Filosofía y educación

Reflexiones en torno a la obra Mundo y Persona de Romano Guardini

Facultad de Derecho y Ciencias Sociales U. N. T.

Centro de Estudios Paideia/Politeia

Proyecto: República, Escuela y Democracia

A. INTRODUCCIÓN

1. A lo largo del presente trabajo se pretende reflexionar en torno a la obra Mundo y Persona de Romano Guardini, la cual, a pesar de tener aproximadamente setenta años de antigüedad, no deja de aportar ideas fecundas para el tiempo actual. Este escrito de Guardini se ubica dentro del plan de trabajo del proyecto “República, escuela y democracia”, en la primera parte: “Cuestiones fundamentales de la antropología política”, sección Nº 1: “La cuestión fundamental: ¿Soy? El misterio de nuestra existencia”.

2. En primer lugar, y a modo de introducción, se dedican en el presente trabajo unos párrafos a la vida de Romano Guardini y a aspectos generales de su pensamiento. Siempre resulta conveniente al momento de leer y reflexionar el contenido de un libro, contar con ciertos datos sobre la vida y el pensamiento del autor, pues contribuyen, de alguna manera, a comprender mejor sus escritos.

3. En segundo lugar se reflexionará sobre el contenido de Mundo y Persona poniendo especial atención a las consideraciones de Guardini sobre la persona humana, pues aquí reside su principal interés, aun cuando se detenga en el análisis de otros conceptos como: “naturaleza”, “sujeto”, “cultura”, “mundo”, “creación”, “providencia divina”. El subtítulo que el autor colocó a su trabajo expresa claramente su propósito y confirma lo dicho anteriormente: Mundo y Persona. Ensayos para una teoría cristiana del hombre.

I. Datos biográficos de Romano Guardini[1]

4. Romano Guardini nació el 17 de febrero de 1885 en Verona, Italia. Un año después la familia se traslada a Maguncia, Alemania, donde aprueba en 1903 el bachillerato. En el semestre de invierno de 1903-1904 comienza la carrera de química en Tubinga. Un año más tarde, en el semestre de 1904-1905, se traslada a Munich y cambia el estudio de la química por el de la economía política. Al año siguiente se encamina rumbo a Berlín, donde prosigue la carrera de economía política. En el semestre de verano de 1906 se traslada a Friburgo de Brisgovia y comienza a estudiar teología. Un nuevo traslado tiene lugar en el semestre siguiente: de Friburgo a Tubinga. Allí, mientras continúa con los estudios de teología, se encuentra Guardini con las discusiones del conflicto del modernismo. En octubre de 1908 ingresa Guardini en el Seminario Conciliar de Maguncia, recibiendo las órdenes sacerdotales en la catedral de Maguncia el 28 de mayo de 1910. Después de unos años de trabajo pastoral, Guardini obtiene en el año 1912 una beca para ampliar sus estudios en Friburgo, concluyendo en 1915 con una tesis doctoral dedicada al pensamiento teológico de San Buenaventura, bajo la dirección del docente privado Engelbert Krebs. En Friburgo Guardini tuvo como compañero de estudios a Martin Heidegger. Después de realizar su doctorado, Guardini se dedica a la tarea pastoral, recibiendo posteriormente el encargo de dirigir uno de los movimientos juveniles que tenía su punto de encuentro en el castillo de Rothenfels, en Maguncia. De 1920 a 1922 escribe en Bonn su tesis de habilitación bajo la tutela de Gerhardt Esser, profesor de Dogmática. Nuevamente el tema de su escrito de habilitación se centra en el pensamiento de San Buenaventura. En el semestre de verano de 1922 comienza Guardini su carrera académica como docente privado de Dogmática en Bonn y allí recibe un primer ofrecimiento de la cátedra de teología práctica y ciencia de la liturgia que Guardini no acepta. En el verano de 1921 comienza la colaboración con Odo Casel en el Jahrbuch für Liturgiewissenschaft (Anuario para la ciencia litúrgica), se pone en contacto con el llamado círculo de Scheler y se encuentra también con Martin Buber. Fue llamado en 1923 por la Universidad de Berlín para ocupar la cátedra de Filosofía de la Religión y Visión Católica del Mundo, creada expresamente para Guardini. Los nacionalsocialistas suprimieron esta cátedra en 1939, y Guardini pasó voluntariamente a la jubilación. En 1945 fue llamado para ocupar en Tubinga la cátedra de Visión Cristiana del Mundo y además recibe nuevos ofrecimientos desde Munich y Gotinga y un tercero desde Friburgo para ocupar la cátedra de Martin Heidegger. Guardini los rechazó todos. Finalmente, en 1948, Guardini recibe un ofrecimiento desde Munich con el fin de ocupar una cátedra y acepta la oferta. En 1962 obtuvo el rango de emérito en Munich. El papa Pablo VI le ofreció la dignidad cardenalicia, pero Guardini no la aceptó. Por sus trabajos y méritos recibió numerosos e importantes reconocimientos nacionales como internacionales. El primero de octubre de 1968 murió en Munich.

II. Nociones básicas sobre el pensamiento de Romano Guardini[2]

5. El pensamiento de Romano Guardini es difícil de clasificar. Es común en la historia de la filosofía agrupar a los diferentes pensadores en torno a líneas de pensamiento. De esta manera decimos que un determinado filósofo es “idealista”, “realista”, “neotomista”, “marxista”, “positivista”. Ahora bien si deseamos ubicar el pensamiento del autor que nos ocupa en alguna línea de pensamiento, topamos con una seria dificultad. Algunos investigadores lo colocan en la línea del personalismo[3] y del existencialismo[4], otros prefieren asociarlo a la filosofía dialógica y otros no lo consideran un filósofo, sino mas bien un teólogo[5]. La razón de estas discrepancias radica en que Guardini, aunque se había formado académicamente en el ámbito de la teología, abordó muchos temas de orden filosófico, cimentando su propio pensamiento en las múltiples lecturas e investigaciones de los más diversos pensadores[6]. Sócrates, Agustín, Dante, Buenaventura, Pascal, Kierkegaard, Dostoyevski, Hölderlin –a los cuales Guardini dedicó interesantes ensayos[7]– así como Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Max Scheler, Martín Buber y Martín Heidegger, sin olvidar a Theodor Haecker y Ferdinand Ebner –de los cuales confiesa expresamente haber recibido influencia[8]– fueron filósofos y autores que Guardini leyó y de los cuales tomó ideas inspiradoras para configurar su propio trabajo intelectual. Guardini escribió pocas obras puramente filosóficas -por no decir ninguna-. Siempre en sus escritos aborda temas o aspectos vinculados con la doctrina cristiana revelada y con la teología, propios de su formación académica específica, aunque en algunos de sus trabajos prevalece el tratamiento filosófico de los temas. Se comprende por esto, la dificultad que representa ubicar su pensamiento en el marco de las corrientes filosóficas más conocidas.

6. Dos ámbitos resultan claramente de gran interés en las obras de Guardini en las que predomina el análisis filosófico: la antropología y la ética. En un ambiente marcado por el positivismo cientificista-materialista – en cuyo seno se destacaba el evolucionismo, el sociologismo y el psicoanálisis- el ateismo y la ideología nacionalsocialista, Guardini pretende defender una antropología centrada en la noción de persona que evite el reduccionismo – en especial el de corte materialista- y una ética que conduzca a una formación integral de los seres humanos. Ahora bien, para cumplir con este cometido, Guardini no escribe tratados específicos de antropología y de ética, sino ensayos en los que se entrecruzan constantemente dichas disciplinas[9]. Muchos de sus libros son recopilaciones de conferencias, discursos, retiros y homilías[10]. No obstante, a pesar de la diversidad de sus obras, se percibe claramente su “preocupación por el hombre” (título de uno de sus trabajos), es decir, el interés por las problemáticas antropológico-éticas.

7. Para abordar el problema del hombre desde una perspectiva integral no reduccionista, Guardini hecha mano especialmente del pensamiento de Agustín, Buenaventura, Tomás, Pascal, Kierkegaard, Haecker, Ebner y Buber. El ser humano no se reduce a un conjunto de órganos perfectamente vinculados que es resultado de un largo proceso evolutivo, sino que es un ser corpóreo-espiritual y por ello no puede ser rebajado a un objeto o a un engranaje dentro de un sistema. Más aún, precisamente al ser una unidad corpóreo-espiritual, no está absolutamente determinado en su conducta por los elementos culturales, científicos y técnicos de la sociedad en que vive, sino que es libre, dueño de sus actos y por lo tanto responsable de su comportamiento. De allí que deba encausar sus acciones y ordenarlas rectamente a través de la autoformación, de las virtudes y, en especial, de la amistad con Dios, siempre en el ámbito de las relaciones interpersonales

auténticas. He aquí a grandes rasgos un resumen generalísimo del pensamiento filosófico de

Guardini.

8. La obra Mundo y persona fue publicada en el año 1939, lo cual permite deducir que fue

concebida y puesta por escrita en los años anteriores al comienzo de la segunda guerra mundial. No es difícil advertir la intención de Guardini con este trabajo: destacar el valor inconmensurable de la persona humana y la dignidad de su existencia reflexionando en torno a las dimensiones que la constituyen esencialmente. Por supuesto la obra no lo dice todo respecto a la persona y debe ser ampliada y complementada con otros trabajos del autor[11] y de otros autores. El mismo Guardini expresó en trabajos posteriores su intención de continuar y completar lo dicho en Mundo y persona[12].

Sin embargo, casi setenta años después de la publicación de esta obra y en un contexto diferente a aquel en que fue escrita, considero que a pesar de sus límites todavía puede aportar elementos muy interesantes para la reflexión y la praxis contemporáneos.

B. LA NOCIÓN DE MUNDO

9. Guardini comienza sus reflexiones en la obra que nos ocupa con la noción de “mundo”[13]. Su propósito es señalar que dicho concepto se puede decir de muchas maneras[14], aunque en numerosas ocasiones se lo interprete en un único sentido.

10. “Mundo” es un concepto que puede ser utilizado para hacer referencia a la totalidad. A la pregunta qué es el mundo, se podría contestar es el conjunto de todos los seres y del cual los humanos formamos parte ubicados en un puesto especial. Otro sentido que puede adoptar el término “mundo” es el conjunto de relaciones e intereses propios de una persona. Cuando decimos: “Fulano vive en su mundo”, queremos significar que esa persona vive centrada en sus propios asuntos e intereses. También la palabra “mundo” se puede utilizar para hablar del conjunto de cosas que percibimos a nuestro alrededor y, en este caso, “mundo” es la suma de cosas que están delante de mí y que yo puedo observar, analizar, estudiar. Esta es, a grandes rasgos, la concepción del positivismo cientificista y que viene desde los inicios de la modernidad sustentada por el desarrollo de las ciencias empíricas. El mundo es eso que está delante de mí y que yo puedo y debo dominar.

11. Guardini intenta mostrar que esta última concepción del mundo, propia del positivismo reinante en su tiempo, trae nefastas consecuencias si es absolutizada. En efecto, si el mundo es sólo ese conjunto de cosas que yo puedo observar estudiar, medir, someter a experiencia y manipular, las dimensiones que no pueden ser percibidas empíricamente como la espiritual y la divina, quedan desplazadas. Una postura de esa naturaleza puede derivar fácilmente a un reduccionismo materialista, al ateismo y a acciones aberrantes entre seres humanos. Para hacer frente a esta consideración del mundo evidentemente incorrecta, Guardini hecha mano del lenguaje y del uso de ciertos términos que manifiestan la existencia de diferentes planos de la realidad[15].

12. Palabras opuestas como “alto – bajo”, “profundo – superficial” y “exterior – interior” son utilizadas para referirse a las realidades de orden físico. Así por ejemplo decimos que una montaña tiene determinada “altura” o que un árbol de una especie es más bajo que el de otra. Decimos también que un lago posee cierta “profundidad” y expresamos esas magnitudes en unidades de medida: mil metros, dos mil metros, etc. De la misma manera decimos que una piedra está en el “interior” de una caverna y que una persona está fuera (en el “exterior”) de su casa. Cuando hablamos de esta manera nos ubicamos en un plano físico-material, un plano en que los objetos pueden ser mensurados y observados con ciertos instrumentos, expresados en cifras y unidades de medición. Ahora bien, también utilizamos las palabras “alto – bajo”, “profundo – superficial” y “exterior – interior” para referirnos a otros aspectos de la realidad que no son mensurables y observables y que están íntimamente relacionados con la existencia humana. Por ejemplo podemos decir que una persona cayó muy “bajo” al comportase de una determinada manera o que se comportó a la “altura” de las circunstancias; o que el pensamiento de un escritor es muy “profundo” o muy “superficial”; o que a una persona, por dentro (en el “interior”), le remuerde la conciencia. En todos estos ejemplos citados los términos “alto”, “bajo”, etc., no hacen referencia a aspectos mensurables de la realidad. No podemos medir y expresar en metros las “altura” de las circunstancias o la “profundidad” de las ideas de un pensador. Estas formas de hablar manifiestan que existe un plano distinto al plano físico o material de la realidad, un plano que es de orden meta-físico, de orden inmaterial. Se advierte entonces que reducir la noción de “mundo” al plano de lo físico-material es cerrarse a ciertas dimensiones de la realidad a las que hacemos referencia cuando hablamos, quizá sin darnos cuenta. Esto es muy importante al momento de considerar la realidad de la persona humana, de lo contrario quedaría reducida a una mera unidad orgánica compleja que ha surgido después de un largo proceso evolutivo.

C. LA PERSONA HUMANA

I. La persona humana como un todo ordenado

13. Las reflexiones de Romano Guardini sobre la estructura del ser personal comienzan en torno a la idea de “conformación”[16]. Cuando una determinada realidad está compuesta por una serie de elementos básicos estrechamente interrelacionados y ordenados, de manera tal que constituyen una unidad estructural capaz de realizar ciertas funciones, podemos decir que dicha realidad es una conformación. Los cristales, los organismos, las estructuras sociales, son ejemplos de conformaciones. La persona humana también es una conformación, pues, vista desde un determinado aspecto, es una unidad estructural, entre otras unidades, que realiza funciones. En efecto, basta una mirada panorámica para constatar que una persona no es un ser caótico y desordenado sino una unidad precisamente ordenada. El cuerpo, que constituye la dimensión más visible del ser personal, está constituido por huesos, músculos, órganos, tejidos y otros componentes estrechamente ligados. Todos ellos, lejos de ser una mera yuxtaposición desorganizada, conforman un todo unitario.

14. Desde esta primera consideración, sumamente general y básica, la persona humana queda ubicada como una realidad unitaria y ordenada, junto a otras realidades unitarias y ordenadas.

II. La persona humana como un individuo vivo

15. Guardini continúa sus reflexiones centrándose en la idea de individualidad[17]. La persona humana es un individuo vivo, lo cual significa que constituye una unidad de estructura y funciones que, si bien se relaciona con las cosas que la rodean, se diferencia de ellas. Esta diferenciación con las cosas circundantes tiene lugar en el individuo vivo de dos maneras fundamentales íntimamente vinculadas: mediante la conformación de un mundo propio y mediante la independencia respecto a las determinaciones de la especie.

16. El individuo vivo conforma un mundo propio en la medida en que se relaciona de manera especial -a través de los sentidos y de las actividades o de las funciones que realiza- con ciertos elementos circundantes que son de importancia vital para él. Así por ejemplo, un león se relaciona con otros individuos de la manada, se ubica en un territorio determinado con ciertas características, persigue a ciertos animales que le sirven de alimento, etc. Todo ello constituye, hablando análogamente, “el mundo del león”, que no es el mismo que el de un oso polar. Es preciso aclarar que la conformación de un mundo propio no se da de la misma manera en un animal que en una persona, pues el animal no construye “su mundo” deliberada y libremente, sino que son los instintos y las tendencias propias de su especie las que lo determinan a ello. Por el contrario, en el caso de la persona humana, podemos hablar con más propiedad de la construcción de “un mundo propio”, puesto que ese mundo es construido libremente, aún cuando la libertad de la persona humana no sea absoluta.

17. La otra manera de diferenciación mencionada anteriormente se da con respecto a las determinaciones de la especie. Todo individuo vivo recibe de los padres que lo procrean una serie de determinaciones genéticas propias de la especie a la que pertenece. Guardini señala que cuanto más inferior se ubica el individuo vivo en la escala de la vida, más determinado está por las notas propias de su especie, y, por lo tanto, menos logra diferenciarse. Por el contrario, cuanto más elevada sea la ubicación del individuo en la jerarquía vital, tanto más podrá diferenciarse, construyendo su mundo propio. Esto representa un mayor grado de independencia pero al mismo tiempo una mayor cuota de peligro, pues al no estar completamente determinado genéticamente para realizar las diferentes actividades vitales, el individuo debe autodeterminarse y ello lleva implícito la posibilidad de equivocarse y fracasar.

18. Por último Guardini destaca que hablar de individuos vivos es hablar de individuos con un cierto grado de interioridad. El individuo vivo realiza funciones o actividades cuyos resultados contribuyen a su propio bien, es decir, repercuten en beneficio propio y por ello reciben el nombre de “operaciones inmanentes” (del latín “in – manere”: permanecer adentro). Así, por ejemplo, cuando un animal ingiere alimentos, los procesa internamente para satisfacer las necesidades biológicas de su propio organismo. Esto manifiesta un cierto grado de interioridad que no se da en una roca o en un metal. Ese ámbito de interioridad del viviente lo constituye como un ser, en cierto modo, independiente, dado que las funciones que se realizan en la interioridad del individuo vivo, dependen sólo de él.

III. Lo propio del ser personal

19. Después de haber considerado a la persona humana desde dos perspectivas básicas y generales –como un todo ordenado y como un individuo vivo- Romano Guardini se detiene en lo más propio del ser personal: su dimensión espiritual[18].

20. En la vida vegetal se da un cierto ámbito de interioridad que se manifiesta en el crecimiento y en las relaciones con el medio (por ejemplo: la absorción de sustancias a través de las raíces o la recepción de la luz solar para realizar el proceso de fotosíntesis). En la vida animal se da un nivel más elevado de interioridad, pues a los procesos propios de la vida vegetal se suman el conocimiento sensorial, un cierto grado de afectividad y la locomoción. Sin embargo, en un nivel mucho más elevado de interioridad, se ubica la vida humana que se determina a partir del espíritu.

21. La interioridad de la persona humana se convierte en interioridad de autoconciencia, lo cual significa que la persona no sólo sabe acerca de las realidades que lo rodean, sino que además sabe que sabe y es capaz de aprehender el sentido de las cosas y de dotar de sentido a su propio obrar. El animal realiza sus operaciones con cierta orientación y con cierto sentido, pero no es él el que dota se sentido sus actividades, sino las determinaciones genético-biológicas propias de su especie. El animal no es capaz de captar el sentido de las cosas ni de dar sentido por sí mismo a las cosas.

22. La persona humana está dotada de voluntad y esto hace que su obrar sea completamente distinto al del animal irracional[19]. En efecto, cuando un animal percibe un determinado estímulo se desencadenan en él una serie de energías, instintos o impulsos interiores que determinan la reacción ante ese estímulo. Así, por ejemplo, cuando las hembras de determinadas especies se encuentran en período de apareamiento (o de celo), emiten una sustancia olorosa que es percibida por los machos de su especie. En el momento en que los machos perciben ese particular olor se desencadenan en ellos una serie de instintos que los conducen necesariamente a aparearse con la hembra. No existe posibilidad de elección, el instinto determina al animal a que se comporte de esa manera. En cierto modo podríamos decir que el mecanismo de comportamiento animal es “estímulo-respuesta”[20] y que las reacciones a determinados estímulos es fácilmente predecible. Por el contrario, la persona humana al aprehender un objeto particular no está determinada a obrar -aún cuando ese objeto haya despertado diversos afectos- pues la potencia última que mueve a la acción es su voluntad. En este caso el mecanismo de comportamiento no es “estímulo-respuesta” pues dado un estímulo, media la deliberación y la elección voluntaria antes de la respuesta y esta última jamás podrá predecirse de manera absolutamente segura.

23. Guardini destaca también la capacidad creativa de la persona humana. En efecto, diferentes especies animales manifiestan capacidades sorprendentes de construir. Existen aves que construyen nidos y refugios admirables para sus crías. Ciertas especies de arañas tejen telas de increíble perfección para cazar las presas que le servirán de alimento. Determinadas clases de aves poseen cantos muy agradables y hermosos. No obstante esas habilidades vienen determinadas por las notas características de su especie, no son creaciones propias de un individuo determinado, de allí que todos los individuos de una especie posean las mismas capacidades. En el caso de la persona humana se percibe una clara capacidad creadora. La persona puede construir, elaborar y componer sin inclinaciones específicas que necesariamente determinen su acción, pues la obra humana surge del espíritu aún cuando esté marcada por los condicionamientos propios de una cultura particular y de una instrucción especial. Por ello, dos personas, aún cuando pertenezcan a la misma especie humana y hayan crecido en un ámbito cultural semejante con una instrucción similar, nunca construirán o elaborarán o compondrán de manera idéntica.

24. La dimensión espiritual de la persona humana la sustrae a toda relación de posesión y dominio[21]. Aunque se prive a una persona de su libertad exterior, por ejemplo encerrándola en un calabozo, su núcleo íntimo espiritual permanece libre[22]. Se advierte así que la interioridad propia de la persona es inconmensurable. Se podrán medir y analizar lógicamente las acciones exteriores del hombre, pero su interior escapa a toda medida y a todo análisis lógico. Ser persona significa que no se puede ser poseído, dominado, manipulado y utilizado, y que no se puede ser sustituido por otro. La persona humana es única e irrepetible[23].

25. Guardini se pregunta si la dimensión espiritual de la persona puede enfermar y contesta afirmativamente haciendo ciertas aclaraciones. Las enfermedades del espíritu no tienen nada que ver con las enfermedades o trastornos de orden psicosomático o psicológico de los que se ocupa la psicología y la psiquiatría. Según Guardini, la dimensión espiritual de la persona humana enferma cuando reniega de la verdad, el amor y la justicia[24]. Tan esenciales son para la persona la búsqueda de la verdad y de la justicia y el acto de amar, que si se cierra a ellos, enferma. Renegar de la verdad no significa equivocarse[25] o mentir de vez en cuando, sino considerar la verdad como algo sin importancia y sin valor hasta el punto de rechazarla e incluso combatirla. Lo mismo sucede en el caso de la justicia. El espíritu de la persona humana enferma no cuando realiza un acto aislado de injusticia sino cuando tiene lugar un posicionamiento existencial deliberadamente hostil a la búsqueda de la justicia. Finalmente, el negarse a amar constituye otro ejemplo –quizá el más manifiesto- de enfermedad del espíritu humano. Una persona que decididamente se niega a amar, transforma su vida en una prisión opresora y asfixiante[26] destinada al más absoluto vacío existencial.

La persona humana no es un ser cerrado y autosuficiente sino que está esencialmente referida a las otras personas[27]. El fundamento de toda relación interpersonal auténtica es el amor. Quien se niega a amar se clausura a la relación con las demás personas y enferma inevitablemente.

26. Finalmente Romano Guardini señala que el hecho de haber abordado el tema de la persona humana considerando por separado los diversos “estratos” que constituyen su estructura –persona como conformación, como individuo viviente y como ser espiritual- tiene sólo un fin didáctico, pues de esa manera se percibe más claramente la amplitud y complejidad del ser personal.

No obstante es preciso aclarar que los diferentes estratos considerados por separado en la reflexión filosófica están íntimamente vinculados en la realidad. La persona humana no es sólo materia, sólo cuerpo orgánico, sólo alma, sólo espíritu, sólo libertad, sólo inteligencia y voluntad; la persona humana no se reduce a lo que los factores genéticos, geográficos, nacionales, culturales o históricos hicieron de ella; sino que es una realidad compleja en la que se encuentran interrelacionadas todas las dimensiones, facultades y condicionamientos mencionados. Considerar solamente una de esas dimensiones olvidando o incluso negando las demás, representaría un insensato reduccionismo. La persona humana constituye un misterio inagotable al que podemos aproximarnos sin abarcarlo totalmente. Cuando la persona singular toma conciencia de su realidad compleja y fecunda al mismo tiempo, la acepta, la integra y la hace crecer, se encamina hacia la madurez y realización existencial.

IV. La esencial referencia de la persona humana a las otras personas

27. Desde que sale del seno materno, la persona humana está relacionada estrechamente a otras personas que contribuyen a su desarrollo. Aquellos que educan, protegen y socorren al recién nacido no hacen de él una persona –desde el punto de vista ontológico- por realizar estas tareas, sino que promueven su crecimiento integral. Dicho en otras palabras, desde el punto de vista metafísico, el recién nacido nace siendo una persona humana, no obstante, desde el punto de vista existencial debe crecer y desarrollarse en diversos aspectos para ser una persona humana madura y plena. Este crecimiento y esta maduración sólo pueden lograrse en la relación con otras personas. He aquí el fundamento del carácter esencialmente relacional de la persona humana.

28. Ahora bien, Romano Guardini señala que existen diversos tipos de relaciones y que no todas contribuyen al crecimiento de la persona humana como tal. Así por ejemplo cuando una piedra choca contra otra piedra produciendo un determinado movimiento en esta última, se da una relación entre ambas que podríamos llamar una relación física o mecánica. También se dan relaciones químicas cuando se vinculan dos sustancias determinadas. Otro tipo de relación tiene lugar cuando interactúan dos animales de igual o diversa especie. En este caso estamos frente a una relación más compleja que la relación meramente física, pues los involucrados son seres vivientes capaces de conocer y reaccionar. Por último están las relaciones entre seres humanos que son más complejas que las anteriores pero que pueden asemejarse, pues una persona puede chocar con otra de igual manera que dos piedras, o puede observar y atacar espontáneamente a otra persona como hacen los animales.

No obstante existe también la posibilidad de que dos personas se vinculen de una manera profunda y enriquecedora. Estas últimas relaciones son las que permiten crecer como persona humana. Guardini las denomina relaciones “yo-tu”[28].

29. Sólo existen relaciones interpersonales “yo-tu” cuando se sale del esquema de relación “sujeto-objeto” o “yo-cosa”, pues estos se caracterizan por la relación de dominio y uso. Una persona se relaciona con un objeto (relación “yo-cosa”) utilizándolo para determinadas tareas, manipulándolo a voluntad, comprándolo, vendiéndolo o desechándolo según las circunstancias. La relación “yo-tu” es de un orden completamente distinto, pues en ella se vinculan dos personas humanas, no hay cosas u objetos que actúen como componentes de la relación. Guardini señala que la relación interpersonal “yo-tu” posibilita el crecimiento personal porque en ella la mirada del otro me interpela y mi mirada lo interpela a él produciéndose un intercambio fecundo de sentimientos y de sentidos[29]. Las relaciones “yo-tu” pueden darse en distintos niveles de profundidad: un saludos respetuoso, un gesto amable, un breve diálogo afectuoso, una comida, una clase, una amistad entrañable.

30. Un elemento fundamental en las relaciones “yo-tu” es el lenguaje. El lenguaje permite el diálogo y el intercambio comunicativo con las otras personas. A través de él se manifiesta la dimensión espiritual de la persona humana y su carácter relacional, pues el lenguaje no se reduce al componente material-orgánico que lo constituye –lengua, cuerdas vocales, labios, sonidos, signos sino que es la combinación de ellos con el significado y el sentido particular que proviene del espíritu. El lenguaje es un acto corpóreo-espiritual propio de un ser precisamente corpóreo-espiritual: la persona humana. Por el lenguaje se manifiesta la orientación dialógica de la persona humana y su evidente referencia a las demás personas.

V. La esencial referencia de la persona humana a Dios[30]

31. Guardini destaca que el “Tu” más profundo con que la persona humana puede vincularse es el “Tu” divino. La razón de esto radica en que Dios la ha creado y por ello sólo Él constituye el sentido más pleno de su vida. La existencia personal está esencialmente orientada al creador. La inclinación a la relación con Dios no es algo accidental en la vida del hombre, sino, por el contrario, es una dimensión fundamental que no puede ser negada si se quiere abordar de manera completa la realidad de la persona humana. Negar la existencia de Dios y la condición creatural del ser humano significa negar la evidente finitud de la persona. Precisamente la finitud y limitación propia de la persona humana manifiestan que ella no se dio a sí misma la existencia, sino que la ha recibido como un don de un ser superior.

32. Si el hombre encuentra en Dios su “Tú” más importante, es porque Dios ha hecho primero del hombre su “tu” cuando lo ha creado por su Palabra. Más aún, constantemente hace del hombre su “tu” cuando habla a través de la creación. Las cosas son –según Guardini- palabras que Dios nos dirige para entablar un diálogo amistoso. Las diferentes realidades de la creación poseen un carácter verbal[31], pues al ser llamadas a la existencia por la Palabra divina llevan la impronta del creador. Dios se comunica con nosotros por medio de ellas.

33. Entrando ya en un plano puramente teológico dogmático, Guardini señala finalmente que la relación “yo-tu” que se establece entre el hombre y Dios tiene como modelo perfecto la relación “Yo-Tu” del Padre celestial con el Hijo en el seno del misterio trinitario[32].

ANEXO

Obras de Romano Guardini en español

Ø    El contraste, B.A.C., Madrid, 1996.

Ø    Cartas del lago de Como, Dinor, San Sebastián, 1957.

Ø    Cartas sobre autoformación, Lumen, Bs. As., 1996.

Ø    Voluntad y verdad, Dinor, San Sebastián, 1962.

Ø    Mundo y persona, Encuentro, Madrid, 2000.

Ø    Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994.

Ø    La muerte de Sócrates, Emecé, Bs. As., 1997.

Ø    La conversión de San Agustín, Agape, Bs. As., 2007.

Ø    El ángel en la Divina Comedia del Dante, Emecé, Bs. As., 1961.

Ø    Pascal o el drama de la conciencia cristiana, Emecé, Bs. As., 1955.

Ø    Preocupación por el hombre, Cristiandad, Madrid, 1965.

Ø    Los sentidos y el conocimiento religioso, Cristiandad, Madrid, 1965.

Ø    Religión y revelación, Guadarrama, Madrid, 1964.

Ø    Cristianismo y sociedad, Sígueme, Salamanca, 1982.

Ø    El mesianismo en el mito, la revelación y la política, Rialp, Madrid, 1948.

Ø    La cuestión judía, Sur, Bs. As., 1963.

Ø    El fin de la modernidad. Quien sabe de Dios conoce al hombre, PPC, Madrid, 1996.

Ø    La aceptación de sí mismo. Las edades de la vida, Lumen, Bs. As., 1994.

Ø    Ética, B.A.C., Madrid, 2000.

Ø    Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Bs. As., 1994.

Ø    La existencia del cristiano, B.A.C., Madrid, 1997.

Ø    Obras de Romano Guardini (tres tomos), Cristiandad, Madrid, 1981.

Ø    La esencia del cristianismo, Cristiandad, Madrid, 1965.

Ø    Vida de la fe, Lumen, Bs. As., 1992.

Ø    El espíritu de la liturgia. El talante simbólico de la liturgia, Agape, Bs. As., 2005.

Ø    Introducción a la vida de oración, Lumen, Bs. As. 1993.

Ø    Verdad y orden. Homilías universitarias I, Guadarrama, Madrid, 1960.

Ø    Verdad y orden. Homilías universitarias II, Guadarrama, Madrid, 1960.

Ø    Verdad y orden. Homilías universitarias III, Guadarrama, Madrid, 1960.

Ø    Verdad y orden. Homilías universitarias IV, Guadarrama, Madrid, 1960.

Ø    La realidad humana del Señor, Lumen, Bs. As., 1989.

Ø    La imagen de Jesús en el Nuevo Testamento, Lumen, Bs. As., 1992.

Ø    El Señor, Lumen, Bs. As., 2000.

Material bibliográfico referido al pensamiento de Romano Guardini

  • BORGHESI Massimo, “Romano Guardini: cristianismo y ‘visión del mundo’” en http://www.mercaba.org/Guardini/cartel_textos_sobre.htm
  • BORGHESI Massimo, “El realismo cristiano de Romano Guardini” en http://www.mercaba.org/Guardini/cartel_textos_sobre.htm
  • BORGHESI Massimo, “El renouveau católico alemán y su crisis en la reflexión de Romano Guardini” en http://www.mercaba.org/Guardini/cartel_textos_sobre.htm
  • BURGOS Juan Manuel, El personalismo, Palabra, Madrid, 2000.
  • GIBU SHIMABUKURO Ricardo, “Influjo de san Buenaventura en la estructura de Der Gegensatz de Romano Guardini”
  • GIBU SHIMABUKURO Ricardo, “Génesis de la cuestión antropológica en la obra de Romano Guardini”
  • KRIEG Robert Anthony, “Un intérprete de la verdad” en http://www.mercaba.org/Guardini/cartel_textos_sobre.htm
  • KRIEG Robert Anthony, “Fe cristiana y literatura en Romano Guardini” en http://www.mercaba.org/Guardini/cartel_textos_sobre.htm
  • LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, Romano Guardini y la dialéctica de lo viviente, Cristiandad, Madrid, 1966.
  • LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, Romano Guardini, maestro de vida, Palabra, Madrid, 1998.
  • LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, La verdadera imagen de Romano Guardini, Eunsa, Pamplona, 2001.
  • LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, “Estudio introductorio” en GUARDINI Romano, Ética, B.A.C., Madrid, 2000.
  • LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, “Estudio introductorio” en GUARDINI Romano, La existencia del cristiano, B.A.C., Madrid, 1997.
  • LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, “La vida ética y el desarrollo de la persona según Romano Guardini” en http://www.mercaba.org/Guardini/cartel_textos_sobre.htm
  • MARRERO Vicente, “La distinción cristina. Lo ‘diferencial cristiano’ según Romano Guardini en http://www.mercaba.org/Guardini/cartel_textos_sobre.htm
  • SCHREIJÄCK Thomas, “Romano Guardini (1885-1968): su obra filosófica” en CORETH Emerich, NEIDL Walter y PFLIGERSDORFFER Georg (Eds), Filosofía cristiana (Tomo III), Encuentro, Madrid, 1997

http://paideiapoliteia.com.ar/docs/releed/006_pf.pdf


[1] Cf. SCHREIJÄCK Thomas, “Romano Guardini (1885-1968): su obra filosófica” en CORETH Emerich, NEIDL Walter y PFLIGERSDORFFER Georg (Eds), Filosofía cristiana (Tomo III), Encuentro, Madrid, 1997, pp. 189-203. Para un estudio más amplio respecto a la vida de Guardini, cf. LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, Romano Guardini, maestro de vida, Palabra, Madrid, 1998.

[2] Para un estudio más profundo y detallado del pensamiento filosófico de Guardini, cf. LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, Romano Guardini y la dialéctica de lo viviente, Cristiandad, Madrid, 1966; LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, La verdadera imagen de Romano Guardini, Eunsa, Pamplona, 2001.

[3] Cf. BURGOS Juan Manuel, El personalismo, Palabra, Madrid, 2000, pp. 128-135.

[4] Cf. LEOCATA Francisco, Del iluminismo a nuestros días, Ediciones Don Bosco, Bs. As., 1979, p. 262.

[5] Cf. SCHREIJÄCK Thomas, “Romano Guardini (1885-1968): su obra filosófica” en CORETH E. y otros (Eds), Filosofía cristiana (Tomo III), p. 192.

[6] Guardini ha confesado que lo que motivó siempre sus trabajos fue el deseo de alcanzar una visión unitaria y global de la existencia del cristiano. Cf. GUARDINI Romano, Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994, p.

[7] Algunos de esos ensayos están traducidos al español. Véase el anexo al final del presente trabajo.

[8] Cf. GUARDINI Romano, Mundo y persona, Encuentro, Madrid, 2000, p. 124 (Nota al pie Nº 53). Estos dos pensadores tienen como fuente común, al igual que Guardini, el pensamiento de S. Kierkegaard. Para un estudio profundo sobre el pensamiento de Haecker y Ebner, cf. CORETH E. y otros (Eds), Filosofía cristiana (Tomo III); LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, Pensadores cristianos contemporáneos, B.A.C., Madrid, 1968; PUENTE LÓPEZ Julio, Ferdinand Ebner, Estudios, Madrid, 2006.

[9] Cf. GUARDINI Romano, El contraste, B.A.C., Madrid, 1996; GUARDINI Romano, Cartas del lago de Como, Dinor, San Sebastián, 1957; GUARDINI Romano, Cartas sobre autoformación, Lumen, Bs. As., 1996; GUARDINI Romano, Mundo y persona, Encuentro, Madrid, 2000; GUARDINI Romano, Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994; GUARDINI Romano, El fin de la modernidad. Quien sabe de Dios conoce al hombre, PPC, Madrid, 1996; GUARDINI Romano, Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Bs. As., 1994; GUARDINI Romano, El Poder, en Obras I, Cristiandad, Madrid, 1981.

[10] Cf. GUARDINI Romano, Voluntad y verdad, Dinor, San Sebastián, 1962; GUARDINI Romano, Verdad y orden. Homilías universitarias (cuatro tomos), Guadarrama, Madrid, 1960; GUARDINI Romano, Preocupación por el hombre, Cristiandad, Madrid, 1965; GUARDINI Romano, Cristianismo y sociedad, Sígueme, Salamanca, 1982; GUARDINI Romano, Ética, B.A.C., Madrid, 2000.

[11] Especialmente cf. GUARDINI Romano, Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994; GUARDINI Romano, Preocupación por el hombre, Cristiandad, Madrid, 1965; GUARDINI Romano, Cristianismo y sociedad, Sígueme, Salamanca, 1982.

[12] Cf. GUARDINI Romano, Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994, p. 9.

[13] En obras posteriores Guardini se referirá más extensamente a la noción de “mundo”. Cf. GUARDINI Romano, El ocaso de la edad moderna, en Obras I, Cristiandad, Madrid, 1981; GUARDINI Romano, El poder, en Obras I, Cristiandad, Madrid, 1981; GUARDINI Romano, Preocupación por el hombre, Cristiandad, Madrid, 1965.

[14] GUARDINI Romano, Mundo y persona, pp. 60-61.

[15] Este método fue expuesto por Guardini en un escrito de juventud titulado Der Gegensatz (La oposición). Aunque en la traducción española de esta obra se ha traducido el título por El contraste, considero que sería más correcto La oposición. Cf. GUARDINI Romano, El contraste, B.A.C., Madrid, 1996.

[16] Cf. GUARDINI Romano, Mundo y persona, pp. 94-95.

[17] Cf. GUARDINI Romano, Mundo y persona, pp. 95-98.

[18] Cf. GUARDINI Romano, Mundo y persona, pp. 98-112.

[19] Guardini se detiene en numerosos pasajes de sus obras a reflexionar las diferencias entre el ser humano y el animal para poner de manifiesto el valor inconmensurable del hombre. Cf. GUARDINI Romano, Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 36-37; 44-46; 120-123; 176; 197. GUARDINI Romano, Europa realidad y tarea en Obras I, Cristiandad, Madrid, p. 22. GUARDINI Romano, La cultura como obra y riesgo en Obras I, Cristiandad, Madrid, p. 137-138. GUARDINI Romano, El poder en Obras I, Cristiandad, Madrid, p. 197.

[20] Lamentablemente no podemos dejar de reconocer que los seres humanos, varones y mujeres, se comportan muchas veces de esta manera.

[21] En una de sus obras Guardini se refiere a la degradación que se realiza cuando se olvida que la persona humana es una realidad corpóreo-espiritual y se la trata como una cosa. En esos casos tiene lugar una “cosificación” de la persona. Cf. GUARDINI Romano, Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 180; 227.

[22] El tema de la libertad humana es uno de los más tratados por Guardini en sus diversas obras. En todos los casos expresa de manera insistente la grandeza y, al mismo tiempo, el peligro que representa la libertad en el ser humano. Grandeza, por ser capacidad de autodeterminación en la propia existencia; peligro, porque esa capacidad puede ser mal utilizada. De allí que considere inseparable el binomio libertad-responsabilidad. Cf. GUARDINI Romano, Cartas sobre autoformación, Lumen, Bs. As., 1996, pp. 97-117. GUARDINI Romano, Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 13-93. GUARDINI Romano, Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 120-122; 139; 205-207. GUARDINI Romano, El poder en Obras I, Cristiandad, Madrid, 1981, pp. 218-219; 249-251. GUARDINI Romano, Preocupación por el hombre, Cristiandad, Madrid, 1965, pp. 125-142.

[23] Cf. GUARDINI Romano, Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Bs. As., 1994, p. 180.

[24] La verdad, la justicia y el amor son temas recurrentes en las obras de Guardini. Cf. GUARDINI Romano, Cartas sobre autoformación, Lumen, Bs. As., 1996, pp. 13-25. GUARDINI Romano, Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 27-41; 71-82. GUARDINI Romano, Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 40; 202-203.

[25] Guardini sostiene en una de sus obras que la posibilidad de equivocarse es algo exclusivo del ser humano, pues un animal irracional no se equivoca. Cf. GUARDINI Romano, Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Bs. As., 1994, p. 176.

[26] En una de sus obras Guardini señala que amar en una de las experiencias más intensas de libertad. Cf. GUARDINI Romano, Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 40. En esta misma obra afirma que al amar cae “la coraza” que encierra al propio yo. Cf. Ibid., p. 202. Nótese la afinidad de estas reflexiones de Romano Guardini con el pensamiento de S. Kierkegaard y de F. Ebner. Cf. KIERKEGAARD S., Las obras del amor, Sígueme, Salamanca, 2006 pp. 231; 257. Cf. EBNER F., La palabra y las realidades espirituales, Caparrós, Madrid, 1995, pp. 124-125; 190; 228.

[27] Si bien este importante tema aparece ahora apenas mencionado, Guardini le dedica un apartado especial en Mundo y persona. (Cf. pp. 113-121). A este apartado nos referiremos en el siguiente punto de nuestro trabajo.

[28] Esta denominación de las relaciones interpersonales auténticas proviene de las obras de Ferdinand Ebner y Martin Buber. Cf. EBNER F., La palabra y las realidades espirituales, Caparrós, Madrid, 1995, p. 23. BUBER M., Yo y tu, Nueva Visión, Bs. As., 1969. Guardini reflexiona sobre las relaciones “yo-tu” en otras obras suyas. Cf. GUARDINI Romano, Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 104-105. GUARDINI Romano, Una ética para nuestro tiempo, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 110-111; 209-210; 227.

[29] Un concepto que Romano Guardini sólo esboza en Mundo y persona (Cf. pp. 114-116) pero que en obras posteriores desarrolla más extensamente es “el encuentro”. Con esta noción el autor que nos ocupa pretende destacar la inconmensurable riqueza que se deriva de las relaciones interpersonales auténticas. El encuentro “yo-tu” se constituye como un verdadero acontecimiento de crecimiento y maduración interior. Cf. GUARDINI Romano, Libertad, gracia y destino, Lumen, Bs. As., 1994, pp. 39-40; 104-105; 119-121. Para un análisis más pormenorizado cf. LÓPEZ QUINTÁS Alfonso, Romano Guardini y la dialéctica de lo viviente, Cristiandad, Madrid, 1966, pp. 185-188.

[30] Cf. GUARDINI Romano, Mundo y persona, pp. 122-136.

[31] Cf. GUARDINI Romano, Mundo y persona, pp. 118-121.

[32] En el ámbito de la teología trinitaria contemporánea H. Mühlen ha utilizado la denominación “yo-tu” para hablar de las relaciones intratrinitarias de las personas divinas. El Padre sería el “Yo”, el Hijo sería el “Tu” y el Espíritu Santo sería el “Nosotros” en el seno de la Trinidad. Cf. FUSTER PERELLÓ S., Misterio trinitario, San Esteban-Edibesa, Valencia.

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