Filosofía y educación

Sobre la razón

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¿No es la razón al hombre como el sextante al navegante?

Cuando el navegante no puede ver las estrellas o utiliza su instrumento de navegación sin referirlo a la realidad comienza a desvariar, no hay forma de que pueda fijar un rumbo cierto. Lo mismo ocurre al hombre cuando ejercita su capacidad racional en forma autónoma; termina utilizando su razón al servicio de la imaginación y no de la realidad. La razón, finalmente, siendo lo más humano se vuelve en contra del hombre.

¿Hay alguna última respuesta que salga del esquema?

Si me pregunto ¿qué es el agua?, luego de ver todas las respuestas dadas, según lo que dice Santo Tomás de la esencia del mosquito, sigo en última instancia sin conocer la verdadera esencia del agua. La samaritana junto al Pozo de Jacob conoció lo que el agua es.

Desde la razón no referida al Logos, ¿no es acaso aquello que decía San Agustín a propósito del tiempo válido para toda la realidad?

¿Qué respuesta realmente importante se puede alcanzar con la razón sin llegar de un modo u otro al Logos eterno?

¿Discurrir lógicamente no es usar la razón de acuerdo al orden del Logos?

El orden del Logos es superior, trascendente al intelecto humano, en el sentido que lo es lo increado respecto a lo creado. Con lo cual estamos diciendo que la rectitud racional encuentra su regla en el misterio.

A la caña pensante le ha sido dado el ser espejo del Verbo.

Parece que la razón es al hombre como el sextante al navegante. Sin la estrella polar ¿cómo saber dónde estamos? ¿cómo rumbear en nuestro peregrinar?

¿Es que hay posibilidad de filosofar sin el Logos?

No es que, ¿aún la posibilidad de intentar filosofar de espaldas a Él o negándole, se funda precisamente en Él?

Parece que la posibilidad de las tinieblas sólo es entendible a partir de la Luz. Sólo porque hay luz es dado que acontezca su carencia. Sin luz no habría tinieblas posibles.

La razón sirve, si es instrumento. En sí misma sólo nos entretiene; referida a cualquier cosa que no sea Dios, nos divierte. Parece legitimo pensar lo mismo de la filosofía, o para el caso, de cualquier ciencia o saber humano que quiera alcanzar algún cimiento sostenible desde el cual responder a las preguntas que el hombre en su horizonte se plantea. Parece que en última instancia no son los problemas la causa de nuestro asombro y de nuestra búsqueda, sino el misterio que al mostrársenos, según nuestra mirada los problemas siempre enmascaran. Por ende la búsqueda verdadera tiende a adentrarnos en Él. Más que respuestas, creo, queremos ser habitados en el misterio de la luz. Cosa que obviamente requiere antes de nuestra disposición que de nuestra acción.

La razón es al hombre como el sextante al navegante. Si el sextante no es utilizado tomando como referencia algún punto fijo distinto de él mismo, no sirve ni para determinar la posición de la nave ni para fijar el rumbo de la travesía. Tampoco es posible usar el sextante en lugar de la nave y mucho menos en lugar de la estrella polar. Cuando un marino se entretiene jugando con el sextante en su litera, no navega ni es marino: es un hombre entretenido. Y si al navegar se le ocurriera no referir su sextante a las estrellas que sirven de referencia, su nave ya no navega, y aunque lo parezca, en realidad el marino desvaría y su nave va a merced de las tormentas.

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