Filosofía y educación

El despojo del interior: el mundo mostrado por los medios de comunicación*

*Jaim Etcheverry  G.; La Tragedia Educativa; Bs.As, F.C.E.,  2000 (pag 73-76).

Curiosamente, un tutor y discípulo que dialogan contemplando el cuidado césped de Eton en 1920 ignoran que años después de abandonar el colegio inglés, habrán de describir sus visiones del mundo futuro.

Aldous Huxley, publicará en 1932, Un mundo feliz. Eric Blair, más conocido como George Orwell, en 1949, conmoverá con su sombrío relato 1984.

En su novela, Orwell anticipa los  peligros de una sociedad totalitaria en la que el Estado concentra cada vez mayor poder. Para simbolizar la opresión externa, imagina un omnipresente “Gran Hermano”, que controla la vida cotidiana de los hombres. Ha sido esa una de las más poderosas metáforas del siglo para describir las consecuencias del control de todas las actividades humanas por el poder.

Huxley, en cambio, no supone que una figura autoritaria privará a la gente de su autonomía, le arrebatará su historia o le impedirá madurar. En su profecía, la gente no resiste a la tecnología con la que el opresor aniquila la capacidad de pensar. El aspecto terrible del relato reside en que la victima no odia a sus opresor, se entrega a él voluntaria y alegremente.

Mientras Orwell alertan acerca de quienes nos privarán de la información, prohibirán los libros o nos ocultarán la verdad, Huxley expresa una preocupación opuesta. Imagina que llegaremos a contar con tanta información que quedaremos reducidos a la pasividad, que no será necesario prohibir los libros porque a nadie les interesará leerlos, ni ocultar la verdad porque pasará inadvertida en el océano de la irrelevancia.

Huxley piensa que, en la era de la tecnología avanzada, la gente vivirá entre placeres y lujo, pero devastada espiritualmente por un enemigo disimulado con un  rostro sonriente. Para destruir la cultura, bastará con que el pueblo se convierta en audiencia, que acepte ser distraído por lo trivial, paralizado por el entretenimien-to perpetuo. A esa altura, sin necesidad de rejas ni guardianes, el diálogo público no supera ya el nivel infantil y la política ya no se diferencia del vodevil.

Mientras Orwell teme que la cultura se convierta en prisionera, Huxley ve el peligro de que se transforme en trivial, preocupada por lo irrelevante.

Terminado el siglo la profecía de Orwell no se ha cumplido. Los regímenes totalitarios se baten en retirada. Tal vez, inclusive como consecuencia de 1984, estamos alertas y reaccionamos en cuanto a las puertas de la celda comienzan a entornarse y se escuchan los quejidos de las primeras victimas.

Se concreta, en cambio la visión de Huxley. En ese “mundo feliz” en el que se convierte aceleradamente el nuestro, nadie grita por la libertad perdida. Al contrario, se oyen las carcajadas de la diversión, que, además, interpretamos con signos de absoluta libertad. El problema no es que la gente se ría en lugar de pensar, si no que no sabe de que se ríe, ni porque a dejado de pensar. ¿Puede reaccionar una cultura agotada por la risa? .

La educación parece ser el antídoto ante esta epidemia de estupidez que se extiende…

Sin educación, las personas son más vulnerables porque, como carecen del mundo interior que ella construye, quedan limitadas al espacio enrarecido de su experiencia cotidiana. Como a señalado Julián Marías, estos primitivos llenos de noticias, no tienen ninguna idea, corporizan el vació mental.  Por eso sin resistir y sonrientes, se entregan al opresor que los va rellenando con la cultura de lo burlesco. Trágicamente, ni si quiera reconocen al que los asfixia.

En este fin de siglo, hay señales de que el “mundo feliz” está instalado entre nosotros.

Vivimos férreamente controlados, no ya por el amenazante “Gran Hermano”, si no por el alegre entretenimiento. Entre carcajadas y no ya entre gritos de horror, sucumben hombres y mujeres sometidos al despojo  de su interior. Están rodeados, privados de la posibilidad de ensanchar su horizonte, es decir, de hacerse personas. Es una nueva manera de perder la libertad, una prisión invisible. Menos evidente, más moderna y sutil que la controlada por el “Gran Hermano” pero no por eso menos terrible. Derribaremos sus muros cuando decidamos enriquecernos, esta vez por dentro.

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1 comentario »

  1. Una realidad dificil de evadir , calculo que para enriquecernos tendriamos que volver al estado mas primate del sistema, y tambien creo que cada vez hay mas personas que sienten y/o descubren que esto es lo que estamos viviendo…

    Comentario por gabriel — 18 noviembre 2012 @ 12:42 | Responder


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