.

Hacia la Gaudium et Spes (1965) del Vaticano II

En los comienzos de su carrera, Guardini prácticamente no sintió apoyo de parte de las autoridades de la Iglesia en este acercamiento dialogal entre la fe cristiana y la cultura. Sin embargo, en los últimos años de su vida se encontró con que el Vaticano II había afirmado e incluso ampliado su orientación hacia las bellas artes. En la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et Spes, el Vaticano II acoge la coincidencia de las polaridades como lo había hecho Guardini. La Gaudium et Spes reconoce la justa independencia o “autonomía” de todas las creaciones intelectuales y artísticas. Afirma: “Porque la cultura, por dimanar inmediatamente de la naturaleza racional y social del hombre, tiene siempre necesidad de una justa libertad para desarrollarse y de una legítima autonomía en el obrar según sus propios principios.”[30] Luego, citando la Dei Filius del Vaticano I, la Constitución pastoral declara que “la Iglesia no prohíbe que ‘las artes y las disciplinas humanas gocen de sus propios principios y de su propio método, cada una en su propio campo’; por lo cual, ‘reconociendo esta justa libertad’, la Iglesia afirma la autonomía legítima de la cultura humana y especialmente la de las ciencias” (n. 59). Con todo, mientras apoya la legítima autonomía del saber y de la cultura, la Gaudium et Spes afirma también que la Iglesia tiene la responsabilidad de entrar en un “diálogo” con todas las culturas. De hecho, la Iglesia “avanza juntamente con toda la humanidad, experimenta la suerte terrena del mundo, y su razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios” (n. 40). La Iglesia “puede entrar en comunión con las diversas formas de cultura; comunión que enriquece al mismo tiempo a la propia Iglesia y a las diferentes culturas” (n. 58).

Junto con este discurso general sobre la independencia y el diálogo que debe existir entre Iglesia y cultura, la Constitución pastoral habla de manera específica sobre la relación entre la fe cristiana y las bellas artes. Reconoce la legítima autonomía de los escritores y artistas cuando sostiene que “también la literatura y el arte son, a su modo, de gran importancia para la vida de la Iglesia” (n. 62). La Gaudium et Spes reitera este punto cuando establece que “hay que esforzarse porque los artistas se sientan comprendidos por la Iglesia en sus actividades y, gozando de una ordenada libertad, establezcan contactos más fáciles con la comunidad cristiana”. La mención que se hace de “contactos más fáciles con la comunidad cristiana” implica la importancia de un intercambio de puntos de vista entre los miembros de los círculos literarios y artísticos y los miembros de la Iglesia. Este énfasis en la necesidad del diálogo y a la vez en la independencia es señalado de manera específica cuando la Constitución pastoral añade que los cristianos tienen que entender la literatura y las ciencias de su tiempo y a la vez buscar una nueva síntesis entre la fe cristiana y las ideas contemporáneas. Con una afirmación dialéctica, el documento declara:

Vivan los fieles en muy estrecha unión con los demás hombres de su tiempo y esfuércense por comprender su manera de pensar y de sentir, cuya expresión es la cultura… Así se capacitarán para examinar e interpretar todas las cosas con íntegro sentido cristiano, (n. 62)

Estas declaraciones de la Gaudium et Spes sobre la fe y la cultura ponen de manifiesto la orientación inclusiva que Guardini siguió durante las seis décadas anteriores al Vaticano II. Al contrario de las actitudes de muchas autoridades eclesiásticas anteriores al Vaticano II, este teólogo tuvo un gran aprecio por las ideas de la modernidad y por sus expresiones artísticas. Al mismo tiempo no abandonó nunca su perspectiva cristiana. De esta manera pudo sostener un diálogo constructivo entre la Weltanschauung del catolicismo y la cosmovisión de la sociedad. Así, mucho antes de que el Concilio lo pidiera, Guardini llevó a cabo, en los hechos, aquello a lo que invita el Vaticano II cuando dice “vivan los fieles en muy estrecha unión con los demás hombres de su tiempo”. Anticipándose a la manera de pensar del Concilio, logró “examinar e interpretar todas las cosas con íntegro sentido cristiano”. En pocas palabras, la Gaudium et Spes propugna una manera de pensar muy semejante a la que un día Scheler le propuso a Guardini: “Investigue, por ejemplo, las novelas de Dostoyevski y su concepción de la vida desde un punto de vista cristiano, para iluminar, por una parte, las obras sometidas al análisis, y por otra, su propia manera de ver las cosas”.[31] Al seguir el consejo de Scheler, y con tantos frutos, Guardini ayudó a desbrozar el camino que en último término llevó a la concepción del Vaticano II sobre la literatura y las artes: ellas deben gozar de “una legítima autonomía en el obrar según sus propios principios”, y sin perder esta independencia, “establecer contactos más fáciles con la comunidad cristiana”.
__________________
* Traducción de José Benigno Zilli

** Robert A. Krieg es profesor de Teología en la Universidad de Notre Dame. Es autor de Kart Adam (Notre Dame Press, 1992) y de Store-Shaped Christology.

Notas

[1] Ver Knoll, Glaube und Kultur, 261-336; Gerl, Romano Guardini, passim; Balthasar, Romano Guardini, 53-89.

[2] Ver Gerl, Romano Guardini, 349.

[3] Ver Binkowski, Jugend ais Wegbereiter, 184

[4] “Zu R. M. Rilkes Erster Elegie,” Sch 17 (1938): 17Q.

[5] Ver Schuster, “Vorlesungen ud Lehranstaltungen Romano Guardinis,” 273-85 Gerl, Romano Guardini, 332.

[6] Rilke, 9.

[7] Guardini dedicó a su madre otros dos libros: Über Wilhelm Raabes Stopfkuchen (1932) y Der Rosenkranz Unserer Lieben Frau (1940). Dedicó su primer libro sobre Dante, Der Engel in Dantes Göttlicher Komödie (193T), a su padre, con estas palabras: “A la memoria de mi padre de cuyos labios recogí, siendo niño, los primeros versos de Dante.” Dedicó Vom Geist der Liturgie (1918) a su padre y a su madre; ver Gerl, Romano Guardini, 20, 23 n. 19.

[8] Wahrheit, 52.

[9] Ibid., 55.

[10] Ibid., 72.

[11] Rilke, 14.

[12] Ibid., p. 14.

[13] Ibid.

[14] Ver “Religiöse Erfahrung und Glaube” (1934): 307-39.

[15] Sobre las Elegías de Duino, ver J. B. Leishman y Stephen Spender, Introduction, in Rainer Maria Rilke, Duino Elegies, trad. J. B. Leishman y S. Spender (Nueva York: W W. Norton, 1967), 9-18.

[16] Los versos de la primera elegía se toman de “Rainer Maria Rilke, Elegías de Duino, versión al español y notas, de Uwe Frisch” en Revista de Bellas Artes, n. 22, julio-agosto, 1975, p. 237.

[17] Rilke, 25. Si no se dice lo contrario, las afirmaciones de Guardini sobre las Elegías de Duino se citan en la versión ya nombrada.

[18] Rainer Maria Rilke, The Notebooks of Malte Laurids Brigge, trad. Stephen Mitchell (London: Pan Books, 1988), 251-60.

[19] Ver Knoll, Glaube und Kultur, 261-77; Mercker, Christliche Weltanschauung, 112-31. Según el filósofo Iring Fetscher, los ensayos de Guardini sobre lasElegías de Duino favorecieron su conversión religiosa de 1946; ver I. Fetscher, Neugier und Furcht (Hamburg: Hoffmann and Campe, 1995), 326-27.

[20] La presencia de Guardini en los círculos literarios es evidente por el hecho de que uno de sus ensayos sobre las Elegías de Duino está incluido en Ulrich Fülleborn y Manfred Engel, eds., Rilkes Duineser Elegien2: Forschungsgeschichte (Frankfurt am Main: Suhrkamp,1982).

[21] Soergel y Hohoff, Dichtung und Dichter der Zeit, 1, pp. 662-63.

[22] Ver Hans Georg Gadamer, Gesammelte Werke (Tübingen: J.C.B. Mohr [Paul Siebeck], 1986-93): vol. 1, pp. 376, 492; vol. 4, p. 171; vol. 8, p. 113; vol. 9, pp. 11, 163, 271-81, 289, 291, 313.

[23] Hans Georg Gadamer, Truth and Method, trad. Garrett Barden y John Gumming (New York: Crossroad, 1984), 444 532 n. 123; también, 333, 527 n. 274. (Verdad y MétodoFundamentos de una hermenéutica filosófica, Ediciones Sigúeme, Salamanca, 1977).

[24] Gadamer, Gesammelte Werke, 9, pp. 271-81, 272. Las opiniones de Gadamer sobre Guardini están citadas de Gesammelte Werke, 9.

[25] Martin B. Green, Yeat’s Blessings on von Hügel: Essays on Literature and Religion (Londres: Longmanns, Green, 1967), 78, 94-96, 124, 186-88, 229, 247. Las afirmaciones de Green sobre la obra de Guardini se citan de Yeat’ blessings.

[26] Kunisch, “Interpretatio Christiana,” 114.

[27] Ibid., 117.

[28] Hermann Kunisch, Rainer Maria Rilke, 2a, ed. (Berlín: Duncker and Humblot, 1974) 227-37, 248-53, 391 403, 443-49, 504.

[29] Ver ibid., 227-37.

[30] Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. (Cf. Documentos del Vaticano II).

[31] 74 “Europa”, 20.

Fuente: Robert A. Krieg, Romano Guardini. Un precursor. Trad. de José Benigno Zilli, Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz, México, 2003, pp. 204-230.

1 comentario »

  1. Me parece muy bueno esta sintesis de la interpretacion de Rilke por guardini, maxime que este libro de Guardini no esta traducido al castellano.

    Comentario por nicolas di biase — 3 marzo 2011 @ 10:12 | Responder


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